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Desde
un punto de vista cualitativo, las propiedades coligativas se
basan en la resistencia de una disolución al cambio físico:
cuanto mayor es la cantidad de soluto disuelto, mayor es dicha resistencia. En el caso de la disminución de la
presión de vapor, visto anteriormente, un aumento de la concentración
implica que menos moléculas de solvente logran escapar a la
fase gaseosa, es decir, el sistema se opone al cambio de fase de
líquido a gas.
Figura 1. [Ernst
Otto Beckmann] fue un químico físico alemán conocido por inventar el
termómetro de Beckmann, esencial para medir pequeñas variaciones de
temperatura. Sus investigaciones sobre propiedades coligativas, crioscopía
y ebullioscopía permitieron determinar masas molares con gran
precisión, impulsando el desarrollo de la fisicoquímica y la
instrumentación científica.
Figura 2. [Helen
Dick Megaw] fue una cristalógrafa y química británica
especializada en difracción de rayos X. Sus investigaciones sobre el titanato
de bario revelaron la estructura de los materiales ferroeléctricos,
impulsando el desarrollo de capacitores, sensores y dispositivos piezoeléctricos.
Es una figura clave en la cristalografía y la ciencia de materiales.
Un
comportamiento análogo se observa en las propiedades
relacionadas con la temperatura. Las disoluciones más concentradas se
resisten a cambiar de fase, lo que provoca la depresión del punto
de congelación, haciendo que sea más difícil congelar una
disolución que una sustancia pura. De manera complementaria, se
produce la elevación del punto de ebullición, por lo que
resulta más difícil hervir una disolución que el solvente
puro.
Figura 3. [Aumento
ebulloscópico y depresión crioscópica]. Para evitar confusiones, las
temperaturas del solvente y de la disolución se tratan como estados del
mismo sistema. La temperatura inicial corresponde al solvente puro y
la final a la disolución, lo que permite aplicar la función
diferencia ΔT. Solo así es válido restar temperaturas, ya que el álgebra
exige igual identidad para operar magnitudes.
Diferencia de temperatura
Recordando
las propiedades de la notación diferencia, en esta sección
trabajaremos con dos tipos de diferencias de temperatura: la diferencia
del punto de fusión y la diferencia del punto de ebullición.
En principio, estas diferencias podrían distinguirse mediante subíndices;
sin embargo, no resulta estrictamente necesario, ya que en ambos casos puede
aprovecharse una propiedad fundamental de la función diferencia:
su sentido.
Cuando
la diferencia es negativa, estamos ante una depresión
crioscópica; cuando la diferencia es positiva, se trata de
una elevación ebulloscópica. Por esta razón, la función diferencia
asociada a estas dos temperaturas puede expresarse a priori simplemente
como ΔT, dejando que el signo del resultado
indique la naturaleza física del fenómeno.
La constante
Por
la misma razón expuesta anteriormente, al expresar matemáticamente los
teoremas de cambio de punto crítico debemos incorporar desde
el inicio el signo adecuado en las constantes correspondientes. Con el
fin de simplificar la notación y evitar la
proliferación innecesaria de fórmulas, unificaremos las dos leyes —depresión
crioscópica y elevación ebulloscópica— en una única
expresión. Para ello, asignaremos a la constante una notación de
cuasivector, lo que permite recordar que dicha constante posee sentido: positivo en
el caso de la constante ebulloscópica y negativo en
el de la constante crioscópica. De este modo, se mantiene la coherencia
conceptual del curso y se refuerza la doctrina de minimizar la
multiplicación innecesaria de funciones, privilegiando estructuras formales
más generales y elegantes.
|
[Teoremas del aumento ebulloscópico y depresión crioscópica] Factor
marcado [1]
Diferencia de temperatura [2]
Teorema del aumento ebulloscópico o de la depresión crioscópica. [3]
Teorema del aumento ebulloscópico o de la depresión crioscópica. Álgebra
simbólica [1]
Diferencia de temperatura [2]
Teorema del aumento ebulloscópico o de la depresión crioscópica. [3]
Teorema de la concentración molal efectiva. Demostraciones Parámetros
y unidades comunes \(\Delta T\) Diferencia en la temperatura
crítica del sistema (°C) o (K). Si es (negativo) es la depresión crioscópica;
Si es (positivo) es el aumento ebulloscópico. \(T\) Temperatura final o de equilibrio del
sistema (°C) o (K). \(T^o\) Temperatura inicial o estándar del
sistema, se asume como igual a alguna temperatura crítica del solvente
puro para la fusión o la ebullición según corresponda con el enunciado (°C) o (K). Nota: la temperatura
elegida debe corresponder con su constante, no podemos operar una temperatura
de ebullición con una constante crioscópica. \( \overset{\rightharpoonup }{k} \) Cuasivector
de la constante crítica (°C kg / mol) o (°C / m). Si se usa la forma crioscópica se sustituye
con signo negativo; si se usa la forma ebulloscópica se sustituye con signo
positivo. Los valores mas comunes se encuentran en las [Tablas de constantes crioscópicas y ebulloscópicas] \(b_{ef}\) Molalidad efectiva (kg / mol) o (m). La molalidad efectiva no
tiene identidad, por lo que puede ser un parámetro generado ya sea por una
sola sustancia o una mezcla, en caso de mezclas en una misma cantidad de
solvente, debemos usar la forma [3] de [Teo. de la cantidad de sustancia efectiva] para
calcular la cantidad efectiva del soluto. \(b_i\) Molalidad de una sustancia molecular que
aun no ha ionizado (kg / mol) o (m). \( \mathscr{i}_i\) Factor de Van't Hoff o factor
de ionización (adimensional). Su valor teórico es la suma de subíndice de
iones o experimental [Tabla de factor de van´t Hoff]. Para las
sustancias no ionizables su valor siempre es 1. |
En caso de que la
molalidad se encuentre definida en otras unidades de concentración recuerda que
puedes usar [Axioma
de la molalidad y sus teoremas vinculados].
Mas sobre los diagramas de fase
La figura 1 nos
mostró la explicación del aumento ebulloscópico y el descenso crioscópico
usando una figura de diagrama de punto triple (una forma
especial de diagrama de fases), pero no la explicamos a profundidad, así que
vale la pena discutirla.
El diagrama de fases es una herramienta gráfica que muestra cómo los diferentes estados de la materia (sólido, líquido, gas y estado supercrítico) se relacionan con las variables de presión y temperatura. Este diagrama permite entender cómo varían las condiciones para que una sustancia pase de un estado a otro, proporcionando una representación visual clara de las fronteras entre diferentes fases de la materia. A medida que se modifica la presión y la temperatura, el estado de la materia cambia, y el diagrama ayuda a predecir esas transiciones.
El diagrama se divide en varias regiones que corresponden a cada uno de los estados de la materia: sólido, líquido, gas y supercrítico. Las líneas que delimitan estas regiones se conocen como fronteras de fase. Estas fronteras representan combinaciones específicas de presión y temperatura que determinan el cambio de estado. Por ejemplo, una sustancia puede estar en estado sólido a bajas temperaturas y altas presiones, en estado líquido a temperaturas y presiones intermedias, y en estado gaseoso a altas temperaturas y bajas presiones.
Uno de los puntos clave del diagrama es el punto triple, que se da cuando las fronteras de los tres estados de la materia (sólido, líquido y gas) se encuentran en una sola combinación de presión y temperatura. En este punto, los tres estados coexisten en equilibrio. Para el agua, este punto ocurre a una temperatura de 0.01 °C y una presión de 0.006 atm, lo que implica que en estas condiciones, el agua puede estar en forma de hielo, líquido y vapor al mismo tiempo. Este fenómeno es único para cada sustancia y depende de sus propiedades específicas.
Figura 4. [El diagrama
de punto triple] es un tipo de diagrama de fases que
relaciona presión y temperatura para mostrar los estados sólido,
líquido y gas de una sustancia. El punto triple indica
la coexistencia simultánea de las tres fases en equilibrio, mientras que
el punto crítico marca el límite donde desaparece la
distinción entre líquido y gas.
Otro punto significativo en el diagrama es el punto crítico, que es la combinación de temperatura y presión en la que una sustancia experimenta un comportamiento muy peculiar y a menudo difícil de imaginar. En este punto, la sustancia no se comporta completamente como un líquido ni como un gas, sino que entra en lo que se conoce como estado supercrítico. Para el agua, el punto crítico ocurre a 374 °C y 217.7 atm. En estas condiciones, el agua ya no tiene una distinción clara entre sus fases líquida y gaseosa, y sus propiedades físicas se vuelven más difíciles de predecir con nuestra intuición habitual. En el estado supercrítico, el fluido tiene la capacidad de difundir como un gas pero disolver sustancias como un líquido.
El diagrama de
fases no solo depende de las condiciones externas como la
temperatura y la presión, sino que también se ve afectado por otros factores,
como la identidad de la sustancia. Cada material tiene un diagrama
de fases único basado en sus propiedades moleculares, lo que significa que la
temperatura y la presión necesarias para cambiar de fase varían según el tipo
de sustancia. Además, la presencia de impurezas o partículas
de soluto en una sustancia también influye en su comportamiento de
fase. Por ejemplo, la presencia de un soluto puede bajar
la frontera de congelación y generar un descenso
crioscópico, lo que significa que una solución se congelará a temperaturas
más bajas que el solvente puro. Este efecto es la razón por la cual, por
ejemplo, se utiliza sal sobre las carreteras en invierno para evitar la
formación de hielo.
De manera
similar, aumentar la cantidad de soluto en un líquido puede
elevar el punto de ebullición, lo que lleva a un aumento
ebulloscópico. Este fenómeno indica que una solución hirviente requerirá
una mayor temperatura para alcanzar el punto de ebullición en comparación con
el solvente puro. La sal en el agua, por ejemplo, aumenta la temperatura de
ebullición del agua, lo que se puede observar en el proceso de cocción de
alimentos como la pasta.
Además del diagrama
de fases general, existe una versión simplificada a
temperatura constante que se centra en la relación entre el calor
agregado y los tres estados básicos de la materia: sólido, líquido y gas.
Este diagrama se utiliza para visualizar cómo una sustancia transita entre
estas fases al agregar calor sin tener que considerar las condiciones extremas
del punto crítico o el estado supercrítico. En
este caso, se mantiene una presión constante, y el objetivo es observar la
temperatura de la sustancia cuando se le añade calor.
En este tipo de
diagrama, se observa que la frontera de fase no ocurre de
manera instantánea, como podría pensarse intuitivamente. En realidad, cuando se
añade calor a una sustancia, su temperatura no aumenta de inmediato, ya que
durante las transiciones de fase, como de sólido a líquido (fusión) o de líquido
a gas (vaporización), el calor se usa para cambiar el estado de la
materia en lugar de aumentar su temperatura. Este comportamiento
refleja la coexistencia de fases en un mismo sistema, donde la
sustancia no se convierte de un estado a otro de manera instantánea, sino que
existe un lapso durante el cual las dos fases (por ejemplo, sólido y líquido)
pueden coexistir en equilibrio.
Figura 5. [La curva
de calentamiento] es una forma simplificada del diagrama de
fases a presión constante. Los tramos inclinados representan una sola
fase, mientras que las mesetas indican cambios de fase, donde la
temperatura permanece constante. Estas regiones reflejan resistencia al
cambio, ya que el sistema requiere energía y tiempo para
reorganizar su estructura molecular.
El calor y
la temperatura son magnitudes relacionadas, pero no
equivalentes. La temperatura describe el estado
térmico de un sistema y está asociada a la energía cinética
promedio de sus partículas; por ello, indica qué tan caliente o frío
está un cuerpo en un instante dado. Es una propiedad intensiva, lo
que significa que no depende de la cantidad de materia presente.
Dos sistemas con masas muy distintas pueden tener la misma temperatura si sus
partículas poseen, en promedio, la misma energía cinética.
El calor,
en cambio, es energía en tránsito que se transfiere entre
sistemas debido a una diferencia de temperatura. No es una
propiedad del sistema, sino un proceso que ocurre durante una
interacción térmica. Por esta razón, el calor es una magnitud extensiva:
la cantidad transferida depende de la masa, del camino
seguido y de los cambios de fase involucrados. Un
sistema puede recibir calor sin aumentar su temperatura, como sucede durante
una fusión o ebullición, lo que evidencia que calor mide intercambio
energético, mientras que temperatura mide estado vibracional.
Este fenómeno se
observa claramente en el punto de fusión y en el punto
de ebullición, donde el calor añadido se destina a superar las fuerzas
intermoleculares que mantienen unidas a las partículas en un estado
específico. Durante estos procesos, aunque se siga añadiendo calor, la temperatura
permanece constante hasta que toda la sustancia haya cambiado de fase.
Este comportamiento muestra que la conversión de fases no es
instantánea, ya que hay un proceso de transformación gradual.
Por ejemplo, al
calentar agua a temperatura constante, si se encuentra en estado sólido
(hielo), al llegar al punto de fusión (0 °C a presión
atmosférica), el calor añadido primero se usa para derretir el hielo, sin que
la temperatura del agua aumente durante el proceso de fusión. Lo mismo sucede
cuando se calienta agua líquida al punto de ebullición (100 °C
a presión atmosférica): la temperatura se mantiene constante mientras el
líquido se convierte en gas, ya que todo el calor se destina a superar las fuerzas
de cohesión entre las moléculas de agua para que se conviertan en vapor.
Este diagrama simplificado
a temperatura constante pone de manifiesto que, en estas transiciones
de fase, hay un equilibrio dinámico entre los estados de la
materia. A medida que se sigue agregando calor, las moléculas en el estado
sólido comienzan a separarse y entrar en el estado líquido, y luego las
moléculas líquidas se separan aún más para formar gas. Es importante destacar
que este proceso gradual no es instantáneo, ya que el sistema
necesita un tiempo para que las moléculas se reorganicen y se ajusten a la
nueva fase.
Este tipo de
análisis es especialmente útil para comprender que las transiciones de
fase no son simples cambios rápidos, sino que implican una serie
de ajustes a nivel molecular. Además, indica que, en este tipo de
procesos, la energía se distribuye de manera diferente en
función de la fase a la que la sustancia está transitando.
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