Las flores también derivan evolutivamente de hojas modificadas, pero su función principal no es la fotosíntesis, sino la reproducción. Sus piezas, como sépalos, pétalos, estambres y carpelos, son estructuras foliares transformadas. Los sépalos suelen conservar color verde y pueden fotosintetizar parcialmente, mientras los pétalos presentan pigmentos como antocianinas, carotenoides o betalaínas, que atraen polinizadores mediante colores, patrones y señales químicas. Aunque algunas flores pueden intercambiar gases y respirar intensamente, sobre todo durante la formación de gametos, néctar o aromas, no reemplazan el papel fotosintético de las hojas.
En plantas de gran tamaño, el reparto entre tejido vivo y tejido de soporte es fundamental. En árboles leñosos típicos, gran parte del interior del tronco puede convertirse en duramen, tejido muerto que da soporte mecánico, mientras las capas externas mantienen floema, cambium, corteza viva y xilema funcional. En palmas como la palma de cera, Ceroxylon quindiuense, la organización es distinta porque no forman madera secundaria típica; aun así, sus tejidos conductores y vivos son muy vulnerables a lesiones. Por eso no se recomienda herir troncos, arrancar corteza, clavar objetos o hacer cortes: las heridas facilitan entrada de hongos, bacterias, insectos y pudrición, comprometiendo transporte, soporte y supervivencia.
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