En 1930 contrajo matrimonio con Joseph Edward Mayer y emigró a Estados Unidos. Allí enfrentó numerosas dificultades para acceder a puestos académicos debido a las restricciones de género de la época. Aun así, continuó investigando temas relacionados con el átomo, el núcleo y la estructura electrónica en instituciones como la Universidad de Chicago y la Universidad de Columbia. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en investigaciones vinculadas al proyecto Manhattan y profundizó en el estudio de las propiedades nucleares. Sus trabajos ayudaron a comprender mejor la estabilidad de los elementos y la organización interna de protones y neutrones dentro del núcleo atómico.
El mayor aporte de Maria Goeppert Mayer fue el desarrollo del modelo de capas nucleares, elaborado simultáneamente por J. Hans D. Jensen. Este modelo proponía que protones y neutrones se distribuyen en niveles energéticos discretos, semejantes a las capas electrónicas. Gracias a esta teoría se logró explicar la estabilidad de numerosos núcleos y comprender mejor conceptos relacionados con el isótopo, la radiactividad y la energía nuclear. En 1963 recibió el Premio Nobel de Física, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en alcanzar este reconocimiento y dejando un legado fundamental para la física y la química modernas.
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