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miércoles, 4 de marzo de 2026

Figura. Faringe en los peces


 En los peces, a diferencia de los tetrápodos terrestres, la faringe no es simplemente un conducto de paso entre la boca y el esófago, sino que funciona como la región donde se localiza el tejido ventilatorio principal: las branquias. Estas estructuras se sitúan sobre los arcos branquiales, una serie de soportes esqueléticos derivados de los arcos faríngeos ancestrales. Cada arco sostiene filamentos branquiales formados por láminas delgadas altamente irrigadas. El agua entra por la boca, atraviesa la cavidad bucofaríngea y pasa sobre las superficies branquiales antes de salir por las hendiduras branquiales o por debajo del opérculo en peces óseos. Durante este proceso, la faringe actúa como una cámara de ventilación en la que el agua es dirigida continuamente hacia las superficies respiratorias.

Las branquias están compuestas por un epitelio extremadamente delgado, húmedo y fuertemente vascularizado, condición necesaria para el intercambio eficiente de gases. Este epitelio está cubierto por una capa de mucosidad especializada, que mantiene la superficie húmeda y ayuda a proteger los tejidos frente a partículas o microorganismos presentes en el agua. La mucosidad también contiene compuestos con propiedades surfactantes. Un surfactante es una sustancia que reduce la tensión superficial entre dos fases, facilitando el contacto entre ellas y permitiendo que el intercambio gaseoso ocurra con mayor eficiencia. En el caso de las branquias, esta reducción de tensión favorece la difusión de oxígeno disuelto en el agua hacia la sangre que circula por los capilares branquiales.

El flujo de gases ocurre siguiendo gradientes de concentración entre el agua y la sangre. El oxígeno, transportado por el agua que entra por la boca, difunde a través del epitelio branquial hacia los capilares sanguíneos de las arterias branquiales aferentes. Una vez oxigenada, la sangre es conducida hacia las arterias branquiales eferentes y finalmente hacia la aorta dorsal, desde donde se distribuye al resto del cuerpo. Simultáneamente, el dióxido de carbono producido por el metabolismo celular difunde en dirección contraria, pasando desde la sangre hacia el agua que fluye sobre las branquias y saliendo del organismo a través de las hendiduras branquiales. Este sistema convierte a la faringe de los peces en una cámara respiratoria altamente eficiente adaptada al medio acuático.

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