A la derecha superior se representa el meristemo apical del tallo, responsable de formar hojas, ramas y flores. Sus capas celulares aparecen diferenciadas como L1, L2 y L3. En el centro se observan la zona central, la zona periférica, la zona rib y el centro organizador. Estas regiones mantienen células madre vegetales y regulan cuándo algunas células permanecen indiferenciadas y cuándo otras comienzan a transformarse en tejidos. La señalización de corto alcance permite que células vecinas coordinen división, identidad y posición, evitando un crecimiento desordenado. Por eso, cada capa conserva funciones precisas dentro del brote joven.
A la derecha inferior aparece el meristemo de la raíz, con tejidos organizados en columnas. Se distinguen la epidermis, el córtex, la endodermis, el tejido vascular, la cofia radical, la columela y el centro quiescente. Este centro ayuda a conservar células madre y a reparar daños. La raíz crece hacia el suelo, absorbe agua y minerales, y protege su punta mediante la cofia. En conjunto, la figura enseña que los meristemos funcionan como centros de construcción corporal: producen nuevas células, organizan tejidos y responden a señales internas y externas para sostener el desarrollo vegetal. Sin esta comunicación, la planta perdería coordinación entre forma, función y ambiente, aéreo y subterráneo.
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