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miércoles, 4 de marzo de 2026

Figura. El órgano vomeronasal

 
El órgano vomeronasal, también llamado órgano de Jacobson, es una estructura quimiosensorial localizada en la región inferior del tabique nasal, cerca del piso de la cavidad nasal. Está revestido por un epitelio sensorial especializado capaz de detectar determinadas moléculas químicas presentes en el ambiente o liberadas por otros organismos. A diferencia del epitelio olfativo principal, que participa en la percepción general de los olores transportados por el aire, el sistema vomeronasal suele estar especializado en la detección de señales químicas específicas, especialmente feromonas asociadas a comunicación social, territorialidad o reproducción. En muchos vertebrados, esta estructura funciona como un sistema sensorial paralelo al olfato principal y se conecta con regiones particulares del bulbo olfatorio accesorio en el cerebro.

En diversos linajes de vertebrados terrestres, el órgano vomeronasal alcanza un desarrollo notable. En muchos reptiles escamosos, como serpientes y lagartos, constituye un sistema altamente eficiente para analizar señales químicas del entorno. En serpientes como Pantherophis guttatus o Crotalus durissus, la lengua bífida recoge partículas odorantes del aire o del suelo y las introduce en los conductos vomeronasales, permitiendo comparar gradientes químicos laterales y determinar la dirección de una presa o de un rastro. En algunos mamíferos, como roedores o ungulados, el órgano vomeronasal también participa en la detección de feromonas que regulan conductas reproductivas y sociales. Sin embargo, a lo largo de la evolución de varios grupos de vertebrados, especialmente algunos primates, esta estructura ha experimentado una reducción progresiva en comparación con el epitelio olfativo principal.

En los humanos, el órgano vomeronasal se considera generalmente rudimentario o vestigial. Anatómicamente puede presentarse como una pequeña depresión o conducto en el tabique nasal anterior, pero carece de la organización neuronal completa observada en especies donde el sistema vomeronasal es plenamente funcional. Por esta razón, la mayor parte de la percepción química compleja en nuestra especie depende del epitelio olfativo principal y del olfato retronasal, que participa en la percepción de sabores durante la alimentación. Aunque algunos estudios han propuesto posibles respuestas fisiológicas a determinadas moléculas asociadas a feromonas, el consenso actual indica que en humanos el órgano vomeronasal no desempeña el papel conductual que tiene en muchos otros vertebrados.

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