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viernes, 26 de junio de 2026

Figura. Cámara hiperbárica

Una cabina de descompresión, también llamada cámara hiperbárica o de recompresión en contexto médico, es un dispositivo cerrado que permite controlar la presión del aire alrededor del paciente. Se usa principalmente para tratar la enfermedad por descompresión, frecuente en buzos que ascienden demasiado rápido después de estar sometidos a alta presión bajo el agua. Durante una inmersión profunda, el nitrógeno del aire respirado se disuelve en la sangre y en los tejidos. Si el ascenso es brusco, la presión disminuye rápidamente y ese nitrógeno puede formar burbujas, como ocurre al destapar una bebida gaseosa.

Estas burbujas de nitrógeno son peligrosas porque pueden obstruir vasos sanguíneos, irritar tejidos y alterar el funcionamiento de órganos vitales. Por eso, las cabinas de descompresión son indispensables para evitar que las burbujas de nitrógeno se acumulen en los pulmones o el sistema nervioso. Si llegan a la médula espinal o al cerebro, pueden causar dolor, debilidad, entumecimiento, vértigo, pérdida de coordinación, dificultad respiratoria o alteraciones de conciencia. También pueden afectar articulaciones, piel y circulación general. No se trata solo de “dolor por presión”, sino de una alteración física de los gases dentro del cuerpo.

El tratamiento consiste en aumentar la presión de forma controlada dentro de la cámara. Al elevar la presión, las burbujas se comprimen, se hacen más pequeñas y parte del nitrógeno vuelve a disolverse en la sangre. Luego, la presión se reduce lentamente para que el gas pueda eliminarse por la respiración sin formar nuevas burbujas. Este proceso debe ser supervisado por profesionales, porque requiere tiempos, presiones y concentraciones de oxígeno adecuados. Así, la cámara ayuda a estabilizar los gases corporales, protege pulmones y sistema nervioso, y disminuye el riesgo de daño permanente.

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