El recuadro superior derecho amplía la pared corporal. Allí aparecen los óstios, pequeños poros de entrada del agua; los pinacocitos, células aplanadas que forman la cubierta externa; el mesohilo, una matriz semifluida interna; los amebocitos, células móviles que transportan nutrientes y participan en reparación; y las espículas de sílice, estructuras rígidas que funcionan como soporte y defensa. Estas espículas no forman huesos, pero sí actúan como un esqueleto mineral, manteniendo la forma del cuerpo y evitando que la esponja colapse mientras filtra agua.
Abajo se observa un coanocito, célula clave en la alimentación de las esponjas. Posee un flagelo, que mueve el agua, y un collar de microvellosidades, que retiene partículas microscópicas de alimento. Luego, esas partículas pueden ser transferidas a otras células para su digestión y distribución. La imagen permite entender que una esponja no necesita órganos complejos para sobrevivir: su cuerpo entero funciona como un sistema de filtración, sostén y circulación. Su aparente sencillez es, en realidad, una organización celular eficiente, donde cada estructura contribuye a la alimentación, protección, fijación y supervivencia del animal.
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