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miércoles, 4 de marzo de 2026

Figura. Cuerdas bucales

 

La imagen muestra la anatomía de la laringe humana desde tres perspectivas: vista frontal, vista lateral y vista posterior. En la vista frontal se observan los principales cartílagos que forman el armazón de la laringe. En la parte superior se encuentra el hueso hioides, que sirve como punto de suspensión para la laringe y la lengua. Debajo aparece el cartílago tiroides, la estructura más grande de la laringe, que protege las estructuras internas y forma externamente la llamada “nuez”. Más abajo se encuentra el cartílago cricoides, que forma un anillo completo alrededor de la vía aérea y conecta con la tráquea. Entre estos cartílagos se sitúan ligamentos y membranas como la membrana tirohioidea y el ligamento cricotiroideo, que permiten estabilidad y movilidad durante la respiración, la deglución y la fonación.

En la vista lateral se aprecia con mayor claridad la epiglotis, una lámina cartilaginosa situada sobre la entrada de la laringe. Esta estructura actúa como una válvula protectora que se pliega hacia atrás durante la deglución para evitar que los alimentos entren en la tráquea. También se observa el ligamento vocal, que forma parte de los pliegues vocales. Estos pliegues están recubiertos por mucosa y contienen tejido elástico y fibras musculares que permiten ajustar su tensión. Cuando el aire expulsado desde los pulmones pasa entre ellos, los pliegues vibran y generan sonido. Por esta razón, aunque coloquialmente se habla de “cuerdas vocales” o “cuerdas bucales”, en realidad no son cuerdas rígidas, sino pliegues flexibles que funcionan como válvulas vibrantes dentro de la laringe.

La vista posterior muestra los músculos intrínsecos de la laringe, que controlan el movimiento de los cartílagos y regulan la posición de los pliegues vocales. Entre ellos destacan el músculo cricoaritenoideo posterior, que abre la glotis separando las cuerdas vocales durante la respiración; el músculo aritenoideo transverso y el músculo aritenoideo oblicuo, que aproximan los cartílagos aritenoides para cerrar la glotis durante la fonación. Estos músculos trabajan coordinadamente para modificar la tensión y la apertura de los pliegues vocales, permitiendo controlar el tono, la intensidad y la modulación de la voz. Así, la laringe funciona como un complejo sistema mecánico donde cartílagos, ligamentos y músculos transforman el flujo de aire en sonido articulado.

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