En la condición pleurodonta, típica de muchos
lagartos, el diente se adhiere a la cara interna del hueso mediante anquilosis
lateral. No existe un alvéolo profundo, pero sí un reemplazo continuo desde la
cara lingual, donde nuevos dientes en desarrollo empujan a los funcionales hacia
afuera.
En la condición tecodonta, el diente se inserta en un
alvéolo bien definido y está suspendido por un ligamento periodontal
especializado, lo que permite amortiguación mecánica durante la mordida.
Esta configuración facilita un control preciso de fuerzas y es característica
de crocodilianos y mamíferos. En crocodilios, el reemplazo es continuo mediante
dientes sucesivos alojados bajo el alvéolo funcional. En mamíferos, en cambio,
el patrón suele ser difiodonto, con dentición decidua y permanente, y
mínima reposición posterior. La tecodoncia permite mayor estabilidad,
integración vascular y remodelación ósea localizada, optimizando resistencia y
precisión masticatoria.
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