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miércoles, 11 de febrero de 2026

Figura: Labios del tiranosaurio

 

La llamada hipótesis de los labios en dinosaurios terópodos fue defendida recientemente por el paleontólogo Thomas M. Cullen, entre otros investigadores, a partir de evidencia comparativa, funcional y tafonómica. Tradicionalmente, la iconografía popular representó a depredadores como Tyrannosaurus rex con los dientes permanentemente expuestos, en parte por influencia cinematográfica y por analogía superficial con cocodrilos. Sin embargo, Cullen y colaboradores argumentaron que esta imagen responde más a una estética cultural de agresividad que a un análisis anatómico riguroso. Al comparar la microestructura del esmalte, la disposición alveolar y la proporción diente-mandíbula en terópodos con la de reptiles actuales, observaron que los dientes de los dinosaurios no mostraban patrones de desgaste compatibles con una exposición constante al aire, lo que sugiere la presencia de tejidos blandos labiales que los cubrían en reposo.

El argumento filogenético es igualmente sólido. Los dinosaurios no avianos están más estrechamente emparentados con las aves modernas que con los cocodrilos. En aves, incluso cuando el pico está altamente modificado, existe un recubrimiento queratinoso derivado de tejidos labiales ancestrales. En muchos linajes de dinosaurios, como los ornitomimosaurios, ovirraptorosaurios y ceratopsios, se desarrollaron picos queratinizados análogos a los de las aves actuales. Estos picos representan una transformación evolutiva de estructuras labiales, no su ausencia. Desde esta perspectiva, asumir que grandes terópodos carecían de labios implicaría aceptar una condición más similar a la de cocodrilos, pese a que la evidencia osteológica no respalda una convergencia tan específica.

Además, la biomecánica respalda la hipótesis. Los dientes de terópodos eran relativamente largos y delgados; mantenerlos expuestos de forma permanente habría incrementado el riesgo de deshidratación del esmalte y microfracturas. La presencia de labios habría contribuido a mantener un microambiente húmedo, como ocurre en lagartos actuales. La lección metodológica es clara: la reconstrucción paleobiológica debe basarse en evidencia comparativa y principios evolutivos, no en lo “tradicional” o visualmente “impactante”. La imagen de dinosaurios con labios puede parecer menos feroz, pero es más coherente con la biología evolutiva y la anatomía funcional.

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