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viernes, 7 de agosto de 2026

Resumen de las propiedades coligativas, ley de Henry y volatilidad

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Las propiedades coligativas son cambios observables en una disolución causados por la presencia de un soluto. Su característica central es que dependen principalmente de la cantidad efectiva de entidades químicas dispersas en el disolvente y no de su identidad particular. Por ello, una disolución acuosa de glucosa, urea o cloruro de sodio puede producir efectos semejantes si contiene la misma concentración efectiva de partículas, aunque sus fórmulas, enlaces y propiedades químicas sean muy diferentes.

La explicación profunda está relacionada con la movilidad y la energía de las partículas del disolvente. En un líquido puro, las moléculas del disolvente poseen cierta libertad para desplazarse, escapar hacia la fase gaseosa, organizarse en una red sólida o atravesar una membrana semipermeable. Al añadir un soluto, esas moléculas encuentran entidades adicionales que ocupan espacio, modifican las interacciones locales y reducen su tendencia neta a participar en esos procesos. No se trata necesariamente de que el soluto “pegue” físicamente todas las moléculas del agua, sino de que disminuye la actividad química del disolvente: hay una menor proporción de moléculas de disolvente disponibles para escapar, congelarse o equilibrar diferencias de concentración.

Las cuatro propiedades coligativas clásicas son el descenso de la presión de vapor, la elevación del punto de ebullición, el descenso del punto de congelación y la presión osmótica. Todas pueden comprenderse como consecuencias de la misma idea: una disolución posee un disolvente con menor tendencia a cambiar de fase o a desplazarse hacia otra región que el disolvente puro. La diferencia no depende de una propiedad misteriosa de cada sustancia, sino de cuántas partículas efectivas se encuentran presentes en una cantidad determinada de disolvente.

Volatilidad

La volatilidad es la tendencia de una sustancia a pasar desde una fase condensada, líquida o sólida, hacia la fase gaseosa. A presión y temperatura fijas, una sustancia más volátil mantiene una mayor cantidad de materia como vapor respecto de la materia que permanece en las fases líquida o sólida. Con frecuencia son volátiles las sustancias covalentes moleculares, formadas entre no metales, pues sus partículas suelen estar unidas por fuerzas intermoleculares relativamente débiles. También existen compuestos covalentes de metales muy electronegativos o en estados de oxidación elevados con no metales; un caso conocido es el tetróxido de osmio, OsO₄, que presenta una volatilidad considerable.

Como no es posible contar directamente las entidades gaseosas que pasan desde una muestra líquida o sólida, la volatilidad se determina mediante parámetros indirectos. El más empleado es la presión de vapor, es decir, la presión que ejercen las partículas que han escapado hacia la fase gaseosa dentro de un recipiente cerrado. Un manómetro permite medir esta presión: a la misma temperatura, la sustancia que genera una presión de vapor más alta contiene más partículas en fase gaseosa y, por tanto, es más volátil. También puede describirse el vapor mediante el volumen que ocupa, aunque este valor depende de las condiciones y del recipiente empleado.

Figura 1. [Volatilidad]. Los cuatro manómetros idealizados comparan la volatilidad de líquidos puros mediante el volumen de vapor representado. Aunque todos se equilibran contra una presión atmosférica cercana a 1 atm, el dibujo usa la expansión gaseosa como indicador indirecto. El recipiente con mayor volumen de vapor corresponde a la sustancia más volátil (Q); el de menor volumen, a la menos volátil de todas.

En las figuras con una columna de mercurio, se observa el desplazamiento del líquido entre los brazos del manómetro. Esa diferencia de altura no representa directamente el volumen del vapor, sino la diferencia de presión ejercida por él. Cuanto mayor sea el desplazamiento de la columna, mayor será la presión de vapor de la sustancia. Así, tanto una presión interna elevada como una mayor cantidad de vapor en condiciones comparables indican que más materia ha pasado a la fase gaseosa; por ello, la sustancia presenta mayor volatilidad.

La volatilidad también cambia con la temperatura y la presión externa, aunque no debe confundirse con el punto de ebullición. Una sustancia puede pasar gradualmente a la fase gaseosa a cualquier temperatura mediante evaporación; sin embargo, al aumentar la temperatura, más partículas poseen energía suficiente para escapar y aumenta su presión de vapor. Por ello, la volatilidad es inversamente proporcional al punto de ebullición: una sustancia más volátil suele hervir a menor temperatura. Además, al disminuir la presión externa, se facilita tanto la ebullición como el paso de partículas hacia la fase gaseosa; en consecuencia, la volatilidad aumenta.

Una sustancia líquida se evapora por completo más rápido que otra cuando presenta mayor presión de vapor y, por tanto, mayor volatilidad, bajo las mismas condiciones de temperatura y presión.

Ley de Henry

Aunque la ley de Henry no es una propiedad coligativa, se relaciona con ellas porque ambas estudian el equilibrio entre una fase gaseosa y una fase acuosa. Las propiedades coligativas indican que un soluto no volátil disminuye la presión de vapor del disolvente, es decir, reduce su tendencia a escapar hacia el gas. La ley de Henry, en cambio, describe qué ocurre con un gas que está sobre una disolución: al aumentar su presión parcial, aumenta la cantidad de gas que puede permanecer disuelta en el agua. Por tanto, una presión mayor favorece que más partículas gaseosas entren en la fase acuosa y disminuye la proporción que permanece libre como vapor.

En las evaluaciones de estado no suele ser necesario aplicar la fórmula de la ley de Henry ni usar constantes. Basta interpretar las figuras: si aumenta la presión ejercida por un gas sobre el líquido, más partículas son empujadas y retenidas dentro de la fase acuosa. Una representación con muchas partículas en la parte superior indica una menor disolución relativa; una figura donde más partículas aparecen sumergidas representa una mayor solubilidad del gas. La idea clave es sencilla: a mayor presión del gas, mayor cantidad de partículas disueltas en el agua.

Figura 2. En la [ley de Henry] (izquierda), una baja presión atmosférica favorece un aumento en la presión de vapor, lo que provoca que el soluto volátil escape, ya que su solubilidad disminuye. Por el contrario (derecha), cuando la presión aumenta, contrarrestando la presión de vapor, el equilibrio favorece la disolución del gas, lo que hace que las sustancias regresen al estado líquido, lo que se interpreta como un aumento en la solubilidad.

Descenso en la presión de vapor

La presión de vapor es la presión ejercida por las partículas que han escapado desde la superficie de un líquido hacia la fase gaseosa cuando se alcanza un equilibrio dinámico. Incluso a temperatura ambiente, algunas moléculas de agua poseen suficiente energía cinética para vencer parcialmente las fuerzas intermoleculares y abandonar el líquido. Al mismo tiempo, otras moléculas de vapor regresan a la superficie. Cuando ambas velocidades se igualan, se establece el equilibrio líquido-vapor.

Si se disuelve una sustancia no volátil, como azúcar o sal, disminuye la fracción de superficie ocupada por moléculas de disolvente y se reduce la tendencia global de estas a escapar. En consecuencia, la disolución presenta una presión de vapor menor que la del disolvente puro a la misma temperatura. Esta es la primera propiedad coligativa: el soluto disminuye la facilidad con que el disolvente alcanza la fase gaseosa.

La palabra importante aquí es proporción. Una pequeña cantidad de soluto produce un efecto pequeño; una mayor concentración efectiva de partículas produce una disminución más marcada de la presión de vapor. Por esta razón, un soluto que genera varios iones puede provocar un efecto coligativo mayor que una sustancia molecular que permanece como una sola entidad en la disolución.

Diagrama

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Figura 3. [El diagrama de punto triple] es un tipo de diagrama de fases que relaciona presión y temperatura para mostrar los estados sólido, líquido y gas de una sustancia. El punto triple indica la coexistencia simultánea de las tres fases en equilibrio, mientras que el punto crítico marca el límite donde desaparece la distinción entre líquido y gas.

Figura 4. [La curva de calentamiento] es una forma simplificada del diagrama de fases a presión constante. Los tramos inclinados representan una sola fase, mientras que las mesetas indican cambios de fase, donde la temperatura permanece constante. Estas regiones reflejan resistencia al cambio, ya que el sistema requiere energía y tiempo para reorganizar su estructura molecular.

Figura 5. [La ley de Raoult y agua de mar]. La ley de Raoult explica que una mayor salinidad neta reduce la presión de vapor del agua. Esta salinidad incluye NaCl y otras sales disueltas, como sulfatos y cloruros. Por ello, mares más salinos, como el mar Rojo, evaporan menos, hierven a mayor temperatura y se congelan a menor temperatura que aguas menos salinas.

Desplazamiento de temperaturas críticas

La elevación ebulloscópica es el aumento del punto de ebullición de una disolución respecto al disolvente puro. La ebullición ocurre cuando la presión de vapor iguala la presión externa; como un soluto no volátil reduce la tendencia del disolvente a escapar, se necesita una temperatura mayor para alcanzar esa condición. En cambio, el descenso crioscópico es la disminución del punto de congelación de una disolución. El disolvente debe enfriarse más para formar una estructura sólida estable.

Ambos fenómenos dependen de un mismo principio: las entidades disueltas modifican la movilidad y el equilibrio de las partículas del disolvente. En la ebullición, el soluto disminuye la cantidad de moléculas capaces de pasar a la fase gaseosa; en el congelamiento, dificulta que las moléculas se ordenen en una red cristalina. Por ello, una mayor concentración efectiva de partículas produce mayor elevación del punto de ebullición y mayor descenso del punto de congelación.

Diagrama

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Figura 6. [Aumento ebulloscópico y depresión crioscópica]. Para evitar confusiones, las temperaturas del solvente y de la disolución se tratan como estados del mismo sistema. La temperatura inicial corresponde al solvente puro y la final a la disolución, lo que permite aplicar la función diferencia ΔT. Solo así es válido restar temperaturas, ya que el álgebra exige igual identidad para operar magnitudes.

Presión osmótica

La ósmosis aparece cuando dos regiones con distinta concentración están separadas por una membrana semipermeable. Esta membrana permite el paso del disolvente, pero limita o impide el paso del soluto. Si un lado contiene disolvente puro y el otro una disolución, el disolvente tiende a desplazarse hacia la región donde hay mayor concentración efectiva de partículas disueltas.

Ese desplazamiento no ocurre porque el soluto “succione” el agua como una esponja. Ocurre porque el sistema busca equilibrar la actividad del disolvente en ambos lados de la membrana. La entrada de disolvente diluye la solución más concentrada y reduce la diferencia entre las dos regiones. La presión osmótica es la presión externa mínima que debe aplicarse sobre la disolución para impedir ese flujo neto de disolvente.

Figura 7. [Ósmosis y tonicidad]. En soluciones isotónicas, el agua entra y sale de las células sin cambiar de forma apreciable su volumen. En medios hipotónicos, el agua ingresa, causa hinchamiento y puede provocar lisis; en medios hipertónicos, sale y produce arrugamiento o plasmólisis. Para resistir estas tensiones, los organismos emplean paredes celulares, transporte activo, vacuolas contráctiles y solutos compatibles para ajustar su equilibrio interno.

La presión osmótica resulta especialmente importante en células, organismos vivos, conservación de alimentos, desalinización y tratamientos médicos. Una solución demasiado concentrada puede extraer agua de las células; una solución demasiado diluida puede favorecer su entrada excesiva. En todos estos casos, el efecto depende de la concentración neta de partículas, especialmente de iones y moléculas que no atraviesan libremente la membrana.

Modelo matemático

El modelo matemático de las cuatro propiedades coligativas parece complejo porque presenta cuatro ecuaciones con constantes independientes. Estas son necesarias cuando se desean calcular valores finales de presión, temperatura o presión osmótica. Sin embargo, en ejercicios de comparación relativa —por ejemplo, determinar qué disolución posee mayor propiedad coligativa— puede emplearse una sola relación: la cantidad total de entidades efectivas presentes en la disolución. Esta idea extiende la ley de Proust a las especies producidas al disolver o ionizar un soluto. Según el [Axioma del factor de Van’t Hoff] forma [1], esta cantidad puede expresarse como nef = i · n, donde n representa la cantidad de sustancia inicial e i indica cuántas partículas efectivas produce cada unidad fórmula.

La misma relación funciona para las cuatro propiedades: a mayor concentración de partículas efectivas, más marcado será el descenso de la presión de vapor, mayor la elevación ebulloscópica, mayor el descenso crioscópico y mayor la presión osmótica. La glucosa posee idealmente i = 1 porque permanece como moléculas individuales; el NaCl posee i = 2 en el modelo ideal porque origina Na⁺ y Cl⁻. Por ello, una disolución ideal de glucosa de 2 mol/L tendría una concentración efectiva cercana a 2 mol/L de entidades, comparable con una disolución ideal de NaCl de 1 mol/L, que también genera aproximadamente 2 mol/L de partículas. En la realidad, la solvatación y las interacciones entre iones pueden reducir el valor efectivo de i para el NaCl, por ejemplo hasta cerca de 1.9.

Así, antes de buscar constantes o aplicar ecuaciones extensas, conviene comparar i · c, es decir, la concentración efectiva de entidades. El énfasis final dependerá de la propiedad estudiada, pero el razonamiento inicial es común: más partículas dispersas producen un cambio coligativo más intenso.

Referencias

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lunes, 26 de mayo de 2025

Incremento ebulloscópico y depresión crioscópica

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Desde un punto de vista cualitativo, las propiedades coligativas se basan en la resistencia de una disolución al cambio físico: cuanto mayor es la cantidad de soluto disuelto, mayor es dicha resistencia. En el caso de la disminución de la presión de vapor, visto anteriormente, un aumento de la concentración implica que menos moléculas de solvente logran escapar a la fase gaseosa, es decir, el sistema se opone al cambio de fase de líquido a gas

Figura 1. [Ernst Otto Beckmann] fue un químico físico alemán conocido por inventar el termómetro de Beckmann, esencial para medir pequeñas variaciones de temperatura. Sus investigaciones sobre propiedades coligativas, crioscopía y ebullioscopía permitieron determinar masas molares con gran precisión, impulsando el desarrollo de la fisicoquímica y la instrumentación científica.

Figura 2. [Helen Dick Megaw] fue una cristalógrafa y química británica especializada en difracción de rayos X. Sus investigaciones sobre el titanato de bario revelaron la estructura de los materiales ferroeléctricos, impulsando el desarrollo de capacitores, sensores y dispositivos piezoeléctricos. Es una figura clave en la cristalografía y la ciencia de materiales.

Un comportamiento análogo se observa en las propiedades relacionadas con la temperatura. Las disoluciones más concentradas se resisten a cambiar de fase, lo que provoca la depresión del punto de congelación, haciendo que sea más difícil congelar una disolución que una sustancia pura. De manera complementaria, se produce la elevación del punto de ebullición, por lo que resulta más difícil hervir una disolución que el solvente puro.

Figura 3. [Aumento ebulloscópico y depresión crioscópica]. Para evitar confusiones, las temperaturas del solvente y de la disolución se tratan como estados del mismo sistema. La temperatura inicial corresponde al solvente puro y la final a la disolución, lo que permite aplicar la función diferencia ΔT. Solo así es válido restar temperaturas, ya que el álgebra exige igual identidad para operar magnitudes.

Diferencia de temperatura

 Recordando las propiedades de la notación diferencia, en esta sección trabajaremos con dos tipos de diferencias de temperatura: la diferencia del punto de fusión y la diferencia del punto de ebullición. En principio, estas diferencias podrían distinguirse mediante subíndices; sin embargo, no resulta estrictamente necesario, ya que en ambos casos puede aprovecharse una propiedad fundamental de la función diferencia: su sentido.

Cuando la diferencia es negativa, estamos ante una depresión crioscópica; cuando la diferencia es positiva, se trata de una elevación ebulloscópica. Por esta razón, la función diferencia asociada a estas dos temperaturas puede expresarse a priori simplemente como ΔT, dejando que el signo del resultado indique la naturaleza física del fenómeno.

La constante

Por la misma razón expuesta anteriormente, al expresar matemáticamente los teoremas de cambio de punto crítico debemos incorporar desde el inicio el signo adecuado en las constantes correspondientes. Con el fin de simplificar la notación y evitar la proliferación innecesaria de fórmulas, unificaremos las dos leyes —depresión crioscópica y elevación ebulloscópica— en una única expresión. Para ello, asignaremos a la constante una notación de cuasivector, lo que permite recordar que dicha constante posee sentido: positivo en el caso de la constante ebulloscópica y negativo en el de la constante crioscópica. De este modo, se mantiene la coherencia conceptual del curso y se refuerza la doctrina de minimizar la multiplicación innecesaria de funciones, privilegiando estructuras formales más generales y elegantes.

[Teoremas del aumento ebulloscópico y depresión crioscópica]

Factor marcado

[1] Diferencia de temperatura

[2] Teorema del aumento ebulloscópico o de la depresión crioscópica.

[3] Teorema del aumento ebulloscópico o de la depresión crioscópica.

Álgebra simbólica

[1] Diferencia de temperatura

[2] Teorema del aumento ebulloscópico o de la depresión crioscópica.

[3] Teorema de la concentración molal efectiva.

Demostraciones

Parámetros y unidades comunes

\(\Delta T\) Diferencia en la temperatura crítica del sistema (°C) o (K). Si es (negativo) es la depresión crioscópica; Si es (positivo) es el aumento ebulloscópico.

\(T\) Temperatura final o de equilibrio del sistema (°C) o (K).

\(T^o\) Temperatura inicial o estándar del sistema, se asume como igual a alguna temperatura crítica del solvente puro para la fusión o la ebullición según corresponda con el enunciado (°C) o (K). Nota: la temperatura elegida debe corresponder con su constante, no podemos operar una temperatura de ebullición con una constante crioscópica.

\( \overset{\rightharpoonup }{k} \) Cuasivector de la constante crítica (°C kg / mol) o (°C / m). Si se usa la forma crioscópica se sustituye con signo negativo; si se usa la forma ebulloscópica se sustituye con signo positivo. Los valores mas comunes se encuentran en las  [Tablas de constantes crioscópicas y ebulloscópicas]

\(b_{ef}\) Molalidad efectiva (kg / mol) o (m). La molalidad efectiva no tiene identidad, por lo que puede ser un parámetro generado ya sea por una sola sustancia o una mezcla, en caso de mezclas en una misma cantidad de solvente, debemos usar la forma [3] de [Teo. de la cantidad de sustancia efectiva] para calcular la cantidad efectiva del soluto.

\(b_i\) Molalidad de una sustancia molecular que aun no ha ionizado (kg / mol) o (m).

\( \mathscr{i}_i\) Factor de Van't Hoff o factor de ionización (adimensional). Su valor teórico es la suma de subíndice de iones o experimental [Tabla de factor de van´t Hoff]. Para las sustancias no ionizables su valor siempre es 1.

En caso de que la molalidad se encuentre definida en otras unidades de concentración recuerda que puedes usar [Axioma de la molalidad y sus teoremas vinculados].

Mas sobre los diagramas de fase

La figura 1 nos mostró la explicación del aumento ebulloscópico y el descenso crioscópico usando una figura de diagrama de punto triple (una forma especial de diagrama de fases), pero no la explicamos a profundidad, así que vale la pena discutirla.

El diagrama de fases es una herramienta gráfica que muestra cómo los diferentes estados de la materia (sólido, líquido, gas y estado supercrítico) se relacionan con las variables de presión y temperatura. Este diagrama permite entender cómo varían las condiciones para que una sustancia pase de un estado a otro, proporcionando una representación visual clara de las fronteras entre diferentes fases de la materia. A medida que se modifica la presión y la temperatura, el estado de la materia cambia, y el diagrama ayuda a predecir esas transiciones.

El diagrama se divide en varias regiones que corresponden a cada uno de los estados de la materia: sólido, líquido, gas y supercrítico. Las líneas que delimitan estas regiones se conocen como fronteras de fase. Estas fronteras representan combinaciones específicas de presión y temperatura que determinan el cambio de estado. Por ejemplo, una sustancia puede estar en estado sólido a bajas temperaturas y altas presiones, en estado líquido a temperaturas y presiones intermedias, y en estado gaseoso a altas temperaturas y bajas presiones.

Uno de los puntos clave del diagrama es el punto triple, que se da cuando las fronteras de los tres estados de la materia (sólido, líquido y gas) se encuentran en una sola combinación de presión y temperatura. En este punto, los tres estados coexisten en equilibrio. Para el agua, este punto ocurre a una temperatura de 0.01 °C y una presión de 0.006 atm, lo que implica que en estas condiciones, el agua puede estar en forma de hielo, líquido y vapor al mismo tiempo. Este fenómeno es único para cada sustancia y depende de sus propiedades específicas.

Diagrama

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Figura 4. [El diagrama de punto triple] es un tipo de diagrama de fases que relaciona presión y temperatura para mostrar los estados sólido, líquido y gas de una sustancia. El punto triple indica la coexistencia simultánea de las tres fases en equilibrio, mientras que el punto crítico marca el límite donde desaparece la distinción entre líquido y gas.

Otro punto significativo en el diagrama es el punto crítico, que es la combinación de temperatura y presión en la que una sustancia experimenta un comportamiento muy peculiar y a menudo difícil de imaginar. En este punto, la sustancia no se comporta completamente como un líquido ni como un gas, sino que entra en lo que se conoce como estado supercrítico. Para el agua, el punto crítico ocurre a 374 °C y 217.7 atm. En estas condiciones, el agua ya no tiene una distinción clara entre sus fases líquida y gaseosa, y sus propiedades físicas se vuelven más difíciles de predecir con nuestra intuición habitual. En el estado supercrítico, el fluido tiene la capacidad de difundir como un gas pero disolver sustancias como un líquido. 

El diagrama de fases no solo depende de las condiciones externas como la temperatura y la presión, sino que también se ve afectado por otros factores, como la identidad de la sustancia. Cada material tiene un diagrama de fases único basado en sus propiedades moleculares, lo que significa que la temperatura y la presión necesarias para cambiar de fase varían según el tipo de sustancia. Además, la presencia de impurezas o partículas de soluto en una sustancia también influye en su comportamiento de fase. Por ejemplo, la presencia de un soluto puede bajar la frontera de congelación y generar un descenso crioscópico, lo que significa que una solución se congelará a temperaturas más bajas que el solvente puro. Este efecto es la razón por la cual, por ejemplo, se utiliza sal sobre las carreteras en invierno para evitar la formación de hielo.

De manera similar, aumentar la cantidad de soluto en un líquido puede elevar el punto de ebullición, lo que lleva a un aumento ebulloscópico. Este fenómeno indica que una solución hirviente requerirá una mayor temperatura para alcanzar el punto de ebullición en comparación con el solvente puro. La sal en el agua, por ejemplo, aumenta la temperatura de ebullición del agua, lo que se puede observar en el proceso de cocción de alimentos como la pasta.

Además del diagrama de fases general, existe una versión simplificada a temperatura constante que se centra en la relación entre el calor agregado y los tres estados básicos de la materia: sólido, líquido y gas. Este diagrama se utiliza para visualizar cómo una sustancia transita entre estas fases al agregar calor sin tener que considerar las condiciones extremas del punto crítico o el estado supercrítico. En este caso, se mantiene una presión constante, y el objetivo es observar la temperatura de la sustancia cuando se le añade calor.

En este tipo de diagrama, se observa que la frontera de fase no ocurre de manera instantánea, como podría pensarse intuitivamente. En realidad, cuando se añade calor a una sustancia, su temperatura no aumenta de inmediato, ya que durante las transiciones de fase, como de sólido a líquido (fusión) o de líquido a gas (vaporización), el calor se usa para cambiar el estado de la materia en lugar de aumentar su temperatura. Este comportamiento refleja la coexistencia de fases en un mismo sistema, donde la sustancia no se convierte de un estado a otro de manera instantánea, sino que existe un lapso durante el cual las dos fases (por ejemplo, sólido y líquido) pueden coexistir en equilibrio.

Figura 5. [La curva de calentamiento] es una forma simplificada del diagrama de fases a presión constante. Los tramos inclinados representan una sola fase, mientras que las mesetas indican cambios de fase, donde la temperatura permanece constante. Estas regiones reflejan resistencia al cambio, ya que el sistema requiere energía y tiempo para reorganizar su estructura molecular.

El calor y la temperatura son magnitudes relacionadas, pero no equivalentes. La temperatura describe el estado térmico de un sistema y está asociada a la energía cinética promedio de sus partículas; por ello, indica qué tan caliente o frío está un cuerpo en un instante dado. Es una propiedad intensiva, lo que significa que no depende de la cantidad de materia presente. Dos sistemas con masas muy distintas pueden tener la misma temperatura si sus partículas poseen, en promedio, la misma energía cinética. 

El calor, en cambio, es energía en tránsito que se transfiere entre sistemas debido a una diferencia de temperatura. No es una propiedad del sistema, sino un proceso que ocurre durante una interacción térmica. Por esta razón, el calor es una magnitud extensiva: la cantidad transferida depende de la masa, del camino seguido y de los cambios de fase involucrados. Un sistema puede recibir calor sin aumentar su temperatura, como sucede durante una fusión o ebullición, lo que evidencia que calor mide intercambio energético, mientras que temperatura mide estado vibracional.

Este fenómeno se observa claramente en el punto de fusión y en el punto de ebullición, donde el calor añadido se destina a superar las fuerzas intermoleculares que mantienen unidas a las partículas en un estado específico. Durante estos procesos, aunque se siga añadiendo calor, la temperatura permanece constante hasta que toda la sustancia haya cambiado de fase. Este comportamiento muestra que la conversión de fases no es instantánea, ya que hay un proceso de transformación gradual.

Por ejemplo, al calentar agua a temperatura constante, si se encuentra en estado sólido (hielo), al llegar al punto de fusión (0 °C a presión atmosférica), el calor añadido primero se usa para derretir el hielo, sin que la temperatura del agua aumente durante el proceso de fusión. Lo mismo sucede cuando se calienta agua líquida al punto de ebullición (100 °C a presión atmosférica): la temperatura se mantiene constante mientras el líquido se convierte en gas, ya que todo el calor se destina a superar las fuerzas de cohesión entre las moléculas de agua para que se conviertan en vapor.

Este diagrama simplificado a temperatura constante pone de manifiesto que, en estas transiciones de fase, hay un equilibrio dinámico entre los estados de la materia. A medida que se sigue agregando calor, las moléculas en el estado sólido comienzan a separarse y entrar en el estado líquido, y luego las moléculas líquidas se separan aún más para formar gas. Es importante destacar que este proceso gradual no es instantáneo, ya que el sistema necesita un tiempo para que las moléculas se reorganicen y se ajusten a la nueva fase.

Este tipo de análisis es especialmente útil para comprender que las transiciones de fase no son simples cambios rápidos, sino que implican una serie de ajustes a nivel molecular. Además, indica que, en este tipo de procesos, la energía se distribuye de manera diferente en función de la fase a la que la sustancia está transitando.

Referencias

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