Un ejemplo fascinante proviene de los neandertales, quienes, hace más de 50 000 años, fueron capaces de sintetizar pegamento de alquitrán a partir de resinas vegetales. Este proceso requería un destilador rudimentario operando en condiciones anaeróbicas (sin oxígeno), para evitar que la resina ardiera durante el calentamiento. En términos modernos, esto implica control de variables, comprensión empírica de los materiales y una secuencia de ensayo y error que solo puede sostenerse dentro de una comunidad de aprendizaje. Así, los neandertales no solo cazaban o tallaban piedra: también manipulaban materia siguiendo principios químicos básicos.
Por tanto, todo lo esencial de la ciencia moderna ya estaba presente desde los orígenes: observación sistemática, técnica experimental, transmisión del conocimiento y colaboración social. Lo único ausente era el lenguaje escrito que más tarde codificaría las leyes y teorías. En este sentido, la química no nació en los laboratorios del siglo XVIII, sino junto al fuego de los primeros humanos que aprendieron a transformar la naturaleza, haciendo de la materia una extensión del pensamiento.
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