La dureza del tejido óseo depende de una matriz compuesta. Las fibras de colágeno aportan cierta flexibilidad y resistencia a la tensión, mientras los cristales de hidroxiapatita de calcio, ricos en fosfato y calcio, aportan rigidez y resistencia a la compresión. Si el hueso tuviera solo mineral, sería demasiado quebradizo; si tuviera solo colágeno, sería demasiado blando. Además, el esqueleto participa en el equilibrio del calcio sanguíneo: cuando el cuerpo necesita calcio, puede retirarlo del hueso; cuando hay exceso, puede depositarlo nuevamente como hidroxiapatita.
En animales como los rinocerontes lanudos, el esqueleto revela una vida de gran masa corporal, marcha terrestre, cuello robusto, costillas amplias y cráneo poderoso. Sus huesos sostienen músculos grandes, protegen órganos internos y permiten reconstruir postura, movimiento y relaciones evolutivas. Sin embargo, el cuerno de los rinocerontes no es hueso verdadero, sino principalmente queratina, como uñas o pelo compactado; por eso fosiliza peor que el cráneo. Así, el esqueleto fósil conserva la arquitectura principal del animal, pero no toda su anatomía blanda o externa.
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