Algunas escuelas han tendido a presentar la economía como una ciencia cercana a las ciencias naturales. La economía neoclásica, por ejemplo, usa modelos de equilibrio, agentes racionales, curvas de oferta y demanda, y maximización de utilidad, dando la impresión de que los mercados obedecen leyes impersonales semejantes a la gravedad. En esta línea, ciertas versiones del liberalismo económico interpretan fenómenos como precios, salarios o desempleo como resultados casi automáticos de fuerzas de mercado. También la econometría y algunos enfoques macroeconómicos modernos buscan predicción cuantitativa, reforzando esa apariencia de ciencia exacta.
Otras corrientes critican esa pretensión. La economía marxista señala que los mercados no son neutrales, sino estructuras históricas atravesadas por clases sociales, propiedad y explotación. La economía keynesiana cuestiona que los mercados se autorregulen siempre y destaca el papel del Estado frente a crisis y desempleo. La economía institucionalista insiste en que las reglas, costumbres y leyes moldean los resultados económicos. Más recientemente, la economía conductual ha mostrado que las personas no siempre actúan racionalmente, sino bajo sesgos, emociones y límites cognitivos. Así, la economía oscila entre dos polos: quienes la presentan como un sistema de leyes casi naturales y quienes la entienden como una ciencia social histórica, política y discutible.
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