Sistema circulatorio de un pez estrictamente acuático, usando el cuerpo de un tiburón como modelo general. Los tiburones no poseen vejiga natatoria, por lo que su arquitectura interna puede mostrarse sin esa bolsa de flotación, y eso facilita observar el recorrido básico de la sangre. En la figura, la sangre pobre en oxígeno aparece en azul y se dirige desde el corazón hacia las branquias. Allí ocurre la ventilación, es decir, el intercambio de gases entre el ambiente acuático y el cuerpo: el agua aporta O₂ disuelto y recibe CO₂ producido por el metabolismo.
Después de pasar por las branquias, la sangre se enriquece con oxígeno y cambia funcionalmente a sangre oxigenada, representada en rojo. Sin embargo, ese oxígeno en la sangre no sirve de mucho si no llega hasta el vecindario microscópico donde viven las células. Por eso aparece la perfusión, que es el transporte interno de gases y sustancias mediante la circulación. La sangre oxigenada viaja hacia distintas regiones del cuerpo y, al llegar a los capilares, puede entregar oxígeno y nutrientes, mientras recoge dióxido de carbono y otros desechos celulares.
Los capilares son vasos muy delgados que permiten el intercambio porque sus paredes reducen la distancia entre sangre y tejidos. Los tejidos suelen estar organizados en regiones delimitadas por fronteras biológicas como la membrana basal y la matriz extracelular, que ayudan a mantener cada estructura en su lugar. Para intercambiar sustancias, las células dependen de capilares cercanos, no de grandes vasos gruesos. Como detalle importante, se dice que un cáncer hace metástasis cuando algunas células tumorales rompen esas fronteras, invaden tejidos vecinos y logran entrar a vasos sanguíneos o linfáticos para viajar hacia otras zonas del cuerpo.
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