En la parte central se representa el fenómeno óptico responsable del color. Un haz de luz blanca, procedente del Sol o de una lámpara, penetra en el estroma del iris. Las longitudes de onda cortas, correspondientes principalmente al azul, se dispersan en múltiples direcciones al chocar con las diminutas estructuras del tejido. En cambio, las longitudes de onda largas, como el rojo, naranja y amarillo, atraviesan el estroma con menor dispersión y son absorbidas en mayor proporción por la capa posterior rica en melanina. Como consecuencia, la luz azul es la que regresa con mayor intensidad hacia el observador, produciendo la apariencia característica de un iris azul. El personaje de John Tyndall recuerda que este fenómeno físico recibe el nombre de efecto Tyndall, en honor al científico que estudió la dispersión de la luz en medios con partículas microscópicas.
La parte inferior complementa la explicación mostrando que existen distintos tonos de iris, desde azul claro hasta gris o verdoso. El esquema indica que estas variaciones dependen principalmente de la cantidad de melanina presente en el epitelio posterior y de la densidad y organización de las fibras de colágeno del estroma. Cuando la melanina es escasa y la dispersión de la luz es intensa, predominan los tonos azules; al aumentar la melanina o modificarse la estructura del estroma aparecen colores más oscuros o verdosos. En conjunto, la ilustración demuestra que el color de los ojos surge de la combinación entre la estructura microscópica del iris y la dispersión selectiva de la luz, más que de la presencia de un pigmento azul propiamente dicho.
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