Un aspecto clave es la articulación cuadrado–angular, que funciona como el eje principal de la mandíbula. El hueso cuadrado (derivado del arco mandibular superior) se articula con el angular y el dentario en la mandíbula inferior, permitiendo apertura y cierre eficientes. Este sistema no es rígido, sino altamente móvil, facilitando mecanismos complejos como la succión en la captura de presas. A diferencia de los vertebrados terrestres, donde el cráneo se articula con una columna cervical móvil, en los peces óseos esta movilidad es mucho más limitada a nivel craneal posterior.
Esto se relaciona con la serie de huesos del cinturón pectoral, como el cleitro, supracleitro y postcleitro, que están firmemente conectados al cráneo. Estos huesos son homólogos a los elementos del hombro en vertebrados terrestres, lo que implica que en los peces óseos el cráneo está estructuralmente unido al tronco. Como consecuencia, los peces no poseen un cuello móvil como los tetrápodos; en lugar de mover la cabeza de forma independiente, deben movilizar gran parte del cuerpo para cambiar la dirección de la boca. Esta condición refleja un estado evolutivo donde la separación entre cabeza y cintura escapular aún no se ha desarrollado completamente.
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