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miércoles, 11 de febrero de 2026

Figura. Escorpiones peligrosos

 

Algunos escorpiones son reconocidos por la potencia de su veneno y su importancia médica en regiones áridas y tropicales. En el suroeste de Estados Unidos destacan Centruroides exilicauda (a), conocido como escorpión de corteza, y Vaejovis spinigerus (b), llamado escorpión de cola rayada. El primero pertenece a la familia Buthidae, grupo que concentra muchas de las especies más venenosas del mundo. Se caracteriza por un cuerpo esbelto y un metasoma delgado, rasgos asociados a especies con toxinas predominantemente neurotóxicas. En contraste, Vaejovis spinigerus, de la familia Vaejovidae, aunque puede provocar picaduras dolorosas, suele generar efectos sistémicos menos severos en personas sanas.

En el norte de África sobresale Androctonus australis (c), considerado uno de los escorpiones más peligrosos del planeta. Presenta pinzas relativamente finas y un aguijón robusto, adaptado para inocular toxinas potentes. Su veneno actúa sobre los canales iónicos del sistema nervioso, produciendo alteraciones cardiovasculares y respiratorias graves. También en África y Medio Oriente se encuentran especies de Buthus spp. (d) y Parabuthus spp. (e), cuyos miembros poseen relevancia médica regional. En estos géneros, la combinación de comportamiento defensivo, hábitats áridos y potencia tóxica aumenta el riesgo de envenenamiento humano.

En América del Sur, varias especies del género Tityus spp. (f) representan un problema importante de salud pública, especialmente por su capacidad de adaptarse a entornos urbanos. Muchas comparten un patrón morfológico característico: pinzas delgadas y una cola más desarrollada, lo que indica mayor dependencia del veneno para capturar presas. La toxicidad real de una picadura depende de factores como la especie, la cantidad de veneno inoculado, la edad de la víctima y la rapidez en la atención médica. Así, la peligrosidad no es uniforme, sino resultado de la interacción entre biología, ecología y contexto humano.

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