La herencia
discreta es una explicación de la transmisión de los caracteres
hereditarios según la cual determinadas diferencias entre los organismos
pueden conservarse a través de las generaciones. Esta idea permite comprender
por qué un rasgo aparentemente desaparecido en una generación puede
reaparecer posteriormente, sin que necesariamente haya sido destruido o
mezclado de manera irreversible con otro.
Durante el siglo
XIX, los investigadores conocían numerosos ejemplos de semejanzas familiares,
pero todavía no disponían de una explicación completa de los mecanismos de la herencia
biológica. Algunas características parecían combinarse entre los
progenitores, mientras que otras reaparecían después de permanecer ausentes
durante una generación. Estos resultados representaban un problema para
cualquier teoría que intentara explicar todos los fenómenos hereditarios
mediante una mezcla permanente de características.
Gregor Mendel investigó estas cuestiones mediante
cruzamientos controlados entre plantas de arveja, Pisum sativum. Su
procedimiento consistió en seleccionar caracteres contrastantes,
observar su transmisión y contar cuidadosamente los descendientes. En lugar de
limitarse a señalar que determinadas plantas se parecían a sus progenitores,
buscó establecer regularidades numéricas que permitieran describir los
resultados.
En determinados
experimentos encontró una proporción aproximada de tres descendientes con un
rasgo por cada uno con el rasgo alternativo. Este comportamiento fue
especialmente importante porque permitía formular una predicción para nuevas
generaciones. No obstante, la proporción observada podía presentar diferencias
respecto al valor teórico debido a las fluctuaciones aleatorias propias
de la reproducción (Abbott & Fairbanks, 2016).

Figura 1. [Cruzamiento
controlado de arvejas y primera generación filial]. Mendel realizó
cruzamientos controlados entre líneas puras de arveja (Pisum sativum). Mediante
emasculación floral, retiraba los estambres y transfería polen de otra planta
al estigma. Las semillas originaban la generación F1, cuyos individuos
presentaban un fenotipo dominante uniforme. El alelo recesivo permanecía oculto
y podía reaparecer en la generación F2 (Abbott & Fairbanks, 2016; Hellens
et al., 2010).
Actualmente
interpretamos estas regularidades mediante los conceptos de gen, alelo
y genotipo. Un gen es una región del material hereditario que puede
contribuir a una función biológica, mientras que los alelos son variantes de
una misma región genética. En determinados caracteres mendelianos, los
organismos diploides poseen dos alelos, uno procedente de cada progenitor.
Durante la formación de los gametos, estos alelos se segregan, de manera
que cada gameto recibe uno de ellos.
Sin embargo,
debemos evitar atribuir directamente esta explicación molecular a Mendel. Él no
conocía el ADN ni los mecanismos cromosómicos de la herencia. Sus conclusiones
procedían del análisis de las características observables y de las proporciones
obtenidas entre generaciones. La interpretación moderna de sus investigaciones
se desarrolló posteriormente, especialmente a partir de los avances de la
genética durante el siglo XX (Falk,
2006).
Para estudiar sus
resultados distinguiremos entre cantidad experimental y cantidad
teórica. La primera corresponde al número de organismos que realmente
presentan un rasgo, mientras que la segunda representa la cantidad esperada
según un modelo matemático. Por ejemplo, si un modelo predice que una cuarta
parte de los descendientes presentará determinado fenotipo, podemos comparar
esa expectativa con los conteos obtenidos después del cruzamiento.
La finalidad no
consiste en obligar a que ambas cantidades sean idénticas, sino en investigar
si las diferencias observadas son compatibles con el modelo hereditario
y con el tamaño de la muestra. Esta comparación constituye una parte
fundamental del pensamiento científico: formular explicaciones, obtener
predicciones y contrastarlas con los resultados experimentales.
Purificación de los linajes experimentales
Las poblaciones
naturales presentan numerosas diferencias entre sus individuos. Algunas
plantas producen flores de distintos colores, otras presentan semillas de
tamaños diferentes y muchas muestran variaciones en la longitud del tallo, la
forma de las hojas o la resistencia a las enfermedades. Esta diversidad
fenotípica depende de la información hereditaria, de las condiciones
ambientales y de las interacciones entre ambas.
Si intentáramos
estudiar simultáneamente todas estas características, resultaría difícil
identificar cuáles diferencias están relacionadas con cada mecanismo
hereditario. Por ello, Mendel necesitaba construir un sistema experimental
simplificado, en el que las características seleccionadas permanecieran
suficientemente estables para reconocer su transmisión.
El procedimiento
consistió en seleccionar linajes constantes, conocidos actualmente como líneas
puras. Un linaje puro para determinado carácter produce descendientes que
mantienen el rasgo estudiado cuando se reproducen bajo las condiciones
apropiadas. Por ejemplo, una línea pura de semillas verdes puede continuar
produciendo semillas verdes mediante generaciones sucesivas de autofecundación.
La palabra pureza
no significa que todos los genes de los individuos sean idénticos ni que las
plantas carezcan de variación. Su significado experimental es más limitado:
indica que los caracteres seleccionados permanecen constantes durante las
generaciones observadas. Una planta puede pertenecer a una línea pura para el
color de sus semillas y, al mismo tiempo, presentar variación hereditaria en
otras características.
En la explicación
genética moderna, la autofecundación repetida favorece el aumento de la homocigosis,
condición en la cual un individuo diploide posee dos alelos iguales para un
determinado gen. Cuando una planta es homocigota para un carácter controlado
por un solo gen, su descendencia puede presentar una distribución fenotípica
constante bajo los supuestos del modelo.
Por ejemplo, una
línea homocigota para una variante que produce flores púrpuras puede generar
descendientes púrpuras mediante autofecundación. De manera semejante, una línea
homocigota para una variante recesiva que impide desarrollar esa pigmentación
puede producir descendientes blancos. En un modelo mendeliano ideal,
estas reproducciones presentan una probabilidad teórica del 100 % de
conservar el fenotipo correspondiente.
Esta predicción es
determinista dentro del modelo porque conocemos las condiciones hereditarias
relevantes. Sin embargo, la certeza matemática no debe confundirse con una
garantía absoluta en todos los sistemas naturales. Las mutaciones, las
polinizaciones accidentales y determinadas alteraciones ambientales pueden
introducir excepciones.
La preparación de
las líneas puras fue una parte especialmente cuidadosa de las investigaciones.
Mendel obtuvo inicialmente 34 variedades de arveja y las estudió durante
dos años para comprobar la constancia de sus características. Posteriormente
seleccionó 22 variedades que consideró apropiadas para desarrollar sus
experimentos de cruzamiento (Abbott
& Fairbanks, 2016).
Esta selección no
eliminó toda la diversidad existente en la especie. Mendel eligió determinadas
variedades y rasgos contrastantes, dejando fuera otras diferencias que
habrían complicado las comparaciones. El objetivo era reducir las variables
relevantes, no transformar biológicamente las arvejas en organismos carentes de
complejidad.
La estrategia puede
comprenderse mediante una comparación entre tres situaciones. Una población
silvestre puede presentar numerosas variantes hereditarias y estar expuesta
a diferentes condiciones ambientales. Una variedad cultivada puede
mostrar características seleccionadas durante generaciones por los
agricultores. Finalmente, una línea experimental pura permite trabajar
con rasgos cuya transmisión resulta predecible bajo condiciones determinadas.
Esta comparación no significa que cada grupo posea necesariamente menos
diversidad genética total que el anterior.
Figura 1. Selección
de linajes experimentales a partir de poblaciones con variación fenotípica.
La simplificación
experimental constituye una herramienta fundamental de la ciencia. Un
investigador no necesita explicar simultáneamente todas las propiedades de un
organismo para estudiar correctamente una de ellas. Puede seleccionar algunas
variables, controlar otras y construir un modelo que describa un fenómeno
específico.
No obstante, las
conclusiones obtenidas bajo condiciones controladas deben interpretarse dentro
de sus límites. Un carácter cuya herencia se describe mediante un modelo
monohíbrido sencillo no representa necesariamente el comportamiento de
características controladas por numerosos genes. Precisamente por ello, el
trabajo mendeliano se convirtió en un punto de partida para investigar sistemas
hereditarios más complejos (Falk, 2006).
Procedimiento experimental
El procedimiento
experimental comenzaba con la selección de dos linajes parentales
estables que presentaran diferencias claramente reconocibles para el
carácter estudiado. Por ejemplo, Mendel podía seleccionar plantas que
produjeran semillas redondeadas y otras cuyas semillas fueran arrugadas. La
estabilidad de ambos linajes permitía conocer previamente los rasgos que debían
presentar sus descendientes mediante reproducción dentro de cada línea.
El siguiente paso
consistía en controlar la polinización, proceso por el cual el polen
llega hasta el estigma de una flor. En Pisum sativum, las flores
presentan estructuras reproductoras masculinas y femeninas, lo que facilita la autopolinización.
Esta característica resultaba útil para conservar los linajes puros, pero
también podía interferir cuando Mendel necesitaba cruzar plantas diferentes.

Figura 2. [Reducción
de la diversidad fenotípica mediante selección artificial]. La selección
artificial favorece determinados rasgos hereditarios y reduce la diversidad
fenotípica. En poblaciones naturales, las mutaciones generan nuevas variantes,
mientras que la selección puede eliminarlas. Mendel seleccionó líneas puras de
arveja (Pisum sativum) mediante autofecundación, aumentando la
homocigosis. Esto permitió construir modelos hereditarios sin considerar nuevas
mutaciones y predecir proporciones genéticas (Abbott & Fairbanks, 2016).
Para evitar la
autofecundación de las flores receptoras, abría cuidadosamente los botones
florales antes de que las anteras liberaran su polen. Después retiraba
los estambres, estructuras reproductoras masculinas formadas por
filamentos y anteras. Esta operación recibe el nombre de emasculación floral.
Una vez preparada
la flor, depositaba sobre su estigma el polen procedente de la planta
seleccionada como segundo progenitor. De este modo podía controlar qué
organismo aportaba los óvulos y cuál proporcionaba el polen. La
protección frente a otras fuentes de polen era indispensable para evitar
cruzamientos accidentales.
Mendel describió
este procedimiento en su investigación original, incluyendo la apertura de los
botones florales y la extracción cuidadosa de los estambres mediante pinzas. La
técnica requería precisión porque una manipulación excesiva podía dañar las delicadas
estructuras de la flor (Abbott & Fairbanks, 2016).
Los organismos
seleccionados para realizar el primer cruzamiento constituían la generación
parental, representada mediante la letra P. Las semillas resultantes del
cruzamiento podían utilizarse para producir plantas de la primera generación
filial, o F1.
El momento de
observar los rasgos dependía del carácter investigado. Algunas características
de las semillas podían reconocerse después de su formación, mientras que otras,
como la longitud del tallo o la posición de las flores, exigían esperar hasta
que las plantas descendientes se desarrollaran.
Mendel registraba
cuidadosamente las características de los híbridos F1. En determinados
cruzamientos observó que todos los descendientes manifestaban uno de los rasgos
parentales, mientras que el otro no era visible. Esta regularidad permitió
distinguir entre rasgos dominantes y rasgos recesivos.
Después permitía
que los híbridos F1 se autofecundaran, obteniendo una segunda generación
de descendientes. En esta generación F2 reaparecían algunos rasgos que
no habían sido visibles en la generación anterior. Mendel contaba los
individuos correspondientes a cada categoría y comparaba sus frecuencias.
En ciertos
experimentos también examinaba generaciones posteriores para determinar si los
individuos conservaban constantemente su fenotipo o podían producir
descendientes con diferentes rasgos. Este seguimiento resultó importante para
diferenciar las formas hereditarias que parecían semejantes en una generación.
Nomenclatura entre las generaciones
Los cruzamientos
genéticos necesitan una nomenclatura que permita distinguir a los
progenitores de sus descendientes y seguir la transmisión de los caracteres a
través del tiempo. Para ello utilizamos letras y números que identifican las
generaciones.
La generación
parental, representada mediante la letra P, está formada por los
organismos seleccionados para iniciar el experimento. En un cruzamiento entre
líneas puras, cada progenitor presenta de manera estable uno de los rasgos
contrastantes.
La primera
generación filial, denominada F1, corresponde a los descendientes
obtenidos directamente del cruzamiento parental. Cuando los progenitores
difieren en determinadas variantes hereditarias, estos descendientes pueden ser
híbridos para los caracteres considerados.
La segunda
generación filial, representada como F2, aparece cuando los
individuos de la F1 se reproducen. En los experimentos con arvejas, Mendel
podía obtener esta generación mediante autofecundación de las plantas
híbridas.
Si el experimento
continúa, se forman generaciones F3, F4 y posteriores. Esta
nomenclatura permite reconocer la procedencia de cada grupo y comparar sus
características hereditarias. Sin embargo, cada símbolo identifica una
generación dentro de un diseño experimental determinado, no necesariamente una
relación familiar equivalente a la de padres, hijos y nietos humanos.
Por ejemplo,
podemos cruzar una línea pura de flores púrpuras con otra de flores
blancas. Bajo un modelo de dominancia completa, todos los híbridos
F1 pueden presentar flores púrpuras. No obstante, cuando estos híbridos se
autofecundan, en F2 pueden aparecer nuevamente flores blancas.
En este ejemplo, la
reaparición del fenotipo recesivo muestra que su información hereditaria
no fue eliminada en los híbridos de la primera generación. La observación de
generaciones sucesivas permite investigar cómo se conservan y distribuyen las
diferencias hereditarias (Abbott & Fairbanks, 2016).
La nomenclatura
también facilita construir tablas de datos, representar frecuencias
fenotípicas y comparar las proporciones entre generaciones. Podemos
observar, por ejemplo, si una característica permanece constante o si comienza
a distribuirse entre diferentes categorías después de un cruzamiento.
Símbolos para los sexos
En biología se
utilizan los símbolos ♂ y ♀ para representar las funciones
reproductivas masculina y femenina de numerosos organismos. Estos signos poseen
una historia anterior al desarrollo de la genética y están relacionados con las
antiguas representaciones de los planetas Marte y Venus.
El símbolo ♂,
asociado históricamente con Marte, suele representar el sexo masculino. El
símbolo ♀, vinculado con Venus, se utiliza para
identificar el sexo femenino. Aunque estas representaciones poseen antecedentes
culturales y mitológicos, su función actual en la nomenclatura científica
es principalmente descriptiva.
La arveja presenta
una particularidad importante: sus flores son bisexuales, también
denominadas hermafroditas, porque contienen estructuras reproductoras
masculinas y femeninas dentro de una misma flor.
Los estambres
producen el polen, que contiene los gametofitos masculinos, mientras que el pistilo
comprende el estigma, el estilo y el ovario. Dentro de este último se
encuentran los óvulos, donde se desarrollan las estructuras que
contienen las células reproductoras femeninas.
Por tanto, cuando
utilizamos los símbolos ♂ y ♀ en un cruzamiento de arvejas, podemos
emplearlos para señalar la función reproductiva de cada progenitor. Uno
aporta el polen y otro recibe ese polen para que ocurra la fecundación. Esto no
significa que las plantas involucradas posean sexos separados.
Esta distinción
también permite comprender los cruzamientos recíprocos, en los que se
intercambian las funciones reproductivas de los progenitores. Si primero
utilizamos una planta púrpura como receptora de polen y una blanca como
donante, podemos repetir el experimento invirtiendo ambas funciones.
Mendel observó que,
para los caracteres investigados, la apariencia de los híbridos no cambiaba
significativamente al invertir el origen parental de los rasgos. Esta
regularidad fue importante para sus conclusiones, aunque actualmente conocemos
otros mecanismos hereditarios en los cuales el origen materno o paterno sí
puede influir en los resultados (Abbott
& Fairbanks, 2016).
Definición de cruce monohíbrido, dihíbrido y más allá
La hibridación
es el proceso mediante el cual se produce descendencia a partir de progenitores
que presentan diferencias hereditarias. En genética clásica, un híbrido
es un organismo que recibe variantes diferentes de los progenitores para uno o
varios caracteres estudiados.
Los cruzamientos
pueden clasificarse según el número de caracteres hereditarios que
deseamos investigar. Esta clasificación permite organizar el experimento y
elegir los procedimientos matemáticos apropiados.
El cruzamiento
monohíbrido estudia principalmente la transmisión de un carácter,
por ejemplo, el color de los cotiledones de las semillas. Podemos seleccionar
un linaje puro con cotiledones amarillos y otro con cotiledones verdes,
realizar un cruzamiento y observar las características de los descendientes.
Desde el punto de vista estadístico, trabajamos inicialmente con una variable
categórica cuyos resultados corresponden a los rasgos distinguibles.
Si el carácter está
determinado por un gen con dos alelos y existe dominancia completa, los
híbridos F1 pueden manifestar solamente el rasgo dominante. Al autofecundarlos,
sus descendientes F2 pueden presentar una proporción fenotípica teórica de
3:1. Esta predicción depende de condiciones específicas y no puede
aplicarse indiscriminadamente a todos los caracteres biológicos.
El cruzamiento
dihíbrido considera simultáneamente dos caracteres, como el color de
los cotiledones y la forma de las semillas. Este procedimiento permite
investigar qué combinaciones de rasgos aparecen y si los caracteres se
transmiten de manera independiente.
Bajo un modelo con
dos genes de segregación independiente, dominancia completa y
progenitores dihíbridos heterocigotos, la generación F2 puede presentar una proporción
fenotípica teórica de 9:3:3:1. Las cuatro categorías corresponden a las
distintas combinaciones observables de ambos caracteres.
El cruzamiento
trihíbrido estudia tres caracteres simultáneamente. Por ejemplo,
podemos considerar el color de los cotiledones, la forma de las semillas y la
longitud del tallo. Al incorporar una tercera variable, aumenta
considerablemente el número de combinaciones hereditarias posibles.
Esta complejidad
puede crecer rápidamente. Si analizamos tres caracteres que presentan dos
rasgos cada uno, podemos distinguir hasta ocho combinaciones fenotípicas
bajo una clasificación binaria. Sin embargo, las frecuencias de esas
combinaciones dependen de los genotipos parentales y de los mecanismos
hereditarios.
No todos los
caracteres presentan distribución independiente. Los genes situados
próximos en un mismo cromosoma pueden mostrar ligamiento genético,
mientras que algunas características dependen de la interacción entre numerosos
genes o de factores ambientales.
Por ello, los cruzamientos
monohíbridos constituyen un punto de partida especialmente útil. Permiten
comprender las relaciones hereditarias más sencillas antes de introducir
modelos con múltiples variables. Mendel también estudió combinaciones de varios
caracteres, demostrando que su investigación no se limitó a los casos
monohíbridos (Abbott & Fairbanks, 2016).
El modelo teórico general: obtención de hipótesis de trabajo
Durante el siglo
XIX existían diferentes explicaciones sobre la transmisión de las
características hereditarias. Algunas proponían que los rasgos de ambos
progenitores podían combinarse y producir descendientes con características
intermedias. Esta interpretación parecía razonable al observar organismos cuyo
aspecto se encontraba entre el de sus progenitores.
Podemos representar
esta idea mediante la analogía de dos recipientes de pintura. Si mezclamos
pintura blanca con pintura roja, obtenemos una tonalidad rosada. De manera
semejante, podríamos imaginar que una planta con flores blancas y otra
con flores púrpuras producirían descendientes cuyas flores presentaran
una tonalidad intermedia.
Este ejemplo
permite introducir un modelo de herencia por mezcla, según el cual las
características parentales se combinan de manera semejante a sustancias que
pierden su identidad original. Sin embargo, no debemos confundir esta
representación con todos los modelos hereditarios conocidos en tiempos de
Mendel. Los investigadores dedicados a la hibridación vegetal ya habían
identificado numerosos casos en los que los descendientes no presentaban formas
intermedias (Fairbanks & Abbott, 2016).
Para investigar
estas posibilidades necesitamos formular una hipótesis de trabajo, es
decir, una explicación provisional que permita establecer predicciones
contrastables mediante un experimento.
La condición
experimental consiste en utilizar dos linajes parentales puros que
presenten rasgos contrastantes para determinado carácter. Por ejemplo, podemos
seleccionar plantas con semillas redondeadas y plantas con semillas arrugadas,
comprobando previamente que cada linaje mantiene sus características mediante
reproducción controlada.
Como primera
explicación podemos considerar una hipótesis de mezcla: los
descendientes F1 presentarían un rasgo intermedio entre las características de
ambos progenitores. Esta hipótesis permite formular una expectativa que puede
comprobarse observando la primera generación.
Una hipótesis
alternativa propone que los descendientes F1 presentarán uno de los rasgos
parentales sin manifestar una forma intermedia. Si esto ocurre, debemos
investigar qué sucede con el otro rasgo y si puede reaparecer en generaciones
posteriores.
Debemos precisar
que estas hipótesis representan una reconstrucción didáctica destinada a
comprender el problema histórico. No son una transcripción literal de las
hipótesis formuladas por Mendel. Además, en estadística, la expresión hipótesis
nula posee un significado más específico: corresponde a una afirmación
sobre un modelo probabilístico que puede someterse a una prueba estadística.
La observación de
la generación F1 permite identificar qué características presentan los
primeros híbridos, pero no necesariamente explica cómo se transmiten todos los
factores hereditarios. Para avanzar necesitamos estudiar la generación F2,
donde pueden reaparecer rasgos que no eran visibles en los híbridos anteriores.
Si observamos que
un rasgo desaparece visualmente en F1, pero reaparece en F2 mediante una proporción
numérica reconocible, obtenemos evidencia de que las diferencias
hereditarias pueden conservarse sin manifestarse en todos los individuos.
Por ejemplo, bajo
determinadas condiciones, el cruzamiento entre dos líneas puras contrastantes
produce híbridos F1 que expresan exclusivamente el fenotipo dominante.
Cuando estos híbridos se autofecundan, los descendientes F2 pueden presentar
aproximadamente tres individuos dominantes por cada individuo recesivo.
La diferencia entre
proporción teórica y frecuencia experimental es fundamental para
interpretar estos resultados. Una proporción esperada de 3:1 no significa que
cada grupo de cuatro semillas deba contener exactamente tres de un tipo y una
del otro. Los resultados individuales presentan variación aleatoria, aunque al
aumentar el número de observaciones las frecuencias pueden aproximarse a las
expectativas del modelo.
El procedimiento
mendeliano permitió establecer conexiones entre diseño experimental, observación
biológica, conteo de descendientes y predicción matemática.
Estas relaciones contribuyeron posteriormente al desarrollo de la genética como
disciplina científica (Falk, 2006; Abbott
& Fairbanks, 2016).
Figura 5.
Comparación experimental entre un modelo de herencia por mezcla y un modelo de
transmisión discreta de caracteres.
Referencias bibliográficas
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