En otros gastrópodos aparecen colores intensos y contrastantes que pueden funcionar como señales de advertencia. Este fenómeno se denomina aposematismo y comunica que el organismo posee defensas eficaces, como toxinas, venenos, sustancias desagradables, espinas o tejidos poco palatables. Los depredadores pueden aprender a asociar ciertos colores con experiencias negativas y evitar posteriormente animales con patrones similares. Sin embargo, una concha brillante no demuestra por sí sola que el portador sea venenoso: algunos colores cumplen funciones de reconocimiento, protección frente a radiación o simplemente resultan de la pigmentación durante el crecimiento.
La relación entre coloración y defensa también favorece fenómenos de mimetismo. Una especie inofensiva puede parecerse a otra tóxica mediante mimetismo batesiano, mientras varias especies realmente defendidas pueden compartir patrones mediante mimetismo mülleriano. En los gastrópodos con concha, la pigmentación queda incorporada progresivamente durante la secreción del manto, formando dibujos que registran el crecimiento. Así, la superficie externa funciona simultáneamente como estructura protectora y como señal ecológica. La selección natural puede favorecer tanto la discreción extrema como la exhibición llamativa, dependiendo de si resulta más ventajoso pasar inadvertido o advertir claramente a los depredadores de que atacar al animal puede tener consecuencias. Ambas estrategias pueden coexistir incluso entre especies emparentadas de un mismo hábitat.
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