La relación con los bosques actuales debe entenderse con cuidado. Los bosques, como la Amazonia o las selvas africanas, producen grandes cantidades de oxígeno mediante fotosíntesis, pero también consumen mucho por respiración de plantas, animales, hongos y bacterias descomponedoras. Por eso, en balance anual, un bosque maduro no necesariamente aumenta mucho el oxígeno atmosférico neto; más bien funciona como un gran regulador de carbono, agua, temperatura, humedad y biodiversidad. Una parte importante del oxígeno planetario actual depende también de organismos fotosintéticos acuáticos, incluidas cianobacterias, algas y fitoplancton marino.
La conexión amazónica-africana muestra que los ecosistemas no funcionan aislados. Polvo mineral del Sahara y regiones africanas cruza el Atlántico impulsado por vientos, llevando fósforo, hierro y otros nutrientes hacia la Amazonia. Estos nutrientes compensan parcialmente la pérdida de minerales por lluvias intensas y suelos lavados. A su vez, el Atlántico tropical, los vientos alisios, la humedad amazónica y los microorganismos fotosintéticos marinos forman una red biogeoquímica donde atmósfera, océano, bacterias y bosques interactúan. Así, las cianobacterias no solo pertenecen al pasado: siguen participando en el clima, los ciclos químicos y la productividad global.
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