Durante la primera inspiración, el aire fresco entra por la tráquea y se dirige principalmente hacia los sacos aéreos posteriores. Al mismo tiempo, parte del aire que ya estaba en los pulmones puede desplazarse hacia los sacos anteriores. En la primera espiración, los sacos posteriores se comprimen y empujan ese aire fresco a través de los parabronquios pulmonares. Allí, mientras el aire avanza por conductos finos, los capilares sanguíneos captan oxígeno y liberan dióxido de carbono. Lo importante es que el pulmón no se infla y desinfla como una bolsa simple: el flujo se mantiene organizado por el movimiento alternado de los sacos.
En la segunda inspiración, el aire que ya atravesó los pulmones pasa hacia los sacos aéreos anteriores, mientras entra una nueva carga de aire fresco hacia los sacos posteriores. Finalmente, durante la segunda espiración, los sacos anteriores expulsan el aire usado hacia el exterior, y los posteriores vuelven a empujar aire fresco por el pulmón. Así, una misma masa de aire necesita dos ciclos ventilatorios para entrar, cruzar el pulmón y salir. Este diseño es muy eficiente porque mantiene los parabronquios ventilados con aire rico en oxígeno, favoreciendo el vuelo, la actividad intensa y la vida en grandes alturas.
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