El cráneo de la rana se presenta en vista lateral (a) y
ventral (b), mostrando una arquitectura ligera y altamente especializada. En
azul se observa el neurocráneo compacto, formado por huesos como el
exoccipital (Eo), proótico (Pro), esfenetmoides (Se) y frontoparietal (Fp). En
rosado aparecen los huesos dérmicos superficiales, entre ellos maxila
(M), premaxila (Pm), nasal (N), vomer (V) y parasfenoides (Ps). La mandíbula
incluye el dentario (D), el mento-Meckeliano (Mm) y el articular (Ar). Los
números romanos señalan forámenes para nervios craneales, evidenciando
la complejidad funcional del encéfalo y órganos sensoriales. El conjunto revela
un cráneo amplio posteriormente y más estrecho hacia la región rostral.
Uno de los rasgos más notables es la reducción extrema
del hueso cuadrado (Q), que en otros vertebrados constituye un elemento
robusto de la articulación mandibular. En la rana, el cuadrado se encuentra
minimizado y participa de manera discreta en la unión con el articular,
reflejando una simplificación estructural evolutiva. Asociado a esta
región se encuentra el cuadratoyugal (Qj), igualmente reducido. En contraste,
el aparato hioideo aparece muy desarrollado, con el basihial (Bh) y estructuras
asociadas formando un aparato hioides voluminoso. Este sistema sostiene
la garganta y está íntimamente ligado al mecanismo de canto y resonancia,
fundamental en la comunicación anura.
Otro elemento clave es el stapes (Stp), denominado en
español columela, pequeño hueso del oído medio derivado del arco hioideo
ancestral. Aunque reducido, transmite vibraciones desde la membrana timpánica
hacia el oído interno. Este remanente refleja la transformación del antiguo
soporte branquial en estructura auditiva. Así, el cráneo de la rana combina reducción
mandibular, expansión hioidea y especialización auditiva, configurando un
modelo anatómico adaptado a la vida terrestre y a la comunicación acústica.
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