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miércoles, 24 de junio de 2026

Figura. Mapaná

 Bothrops asper, conocida en Colombia como mapaná, talla X, cuatro narices o terciopelo, es una serpiente venenosa de la familia Viperidae. Su clasificación taxonómica básica es: reino Animalia, filo Chordata, clase Reptilia, orden Squamata, suborden Serpentes, familia Viperidae, subfamilia Crotalinae, género Bothrops y especie Bothrops asper. El nombre Bothrops alude a las fosetas loreales, órganos sensibles al calor ubicados entre el ojo y la narina, útiles para detectar presas endotérmicas; asper significa “áspero”, en referencia a su aspecto escamado. Es una serpiente de cuerpo robusto, cabeza triangular, hábitos principalmente nocturnos y veneno potente, responsable de muchos accidentes ofídicos en Colombia. (serpientes.ins.gov.co)

En los ecosistemas, Bothrops asper actúa como depredador de pequeños mamíferos, aves, anfibios, lagartos y otros animales, por lo que ayuda a regular poblaciones de roedores y otros vertebrados. También puede ser presa de aves rapaces, mamíferos carnívoros y algunas serpientes ofiófagas. Su relación con el ser humano es conflictiva porque puede vivir cerca de caminos, potreros, bordes de bosque, cultivos y áreas rurales o periurbanas, donde aumentan los encuentros accidentales. En Colombia se distribuye sobre todo en la región transandina: Chocó biogeográfico, costa Pacífica, isla Gorgona, región Caribe, valles interandinos de los ríos Cauca y Magdalena, y zonas andinas bajas hasta cerca de 1800 m de altitud. Prefiere ambientes húmedos, aunque también aparece en bosques secos asociados a riberas, vegetación secundaria y cuerpos de agua. (serpientes.ins.gov.co)

Los riesgos para la especie combinan factores ambientales y socioeconómicos. La deforestación, ganadería extensiva, agricultura, minería, carreteras, incendios, contaminación y expansión urbana reducen o fragmentan sus hábitats. Sin embargo, también tolera ambientes intervenidos, lo que la acerca a fincas, caminos y viviendas. Allí surge otro riesgo: muchas personas la matan por miedo, por accidentes previos o por falta de educación ambiental. La pobreza rural, el trabajo agrícola sin protección, la distancia a hospitales y el acceso desigual al suero antiofídico aumentan el conflicto entre comunidades humanas y serpientes. Conservarla exige proteger bosques y corredores, pero también mejorar prevención, salud rural y convivencia con fauna venenosa.

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