En los ecosistemas, Bothrops asper actúa como depredador de pequeños mamíferos, aves, anfibios, lagartos y otros animales, por lo que ayuda a regular poblaciones de roedores y otros vertebrados. También puede ser presa de aves rapaces, mamíferos carnívoros y algunas serpientes ofiófagas. Su relación con el ser humano es conflictiva porque puede vivir cerca de caminos, potreros, bordes de bosque, cultivos y áreas rurales o periurbanas, donde aumentan los encuentros accidentales. En Colombia se distribuye sobre todo en la región transandina: Chocó biogeográfico, costa Pacífica, isla Gorgona, región Caribe, valles interandinos de los ríos Cauca y Magdalena, y zonas andinas bajas hasta cerca de 1800 m de altitud. Prefiere ambientes húmedos, aunque también aparece en bosques secos asociados a riberas, vegetación secundaria y cuerpos de agua. (serpientes.ins.gov.co)
Los riesgos para la especie combinan factores ambientales y socioeconómicos. La deforestación, ganadería extensiva, agricultura, minería, carreteras, incendios, contaminación y expansión urbana reducen o fragmentan sus hábitats. Sin embargo, también tolera ambientes intervenidos, lo que la acerca a fincas, caminos y viviendas. Allí surge otro riesgo: muchas personas la matan por miedo, por accidentes previos o por falta de educación ambiental. La pobreza rural, el trabajo agrícola sin protección, la distancia a hospitales y el acceso desigual al suero antiofídico aumentan el conflicto entre comunidades humanas y serpientes. Conservarla exige proteger bosques y corredores, pero también mejorar prevención, salud rural y convivencia con fauna venenosa.
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