La figura muestra el cráneo y el aspecto externo del
ornitorrinco (Ornithorhynchus anatinus), permitiendo comprender por qué
su “pico” no es homólogo al de un pato. Aunque superficialmente ambos
presentan una estructura aplanada y ensanchada en la región anterior de la
cabeza, la similitud es resultado de convergencia evolutiva y no de un
origen común reciente. En las aves, el pico deriva de las mandíbulas óseas
recubiertas por un estuche córneo de queratina, producto de modificaciones
profundas del linaje de los dinosaurios terópodos. En cambio, el ornitorrinco
es un mamífero monotremo, y su estructura anterior no reemplaza dientes
como en aves, sino que corresponde a un hocico altamente especializado cubierto
por piel flexible y rica en terminaciones nerviosas.
En el cráneo del ornitorrinco se observa que los huesos
maxilares y premaxilares conservan el patrón típico de los mamíferos, aunque
modificados y ensanchados. Durante el desarrollo embrionario, el ornitorrinco
forma dientes verdaderos, que luego se pierden en el adulto y son
reemplazados por placas córneas internas usadas para triturar alimento.
Esta condición es radicalmente distinta a la de los patos, cuyo pico forma
parte integral del esqueleto craneal aviano y nunca presenta dentición
verdadera en etapas modernas. Además, el “pico” del ornitorrinco funciona como
un órgano electroreceptor, capaz de detectar los campos eléctricos
generados por presas acuáticas, una capacidad ausente en las aves acuáticas
comunes.
Por tanto, aunque la forma externa recuerde a la de un pato,
las diferencias en origen embrionario, estructura ósea, tejido de
recubrimiento y función sensorial demuestran que no se trata de estructuras
homólogas. El caso ilustra cómo presiones ecológicas similares —la alimentación
acuática y la captura de invertebrados en fondos fangosos— pueden producir
morfologías parecidas en linajes evolutivamente distantes. El “pico” del
ornitorrinco es, en realidad, un hocico mamaliano altamente especializado, no
un verdadero pico aviano.
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