En la región facial aparecen el hueso cigomático, que forma el relieve de la mejilla y parte de la órbita, y el maxilar, que sostiene los dientes superiores y participa en la cavidad nasal y el paladar. Más profundamente se encuentra el esfenoides, un hueso complejo que conecta múltiples regiones del cráneo y contribuye a la base craneal y a la órbita. La organización de estos huesos crea una estructura ligera pero resistente, capaz de combinar protección, soporte, inserción muscular y alojamiento de órganos sensoriales sin formar una masa ósea completamente sólida.
La mandíbula constituye el principal hueso móvil del cráneo y se articula con el temporal mediante la articulación temporomandibular. Su cóndilo mandibular encaja en la región articular del temporal, permitiendo apertura, cierre y movimientos laterales durante la masticación. La apófisis coronoides sirve como punto de inserción para músculos masticadores, mientras la rama mandibular conecta la región posterior con el cuerpo de la mandíbula. Cerca de esta articulación se encuentra el conducto auditivo externo, integrado en el hueso temporal. La disposición conjunta de cráneo y mandíbula permite proteger el sistema nervioso y, simultáneamente, realizar funciones como alimentación, fonación, audición, visión y expresión facial.
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