En aves acuáticas y mamíferos acuáticos, esta reserva es fundamental porque, al bucear, el animal deja de ventilar. Además, a cierta profundidad, la presión externa puede comprimir los pulmones y reducir su papel como depósito útil de aire. En focas, ballenas, delfines, nutrias marinas, pingüinos y otros buceadores, la supervivencia bajo el agua no depende solo del aire pulmonar, sino de tres almacenes principales: el oxígeno de los pulmones, el oxígeno unido a la hemoglobina en la sangre y el oxígeno unido a la mioglobina en los músculos. Por eso, especies muy buceadoras suelen tener músculos oscuros, ricos en mioglobina.
Durante la inmersión, el cuerpo activa una respuesta de ahorro: baja la frecuencia cardíaca, reduce el flujo hacia tejidos menos urgentes y prioriza órganos vitales como cerebro y corazón. Mientras tanto, los músculos pueden seguir trabajando usando el oxígeno guardado en la mioglobina, sin depender inmediatamente de una nueva respiración. Esto permite nadar, perseguir presas o permanecer oculto incluso cuando los pulmones ya están comprimidos o no pueden aportar oxígeno fresco. Así, la mioglobina no reemplaza a los pulmones, pero extiende enormemente la autonomía bajo el agua.
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