Con el tiempo, esta visión cambió porque se hizo evidente que no todas las calorías tienen el mismo efecto en el metabolismo. Cien calorías provenientes de una bebida azucarada no se comportan igual que cien calorías provenientes de legumbres, frutas enteras o frutos secos. La nutrición actual presta más atención a la calidad del alimento, el grado de procesamiento, la presencia de fibra, el tipo de grasa, la cantidad de azúcares añadidos, el contenido de sal y la relación del alimento con la microbiota intestinal. Por eso muchas guías modernas prefieren hablar de patrones alimentarios y no solo de porciones rígidas.
Actualmente se considera más saludable basar la alimentación diaria en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, agua, proteínas de buena calidad y grasas saludables, reduciendo el consumo de ultraprocesados, bebidas azucaradas, exceso de sal y grasas de mala calidad. Algunas propuestas incluso han reemplazado la pirámide por el “plato saludable”, porque es más fácil visualizar una comida real: mitad del plato con vegetales y frutas, una parte con proteínas, otra con carbohidratos integrales y una pequeña cantidad de lípidos saludables. Así, la pirámide nutricional debe entenderse como una herramienta educativa cambiante, no como una ley fija.
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