En las medusas, la mesoglea es especialmente importante porque actúa como un material flexible, ligero y acuoso. Gracias a ella, el animal mantiene su forma mientras flota y se desplaza en el agua. Cuando la campana se contrae, expulsa agua y produce movimiento; cuando se relaja, la mesoglea ayuda a recuperar la forma original. Por eso, el esqueleto hidrostático de la medusa depende de la combinación entre agua, presión interna, tejidos elásticos y esta capa gelatinosa abundante. Sin mesoglea, el cuerpo sería demasiado débil para sostenerse como una campana funcional.
En los pólipos, como Hydra vulgaris, la mesoglea existe, pero ocupa menos volumen y no domina el cuerpo. El pólipo suele vivir fijo al sustrato, con tentáculos dirigidos hacia arriba, por lo que su soporte depende más del anclaje, la presión interna y la pared corporal. En otros pólipos, especialmente los antozoos, puede aparecer un exoesqueleto duro de carbonato de calcio, como ocurre en los corales. Por eso, la imagen enseña que una misma capa corporal puede tener diferente importancia según el modo de vida: esencial en medusas libres y secundaria en muchos pólipos fijos.
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