Durante la apertura de la boca, los músculos epaxiales elevan el neurocráneo, mientras los músculos hipaxiales y el esternohioideo retraen y deprimen el aparato hioideo. Simultáneamente, el suspensorio puede desplazarse lateralmente y la mandíbula desciende. El resultado no es únicamente una expansión vertical: la cavidad bucofaríngea aumenta también en anchura y longitud. Los distintos componentes craneales se mueven en secuencia, generando una expansión tridimensional extremadamente rápida. Esta coordinación explica por qué un cráneo fragmentado y articulado puede constituir una ventaja funcional frente a una estructura rígida cuando el animal captura presas dentro del agua.
El aumento súbito del volumen bucal provoca una disminución transitoria de la presión interna respecto del agua circundante. Se establece entonces un gradiente de presión que acelera agua hacia la boca y arrastra consigo presas, partículas y otros materiales. Este fenómeno se denomina alimentación por succión; no es estrictamente un sifón, porque no depende de gravedad ni de una columna continua de líquido, sino del cambio rápido de presión generado por el movimiento craneal. Después, el agua atraviesa la cavidad faríngea y sale hacia las aberturas operculares, mientras el alimento queda retenido y es manipulado. Así, la movilidad craneal de los peces integra locomoción ósea, musculatura y dinámica de fluidos.
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