El soporte principal de estos animales sigue siendo un esqueleto hidrostático. La presión del fluido corporal dentro del celoma, combinada con músculos circulares y longitudinales, mantiene la forma del cuerpo y permite contraer segmentos de manera coordinada. Las quetas funcionan como puntos de anclaje temporales: cuando una región se fija al sedimento, otra puede alargarse o contraerse para avanzar. En muchas especies marinas, los parapodios también aumentan superficie para intercambio gaseoso, natación o contacto sensorial, convirtiendo cada segmento en una unidad funcional parcialmente repetida, útil para arrastrarse, enterrarse, nadar o sostenerse dentro de tubos.
Aunque carecen de huesos, muchos poliquetos pueden endurecer partes específicas del cuerpo. Algunas especies desarrollan mandíbulas, placas bucales o estructuras de captura reforzadas con quitina, proteínas endurecidas, minerales o metales como zinc y cobre. Estas piezas permiten morder, raspar, perforar presas o defenderse. Así, un gusano aparentemente blando combina tres estrategias: presión interna para sostén, quetas para anclaje y movimiento, y regiones endurecidas para alimentación o defensa. Esta combinación explica por qué los poliquetos pueden vivir en tubos, arenas, rocas, arrecifes, sedimentos profundos y ambientes marinos muy competitivos, usando soluciones esqueléticas distintas sin desarrollar patas verdaderas ni un esqueleto óseo completo, pero con gran precisión funcional en cada segmento corporal, según su modo de vida particular.
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