Aunque muchos anfibios modernos presentan dientes
pequeños, simples o incluso ausentes en la mandíbula inferior, esta
condición no refleja toda la historia evolutiva del grupo. En ranas actuales,
por ejemplo, los dientes suelen limitarse al maxilar superior y al vómer,
y en varios linajes han desaparecido por completo. Sin embargo, en algunas
salamandras como la salamandra tigre (Ambystoma tigrinum), se
observa una dentición más desarrollada, con dientes pedicelados
característicos: estructuras bicúspides unidas a la base por una zona fibrosa
que facilita su reemplazo. Estos dientes, aunque pequeños, cumplen una función
eficaz en la captura de presas blandas, como insectos y otros
invertebrados.
Si retrocedemos en el tiempo geológico, los ancestros de
los anfibios, incluidos grandes temnospóndilos y otros tetrapodomorfos
basales, poseían denticiones mucho más robustas. Grupos como los temnospóndilos
depredadores del Carbonífero y Pérmico exhibían cráneos macizos y hileras
de dientes cónicos afilados, adecuados para capturar peces y otros vertebrados.
Algunos alcanzaban tamaños considerables y actuaban como depredadores tope
en ecosistemas acuáticos y pantanosos, mucho antes de la radiación de los amniotas.
En estos linajes, la dentición no era reducida ni secundaria, sino una
herramienta central para la alimentación activa y la competencia ecológica.
Con la posterior diversificación de los amniotas
—reptiles, aves y mamíferos— muchos nichos depredadores fueron ocupados por
estos grupos mejor adaptados a ambientes terrestres secos. Paralelamente, los
anfibios modernos tendieron hacia cuerpos más pequeños y dietas especializadas,
lo que favoreció la reducción o simplificación dental. Así, la condición actual
de dientes diminutos no representa un rasgo primitivo, sino el resultado de una
evolución secundaria asociada a cambios ecológicos y fisiológicos dentro
del linaje anfibio.
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