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martes, 13 de octubre de 2026

Figura. Domesticación del maíz

El maíz moderno, cuyo nombre científico es Zea mays, procede de la domesticación del teosinte, una gramínea silvestre originaria de México. Su principal antepasado pertenece a la subespecie Zea mays subsp. parviglumis. Hace aproximadamente 9000 años, los primeros agricultores comenzaron a seleccionar plantas con características hereditarias favorables para la alimentación. El teosinte presenta numerosos tallos ramificados y pequeñas estructuras reproductivas con pocos granos protegidos por cubiertas endurecidas. En cambio, el maíz cultivado desarrolla grandes mazorcas con abundantes granos comestibles. Estas diferencias surgieron gradualmente mediante selección artificial, acumulando cambios genéticos durante muchas generaciones (Matsuoka et al., 2002).

La transformación también modificó la arquitectura vegetal, especialmente la distribución de los tallos, las ramas y las inflorescencias femeninas. Uno de los genes fundamentales fue teosinte branched1 (tb1), relacionado con la dominancia apical, fenómeno que favorece el crecimiento del tallo principal y limita el desarrollo de ramas laterales. Otro gen importante, teosinte glume architecture1 (tga1), interviene en las características de las cubiertas protectoras del grano. Las variantes seleccionadas permitieron que los granos del maíz quedaran más expuestos y fueran fáciles de aprovechar como alimento. Estos cambios demuestran cómo pequeñas modificaciones del ADN pueden producir grandes diferencias en el fenotipo vegetal (Doebley et al., 1997; Wang et al., 2005).

La domesticación del maíz representa uno de los ejemplos más importantes de evolución dirigida por seres humanos. Al conservar semillas de plantas con mazorcas grandes y mayor rendimiento alimentario, los agricultores modificaron las frecuencias alélicas de sus poblaciones. Sin embargo, el teosinte conserva una valiosa diversidad genética, incluyendo variantes que pueden contribuir a la resistencia a enfermedades y la adaptación a condiciones ambientales difíciles. Por ello, estudiar los parientes silvestres permite desarrollar estrategias de mejoramiento genético y conservar recursos importantes para la seguridad alimentaria (Matsuoka et al., 2002).

Doebley, J., Stec, A., & Hubbard, L. (1997). The evolution of apical dominance in maize. Nature, 386, 485–488. https://doi.org/10.1038/386485a0

Matsuoka, Y., Vigouroux, Y., Goodman, M. M., Sánchez G., J., Buckler, E., & Doebley, J. (2002). A single domestication for maize shown by multilocus microsatellite genotyping. Proceedings of the National Academy of Sciences, 99(9), 6080–6084. https://doi.org/10.1073/pnas.052125199

Wang, H., Nussbaum-Wagler, T., Li, B., Zhao, Q., Vigouroux, Y., Faller, M., Bomblies, K., Lukens, L., & Doebley, J. F. (2005). The origin of the naked grains of maize. Nature, 436, 714–719. https://doi.org/10.1038/nature03863

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