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lunes, 15 de diciembre de 2025

Figura. Bombardeo de USA a Iran en 2025

  

U.S. Drops 14 Bunker Busters in B-2 Strike Against Iranian Nuclear Sites -  USNI News

La imagen representa un escenario estratégico de proyección de poder y disuasión, donde rutas aéreas, objetivos señalados y espacios marítimos convergen en una misma narrativa: limitar la proliferación militar de adversarios geopolíticos. No se trata de una dicotomía moral de “buenos contra malos”, sino de una lógica dura de “nosotros contra ellos”, propia de la seguridad internacional contemporánea. Los puntos marcados —instalaciones asociadas a capacidades sensibles— simbolizan la intención de interrumpir o retrasar desarrollos considerados amenazantes por ciertos Estados, mediante acciones que buscan alterar cálculos estratégicos sin escalar a un conflicto total.

La cronología reciente refuerza esta lectura. Entre 2024 y 2025, el aumento de tensiones regionales, la reconfiguración de alianzas y episodios de acciones militares limitadas (incluidos ataques selectivos y sabotajes) tuvieron efectos inmediatos: volatilidad energética, presión sobre rutas comerciales, endurecimiento de sanciones y una mayor militarización del discurso. En 2025, estos eventos aceleraron debates sobre proliferación, defensa antiaérea y control de tecnologías duales, a la vez que reactivaron canales diplomáticos para evitar escaladas. El efecto global no fue la resolución del problema, sino su reencuadre: las capacidades pueden retrasarse, pero el conocimiento y los incentivos persisten.

Desde América del Sur, la imagen se observa desde una posición distinta. La región no es ni el “nosotros” ni el “ellos”, sino un observador pasivo en un sistema internacional cambiante, afectado indirectamente por decisiones tomadas lejos: precios de la energía, flujos financieros, reglas comerciales y prioridades de seguridad. Esta distancia no implica irrelevancia; al contrario, subraya la necesidad de autonomía estratégica, diplomacia activa y lectura crítica del entorno. En un mundo multipolar, comprender estas dinámicas —sin romanticismos ni simplificaciones— es esencial para proteger intereses propios y navegar un orden internacional cada vez más incierto.

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