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La presión
de vapor es un concepto fundamental en química y física que describe
la presión ejercida por un gas en equilibrio con su fase
líquida o sólida en un sistema cerrado. Este fenómeno ocurre cuando las
moléculas de una sustancia, al adquirir suficiente energía cinética,
logran vencer las fuerzas de atracción que las mantienen unidas en el estado
líquido o sólido y pasan al estado gaseoso. A medida que más moléculas se
evaporan, aumentan la cantidad y presión del vapor en el espacio sobre el
líquido, generando así lo que conocemos como presión de vapor.
Figura 1. [Barbara
S. Askins] es una química e inventora estadounidense que desarrolló
un método para mejorar fotografías de baja calidad mediante procesos
químicos. Su técnica benefició la NASA, la astronomía, la medicina
y la investigación forense. Fue la primera mujer en recibir el premio Inventor
of the Year en 1978.
Figura 2. [Rudolf
Clausius] fue un físico y matemático alemán, fundador de la termodinámica
moderna. Formuló la segunda ley de la termodinámica, introdujo el
concepto de entropía y contribuyó a la teoría cinética de los gases.
Sus investigaciones sentaron las bases para comprender la transferencia de
energía y los cambios de fase.
Este proceso está
profundamente influenciado por la temperatura. A mayor temperatura,
las moléculas tienen más energía, y por lo tanto una mayor fracción de ellas
puede evaporarse. Así, la presión de vapor aumenta con la temperatura,
lo que explica por qué el agua hierve a temperaturas más bajas en la cima de
una montaña: a mayor altitud, la presión atmosférica disminuye,
y por tanto se requiere una presión de vapor menor para igualarla. Cuando la
presión de vapor de un líquido iguala la presión externa, el líquido hierve.
Este punto se conoce como el punto de ebullición.
Figura 3. [Presión
de vapor]. En un manómetro de tubo en U, al cerrar el sistema
con atmósfera estándar, las columnas de mercurio se
alinean inicialmente por tener la misma presión atmosférica. Al
evaporarse el líquido, aumenta la presión de vapor, empujando el
mercurio hacia abajo en el extremo cerrado. La diferencia de alturas refleja
este aumento de presión interna por efecto de la volatilización.
Figura 4. [Comparando
presiones de vapor]. En un sistema a presión constante, todas
las sustancias alcanzan 1 atm, pero las más volátiles expanden
más el volumen de su atmósfera interna. Esta expansión refleja una
mayor presión de vapor si el volumen fuera fijo. Así, se
infiere que Q tiene la mayor volatilidad, seguido por S, P y R,
según el volumen de vapor generado.
Para medir la
presión de vapor se puede usar un manómetro. Un dispositivo típico
es el manómetro de tubo en U lleno de mercurio, donde uno de
los extremos está abierto a la atmósfera y el otro conectado a un recipiente
cerrado con un líquido volátil. Al principio, cuando el sistema está
equilibrado, la altura del mercurio es la misma en ambos extremos del tubo
porque la presión del aire dentro del recipiente es igual a la presión
atmosférica. Sin embargo, cuando el líquido comienza a evaporarse, las
moléculas que pasan al estado gaseoso aumentan la presión dentro del
recipiente, empujando el mercurio hacia abajo en ese extremo, mientras que el
otro extremo del tubo ve subir su nivel. La diferencia de alturas entre
las dos columnas de mercurio representa la presión de vapor del
líquido.
Cabe destacar que,
en este tipo de medición, aunque estamos observando un cambio de volumen, el
manómetro lo traduce en términos de presión gracias a la forma en que el gas se
comporta dentro de un sistema casi cerrado. En rigor, el sistema está en equilibrio
cuando la cantidad de moléculas que pasan al estado gaseoso es igual a la que
se condensa nuevamente al líquido. Este equilibrio dinámico hace que la presión
de vapor permanezca constante a una temperatura dada, aunque las moléculas
siguen cambiando de fase continuamente.
Cuando el sistema
tiene volumen constante, la presión de vapor que se alcanza al
equilibrio suele ser menor que la presión atmosférica, que es la
fuerza que la atmósfera ejerce sobre todas las superficies expuestas. Esta
presión atmosférica “empuja” a las moléculas de nuevo al líquido o al sólido,
dificultando la evaporación total de una sustancia. Este principio explica por
qué algunos líquidos, como el agua, no se evaporan completamente en condiciones
normales, sino que lo hacen lentamente, dependiendo de la temperatura y la
ventilación del entorno.
Fenómenos naturales
como la formación de rocío, la lluvia o incluso
la brisa marina se basan en estos mismos principios. En todos
estos casos, hay un equilibrio entre las presiones de vapor de
distintas sustancias (como el agua) y la presión del aire que las rodea. Cuando
la temperatura desciende, la presión de vapor también baja, y el vapor de agua
puede condensarse formando gotas sobre las superficies frías, como ocurre en
las hojas o ventanas al amanecer.
Un concepto
relacionado y muy importante es el de volatilidad, que indica qué
tan fácilmente una sustancia se convierte en vapor. Las sustancias con alta
presión de vapor a temperaturas bajas son más volátiles. Por
ejemplo, la acetona o el alcohol tienen puntos de ebullición mucho más bajos
que el agua y, por eso, se evaporan con mucha facilidad a temperatura ambiente.
Esto las hace útiles en productos como perfumes o limpiadores, donde se desea
una evaporación rápida.
La volatilidad y la
presión de vapor están estrechamente relacionadas con el punto de
ebullición. Una sustancia con un punto de ebullición bajo tiene una presión
de vapor alta, lo que significa que puede convertirse fácilmente en gas sin
necesidad de grandes aumentos de temperatura. Esta propiedad es esencial en el
diseño de refrigerantes, combustibles o solventes
industriales, donde el control de la evaporación es crítico.
Cuando colocamos
una sustancia volátil en un recipiente cerrado y al vacío, se
observa una rápida evaporación hasta que se alcanza un equilibrio
líquido-vapor. Este equilibrio es también dinámico, lo que significa que
aunque la cantidad de líquido y vapor puede parecer constante, en realidad, las
moléculas siguen intercambiándose entre las fases. Este tipo de equilibrio
depende únicamente de la temperatura y es independiente del volumen total del
recipiente, siempre y cuando haya suficiente espacio para ambas fases.
Figura 5. [Presión
de vapor y equilibrio de vapor]. Un líquido volátil cerrado comienza a
evaporarse, acumulando vapor que aumenta la presión de vapor interna.
Al alcanzar el equilibrio dinámico, la tasa de evaporación y
condensación se iguala, estabilizando la cantidad de vapor y líquido. Este
equilibrio depende de la temperatura: a mayor temperatura, mayor es
la presión de vapor y la volatilidad del líquido.
En condiciones
específicas de presión y temperatura, puede lograrse lo que se conoce como
el punto triple, una condición en la que las tres fases —sólida,
líquida y gaseosa— coexisten en equilibrio. Este es un concepto importante
en termodinámica y es una propiedad única para cada sustancia.
Por ejemplo, el punto triple del agua ocurre a 0.01 °C y 611.657 pascales
(aproximadamente 6.11 milibares), y tiene aplicaciones importantes en
calibración de instrumentos de laboratorio y en metrología.
El estudio de la
presión de vapor no solo tiene aplicaciones científicas, sino también
tecnológicas e industriales. En la fabricación de medicamentos, por ejemplo, se
controla cuidadosamente la presión de vapor de los solventes utilizados para
asegurar una evaporación eficiente y segura. En la industria
alimentaria, la comprensión de este fenómeno permite deshidratar alimentos,
conservarlos por más tiempo o incluso ajustar su sabor y textura.
Figura 6. La [energía
cinética mínima] es la energía que deben tener las moléculas para
superar la tensión superficial y volatilizarse. La temperatura eleva
el promedio de energía molecular, aumentando el número de moléculas que pueden
escapar del líquido. Así, la presión de vapor y la volatilidad crecen
con la temperatura, explicando fenómenos como la evaporación y el punto de
ebullición.
Figura 7. [Curva
de presiones de vapor estándar]. La presión de vapor de
líquidos como el éter, alcohol, agua y etilenglicol aumenta
con la temperatura. Cuando alcanza 760 torr, el
líquido ebulle, transformándose completamente en vapor. Este
comportamiento, registrado en tablas de presión de vapor, es
fundamental para predecir y controlar procesos como la evaporación, destilación y
cambios de fase industriales.
Finalmente, la
presión de vapor también juega un papel en la seguridad. Sustancias
inflamables, como la gasolina, presentan presiones de vapor elevadas que pueden
generar vapores combustibles incluso a temperatura ambiente. Por eso, su
almacenamiento y transporte deben realizarse bajo condiciones estrictas de
ventilación y control de temperatura.
Referencias
Brown, T. L., LeMay, H. E. J., Bursten, B. E., Murphy, C. J., Woodward,
P., & Stoltzfus, M. W. (2015). Chemistry the Central Science.
Brown, T. L., LeMay, H. E. J., Bursten, B. E., Murphy, C. J., Woodward,
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central science (15th ed.). Pearson.
Chang, R. (2010). Chemistry (10th ed.). McGraw-Hill New
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IUPAC. (2019). Compendium of chemical terminology (2nd
ed.). IUPAC.
https://doi.org/10.1351/goldbook
Matamala, M., &
González Tejerina, P. (1975). Química (1ª ed.). Bogotá:
Ediciones Cultural.
Seager, S. L., Slabaugh, M. M., & Hansen, M. M. (2022). Chemistry
for Today (10th ed.). Cengage Learning.
Zumdahl, S. S., Zumdahl, S. A., DeCoste, D. J., & Adams, G.
(2018). Chemistry (10th
ed.). Cengage
Learning.
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