El oído medio de los mamíferos está formado por tres
pequeños huesos denominados martillo (malleus), yunque
(incus) y estribo (stapes). Estos
huesecillos transmiten las vibraciones desde la membrana timpánica hacia el
oído interno, amplificando la señal mecánica. El martillo se articula
directamente con el tímpano, el yunque actúa como pieza intermedia y el estribo
contacta con la ventana oval. El estribo es homólogo a la columela
(columella auris) de otros vertebrados no mamíferos, como reptiles, aves y
anfibios, donde existe un solo hueso transmisor. En términos evolutivos, el
martillo deriva del antiguo hueso articular y el yunque del cuadrado, mientras
que el estribo proviene del hiomandibular ancestral.
En muchos vertebrados no mamíferos, la membrana timpánica
está expuesta directamente en la superficie de la cabeza, funcionando como
parte del oído externo visible. Por ejemplo, en ranas y lagartos el tímpano es
claramente observable como un disco externo. En aves y reptiles la columela
conecta esa membrana superficial con el oído interno. En estos grupos, el oído
medio no está profundamente encerrado dentro del cráneo. En contraste, en los
mamíferos la membrana timpánica se encuentra retraída y protegida dentro
del conducto auditivo externo, reduciendo la exposición directa.
Además, los mamíferos desarrollaron un pabellón auricular
externo (pinna), estructura cartilaginosa que ayuda a dirigir y concentrar
las ondas sonoras hacia el canal auditivo. Esta innovación mejora la
localización espacial del sonido y la sensibilidad auditiva. Así, el oído medio
mamífero representa una reorganización profunda del sistema ancestral, donde
antiguos huesos mandibulares se integraron en un complejo aparato auditivo
altamente especializado y protegido.
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