La figura describe las estructuras de alimentación y el
tracto digestivo de las sanguijuelas, integrantes de la subclase Hirudinea,
mostrando adaptaciones especializadas al hematofagismo y a la succión
activa. En el panel (A) se observa el extremo anterior de una sanguijuela rhynchobdellida,
caracterizada por la presencia de una probóscide extensible. Esta
estructura muscular se proyecta hacia el exterior para penetrar tejidos blandos
del hospedador y absorber fluidos. La probóscide está coordinada por el ganglio
cerebral y conectada directamente con el esófago, permitiendo un control
preciso del proceso de alimentación sin necesidad de mandíbulas cortantes.
El panel (B) muestra el extremo anterior de una sanguijuela arhynchobdellida,
donde la probóscide está ausente y es reemplazada por un complejo sistema de mandíbulas.
Estas sanguijuelas poseen tres mandíbulas quitinosas, dispuestas
radialmente dentro de la cavidad bucal. Durante la alimentación, la
abertura oral se presiona firmemente contra la piel del hospedador y las
mandíbulas se mueven de forma alternada, cortando la piel mediante un
movimiento de vaivén. La faringe succionadora, altamente musculosa,
genera presión negativa que permite la ingestión de sangre, mientras
secreciones anticoagulantes evitan la coagulación del fluido ingerido.
El panel (C) representa la estructura básica del
intestino de Hirudo, una sanguijuela típica. Tras la faringe, el
alimento pasa a un buche muy desarrollado, provisto de numerosos ciegos
laterales que permiten almacenar grandes volúmenes de sangre durante largos
periodos. Este almacenamiento es crucial, ya que una sola ingesta puede
sostener al organismo durante meses. A continuación se encuentra una región
digestiva funcionalmente equivalente a un estómago, seguida por el intestino
y el recto, donde se absorben nutrientes y se eliminan desechos. En
conjunto, la figura evidencia cómo las sanguijuelas presentan una anatomía
digestiva altamente especializada, donde la estructura bucal, la
musculatura faríngea y el intestino actúan de forma integrada para sostener un
modo de vida parasitario altamente eficiente.
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