El escólex complejo de Myzophyllobothrium muestra otra estrategia de adhesión. En lugar de un rostro armado simple, presenta estructuras amplias en forma de hoja, llamadas botridios o ventosas laminares. Estas superficies aumentan el área de contacto con el tejido del huésped y permiten una fijación más extensa. Además, el myzorhynchus puede funcionar como órgano anterior protrusible o almohadilla adhesiva. Aunque el cuerpo de la tenia es blando y alargado, estas piezas especializadas convierten su extremo anterior en un sistema de sujeción muy eficiente.
El tercer escólex, más simple y translúcido, conserva ventosas visibles pero carece de estructuras tan llamativas como un rostelo armado. Esta variedad demuestra que los céstodos no tienen un único modelo de fijación. Algunos usan ganchos, otros ventosas redondeadas, otros botridios en forma de hoja y otros combinaciones de varios elementos. Como carecen de sistema digestivo completo, dependen del tegumento para absorber nutrientes; por eso permanecer adheridos es vital. El escólex funciona como una adaptación esquelética local: pequeño, resistente y especializado para vivir dentro de otro organismo.
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