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jueves, 7 de mayo de 2026

Figura. Maniobra de Heimlich

La epiglotis es una lámina de cartílago elástico situada sobre la entrada de la laringe. Durante la deglución, la lengua impulsa el bolo hacia la faringe, el hioides y la laringe se elevan, y la epiglotis ayuda a desviar el alimento hacia el esófago, evitando que entre en la tráquea. Sin embargo, este sistema puede fallar porque la garganta es una zona de cruce entre vía digestiva y vía respiratoria. Si una persona habla, ríe, respira bruscamente o traga mal mientras come, un fragmento puede dirigirse hacia la glotis en lugar de seguir al esófago.

Cuando el alimento entra parcialmente en la laringe, los receptores de la mucosa laríngea activan el reflejo de tos, que expulsa aire con fuerza para intentar desalojarlo. El problema grave aparece cuando el objeto bloquea completamente la vía aérea: la persona no puede respirar, hablar ni toser con eficacia. En ese caso, el oxígeno deja de llegar a los pulmones y al encéfalo, por lo que el atragantamiento se convierte en una emergencia. Mayo Clinic indica que, si una persona se atraganta y no puede respirar, otra persona debe pedir ayuda mientras se aplican primeros auxilios; si queda inconsciente, debe iniciarse RCP.

La maniobra de Heimlich, o compresiones abdominales, busca crear una presión brusca desde abajo: al comprimir el abdomen hacia adentro y arriba, el diafragma empuja los pulmones, y el aire residual sale por la tráquea como una ráfaga capaz de expulsar el objeto. Actualmente, la Cruz Roja recomienda combinar hasta cinco golpes en la espalda con hasta cinco compresiones abdominales, repitiendo el ciclo si la obstrucción continúa.

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