Su contribución más conocida fue el desarrollo de un medidor de pH de alta precisión para aplicaciones biológicas y médicas. Antes de la difusión de estos instrumentos, la acidez de muchas soluciones se estimaba mediante indicadores colorimétricos, un método útil pero limitado por la percepción visual del observador. Kerridge diseñó un sistema basado en electrodos que permitía medir el pH de forma objetiva, rápida y reproducible, facilitando el estudio de la sangre, los fluidos corporales y numerosas muestras biológicas. Este avance tuvo un impacto considerable en la investigación clínica, ya que el control preciso del pH es fundamental para comprender el funcionamiento del organismo y diagnosticar alteraciones fisiológicas. Sus trabajos también impulsaron la incorporación de métodos electroquímicos en laboratorios de investigación y hospitales.
Además de sus aportes científicos, Phyllis Tookey Kerridge fue una firme defensora de la aplicación de la ciencia para mejorar la calidad de vida. Participó en investigaciones relacionadas con la audición, el diseño de audífonos y la accesibilidad para personas con discapacidad auditiva, demostrando un fuerte compromiso con la investigación aplicada. Aunque falleció prematuramente a los 39 años, dejó una huella duradera en la bioquímica, la fisiología, la electroquímica y la tecnología médica. Hoy es recordada como una pionera de la instrumentación científica, cuyos desarrollos contribuyeron a hacer más precisas las mediciones químicas utilizadas en la medicina moderna.
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