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lunes, 9 de febrero de 2026

Figura. Transporte activo

  

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La imagen representa de forma esquemática el transporte activo a través de la membrana celular, un proceso esencial para el funcionamiento de las células vivas. Se observa una bicapa lipídica atravesada por una proteína transportadora, cuya forma cambia durante el proceso. A diferencia del transporte pasivo, en este mecanismo las partículas no se mueven espontáneamente siguiendo su gradiente de concentración, sino que son desplazadas de manera dirigida. La presencia del símbolo ATP indica que este tipo de transporte requiere un gasto directo de energía, lo que permite a la célula controlar activamente qué sustancias entran o salen de su interior.

En la primera escena del esquema, la proteína transportadora aparece abierta hacia uno de los lados de la membrana, permitiendo la unión de una molécula específica. La energía liberada por la hidrólisis del ATP provoca un cambio conformacional en la proteína, es decir, una modificación en su forma tridimensional. Este cambio es fundamental, ya que impulsa a la molécula a atravesar la membrana incluso cuando la concentración es mayor en el lado de destino. De este modo, el transporte activo hace posible la acumulación de nutrientes, iones u otras sustancias esenciales dentro de la célula, algo que sería imposible mediante difusión simple.

En la segunda escena, la proteína adopta una nueva conformación y libera la molécula transportada al otro lado de la membrana, tras lo cual puede volver a su estado original para reiniciar el ciclo. Este proceso resalta una idea clave: el transporte activo cuesta energía en forma de ATP, pero a cambio ofrece a la célula la capacidad de mantener desequilibrios controlados en las concentraciones internas y externas. Gracias a este mecanismo, las células pueden sostener gradientes iónicos, absorber nutrientes escasos del entorno y regular su volumen y composición química. En conjunto, la imagen subraya que el gasto energético del transporte activo no es un desperdicio, sino una inversión indispensable para preservar el orden interno, la homeostasis y, en última instancia, la vida celular.

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