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martes, 10 de febrero de 2026

Figura. Las abejas y la miel

 1,395 Bee Mouth Stock Photos - Free & Royalty-Free Stock Photos from  Dreamstime

La boca de la abeja está adaptada a una alimentación basada principalmente en líquidos azucarados, especialmente el néctar floral. Presenta un aparato bucal lame-chupador, que combina estructuras masticadoras reducidas con una lengua alargada o glosa, rodeada por palpos labiales y maxilares. Esta lengua actúa como una espátula flexible que permite lamer y succionar el néctar desde el interior de las flores. Aunque las abejas no mastican sólidos de forma regular, las mandíbulas siguen siendo funcionales y se utilizan para manipular cera, construir panales, limpiar la colmena y trabajar materiales vegetales, mostrando una clara división funcional dentro del aparato bucal.

Una vez ingerido, el néctar pasa por el esófago hasta una estructura especializada llamada buche melario o estómago de la miel, que no participa en la digestión directa. Este órgano funciona como un depósito de transporte, permitiendo a la abeja recolectar néctar y llevarlo intacto a la colmena. El alimento no destinado a la producción de miel puede continuar hacia el estómago verdadero, donde ocurre la digestión, con la acción de enzimas que descomponen azúcares, proteínas y otros nutrientes necesarios para el metabolismo del insecto. De este modo, el sistema digestivo distingue claramente entre nutrición individual y producción colectiva.

La formación de la miel comienza cuando el néctar almacenado en el buche melario es mezclado con enzimas, especialmente la invertasa, que transforma la sacarosa en glucosa y fructosa. Al regresar a la colmena, la abeja transfiere el contenido a otras obreras mediante trofalaxia, reduciendo progresivamente el contenido de agua. Posteriormente, el néctar parcialmente procesado se deposita en las celdas del panal, donde la ventilación producida por el batido de alas favorece la evaporación. Cuando la humedad disminuye lo suficiente, el néctar se convierte en miel estable, rica en azúcares y con propiedades antimicrobianas. Así, la boca y el sistema digestivo de la abeja no solo permiten su supervivencia individual, sino que sostienen un complejo proceso cooperativo esencial para la colonia y para los ecosistemas humanos y naturales.

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