En varios puntos del eje aparecen numerosas raíces adventicias, delgadas y ramificadas, que nacen desde los nudos del tallo subterráneo. Estas raíces aumentan el contacto con el suelo, mejoran la absorción de agua y minerales, y ayudan a fijar la planta en distintos puntos, no solo en una base central. También se aprecian brotes verticales que surgen desde algunas regiones del rizoma, lo que indica que cada sección puede actuar como un centro de crecimiento relativamente autónomo.
La imagen permite comprender por qué los rizomas son tan útiles para plantas persistentes. Si un brote aéreo se rompe, se seca o es consumido, otras partes del sistema pueden seguir vivas y producir nuevos tallos. Además, el eje horizontal puede almacenar reservas y distribuir recursos entre zonas jóvenes y maduras. Desde el punto de vista del sistema esquelético vegetal, el rizoma no levanta una copa como un tronco, pero sí organiza, conecta, ancla y sostiene el crecimiento de muchos brotes. Su fuerza está en extender la planta de manera silenciosa, resistente y subterránea.
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