En otros diagramas aparecen los arcos branquiales porque forman parte del esqueleto visceral, una serie de soportes cartilaginosos que sostienen las branquias y participan en la ventilación. Si aquí no se muestran, no significa que el animal carezca de ellos, sino que la ilustración decidió simplificar o aislar el esqueleto axial y apendicular. En tiburones, esos arcos son importantes porque mantienen abiertas las cámaras branquiales, dirigen el flujo de agua y ayudan al intercambio de oxígeno y dióxido de carbono. Las mandíbulas derivan evolutivamente de arcos anteriores modificados, lo que conecta alimentación, respiración y esqueleto.
Los dientes son las partes más duras y fosilizables de muchos tiburones, aunque no son huesos verdaderos, sino estructuras mineralizadas con dentina y esmalte. Por eso abundan en el registro fósil. Si el tronco parece sostenido apenas por una espina, hay que recordar que también actúan músculos, piel resistente, tejido conectivo, cartílago, aletas y presión corporal. El cráneo protege el encéfalo y órganos sensoriales; la columna organiza el eje corporal; y las masas musculares sostienen vísceras, impulsan la natación y dan forma funcional al cuerpo. Así, el esqueleto cartilaginoso no es incompleto: es menos visible, menos fosilizable y biológicamente distinto.
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