1. Ver la presentación
[Proceso digestivo en vertebrados Mandíbula, el oído y el habla, 1]
2.
Calcar las siguientes ilustraciones en el cuaderno
[Helen
Thompson Gaige] [Boca
de un pez sin mandíbula]
[Mandíbulas
primitivas] [Mandíbula
de tiburón]
[Cráneo
en peces óseos] [Cráneo
en tetrápodos primitivos]
3.
Transcribe el siguiente texto al cuaderno
Helen
Thompson Gaige (1890–1976) fue una herpetóloga estadounidense
destacada en la Universidad de Míchigan, donde trabajó en el Museum
of Zoology (UMMZ) estudiando anfibios y reptiles. Su labor combinó
investigación de campo, taxonomía y curaduría de colecciones. Fue especialmente
influyente como Editora en Jefe de Copeia, fortaleciendo los
estándares científicos y consolidando una comunidad internacional en
herpetología. Sus estudios sobre distribución y ecología de anfibios
aportaron bases importantes para la conservación biológica. En su honor
se creó el Premio Helen T. Gaige, reconociendo contribuciones en este
campo. Su legado también destaca por abrir camino a mujeres en la ciencia
en el siglo XX.
En peces sin mandíbula como Pteraspis,
la región oral carece de mordida activa y está formada por cartílagos
que delimitan una abertura rígida. Detrás se encuentra un sistema branquial en
forma de “cesta”, similar al de cefalocordados y tunicados,
especializado en filtración. Sin embargo, ya aparecen elementos
bucales con cierta movilidad, indicando una transición funcional. En
linajes posteriores, esta red se simplifica y reorganiza en estructuras
más articuladas, permitiendo una mejor ventilación y la captura
activa de alimento. Este proceso evolutivo culmina en la formación de las mandíbulas.
La figura muestra el cráneo interno de un placodermo
como Bothriolepis, destacando el condrocráneo y esplacnocráneo
que sostenían el encéfalo y la región branquial. Se identifican la cavidad
orbital, la abertura pineal y la cápsula nasal. En la zona
mandibular aparecen el palatocuadrado y el cartílago de Meckel,
junto a la hiomandíbula, claves en la articulación primitiva. Los arcos
branquiales posteriores evidencian una organización segmentada funcional.
La imagen representa un modelo idealizado del cráneo interno cartilaginoso.
Externamente existía un cráneo dérmico formado por placas óseas
protectoras. Ambos sistemas se integraron progresivamente, proporcionando rigidez
y soporte, constituyendo la base del cráneo en vertebrados mandibulados.
El cráneo de los peces óseos integra
huesos dérmicos y endoesqueléticos en una estructura diversa y funcional. En
formas poco derivadas se distinguen premaxilar, maxilar, dentario y el opérculo.
La articulación cuadrado–angular permite una mandíbula móvil eficiente,
clave para la succión. Los huesos del cinturón pectoral (como el cleitro)
están unidos al cráneo y son homólogos al hombro en tetrápodos. Por
ello, no existe un cuello móvil: la cabeza no se mueve de forma
independiente, sino junto al cuerpo, lo que refleja un estado evolutivo previo
a la separación cabeza–cintura escapular.
El cráneo de los peces óseos combina
huesos dérmicos y endoesqueléticos en una estructura funcional y diversa. En
formas poco derivadas se reconocen premaxilar, maxilar, dentario y el opérculo,
con múltiples modificaciones según la dieta. Destaca la articulación
cuadrado–angular, que permite una mandíbula móvil y eficiente, clave en la succión
alimentaria. Además, los huesos del cinturón pectoral como el cleitro
están unidos al cráneo y son homólogos a los hombros de tetrápodos. Por
ello, los peces óseos no poseen un cuello móvil: la cabeza está
integrada al cuerpo y el movimiento depende del desplazamiento corporal
completo.
La figura muestra una secuencia evolutiva
desde Eusthenopteron hasta Acanthostega, evidenciando cambios en
el cráneo y aparato visceral. El neurocráneo protege el encéfalo,
mientras el arco hioideo y los arcos branquiales participan en
ventilación y soporte. A medida que avanza la serie, el cráneo se vuelve más aplanado,
indicando adaptación a aguas someras. La mandíbula translúcida permite observar
su estructura interna. En Eusthenopteron, el hioides es robusto; en Panderichthys
se reorganiza el sistema branquial. Posteriormente, el hioides se divide en
funciones auditivas y faríngeas. En Acanthostega, los arcos branquiales
se reducen y la aleta se transforma en extremidad con dígitos, marcando
la transición pez–tetrápodo.
El cráneo de la rana muestra una
estructura ligera con neurocráneo compacto y huesos dérmicos como maxila
y premaxila. La mandíbula incluye el dentario y el articular,
donde destaca la articulación cuadrado–articular, aunque el cuadrado
está muy reducido, reflejando una simplificación evolutiva frente a otros
vertebrados. El aparato hioideo está altamente desarrollado, con el basihial
y elementos asociados formando una estructura amplia que sostiene la garganta y
permite funciones clave como el canto y la resonancia. Esta expansión
contrasta con la reducción mandibular y evidencia una reorganización funcional
del cráneo. La antigua hiomandíbula se transforma en un solo hueso del
oído medio, el stapes o columela, encargado de transmitir vibraciones.
Así, el cráneo anuro integra reducción estructural, especialización acústica y
adaptación terrestre.
5.
Calcar las siguientes ilustraciones en el cuaderno
[Variaciones
de la mandíbula de los peces]
Los teleósteos presentan una gran
diversidad ecológica, pero conservan un plan craneal básico común, con premaxila,
maxila, dentario y un opérculo que protege las branquias. Las
variaciones entre especies reflejan adaptaciones alimentarias: huesos más robustos
para triturar, hocicos cortos para alimentación selectiva o estructuras elongadas
con dientes prominentes para captura activa. Incluso en casos extremos como el needlefish,
la organización ósea se mantiene. Esto demuestra que la evolución en teleósteos
actúa principalmente mediante cambios proporcionales en tamaño y forma,
sin reemplazar los elementos fundamentales. Así, combinan una notable estabilidad
estructural con una alta flexibilidad funcional, lo que explica su
éxito evolutivo.