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martes, 18 de agosto de 2026

La tingua azul

 La tingua azul, calamoncillo americano o pollona azul, Porphyrio martinica, es un rállido vistoso de los humedales tropicales de América. En Colombia recibe el nombre de tingua azul y aparece tanto en tierras bajas como en humedales andinos durante sus movimientos estacionales. En Bogotá suele observarse entre octubre y marzo, cuando individuos migratorios llegan desde regiones más cálidas y, debido a vuelos nocturnos, algunos terminan agotados o desorientados en tejados, patios y parques. Globalmente se considera de Preocupación Menor por su amplia distribución, pero depende de pantanos vegetados y es vulnerable a amenazas locales. No debe tratarse como mascota: necesita descanso, atención especializada y liberación en hábitat apropiado (Secretaría Distrital de Ambiente, 2017).

Taxonómicamente pertenece al dominio Eukaryota, reino Animalia, filo Chordata, clase Aves, orden Gruiformes, familia Rallidae, género Porphyrio y especie P. martinica. Linneo la describió en 1766. El nombre Porphyrio deriva del griego porphyrios, “vestido de púrpura” o “purpúreo”, una referencia a los colores intensos de las gallinetas de este grupo. El epíteto martinica significa “de Martinica”, isla caribeña asociada con el origen del nombre. El género Porphyrio reúne calamones y gallinetas grandes, de pico robusto, escudo frontal y dedos largos. Dentro de las aves se relaciona con rascones, fochas, polluelas y gallaretas; comparte con ellos el cuerpo lateralmente comprimido y la adaptación a humedales, pero se distingue por su plumaje iridiscente y capacidad para caminar sobre plantas flotantes. Anteriormente fue situada en Porphyrula, hoy considerado sinónimo de Porphyrio (South American Classification Committee, 2016).

Mide cerca de 33 centímetros y posee una apariencia inconfundible. El adulto combina cabeza, cuello, pecho y vientre azul violáceos con dorso verde brillante; el escudo frontal es azul claro y el pico rojo, amarillo hacia la punta. Las patas, extraordinariamente largas, son amarillo intenso y terminan en dedos extensos que distribuyen el peso sobre nenúfares, lodo y vegetación flotante. Bajo la cola presenta blanco contrastante. Las alas son relativamente cortas y redondeadas, aunque permiten vuelos migratorios prolongados; en el suelo camina con paso alto y algo inestable. Los juveniles carecen de los tonos púrpura: muestran plumaje café predominante, pico menos coloreado y menor tamaño. Los polluelos nacen cubiertos de plumón negro. Estas diferencias de edad facilitan evitar la competencia visual entre crías y adultos, pero también hacen que juveniles desorientados sean confundidos con aves domésticas o especies distintas (Observatorio Ambiental de Bogotá, 2017).

La especie ocupa pantanos, marismas de agua dulce, lagunas, estanques, canales, arrozales y orillas con vegetación acuática densa. Se alimenta y se reproduce donde existen plantas emergentes, flotantes y sumergidas, especialmente cuando forman una plataforma continua sobre el agua. Su distribución abarca el sudeste de Estados Unidos, México, Centroamérica, el Caribe y extensas regiones de Sudamérica; algunas poblaciones son residentes tropicales y otras migran según estación, latitud, lluvias y disponibilidad de humedales. En Colombia, los movimientos conectan llanos, costas y altiplanos, por lo que los humedales urbanos pueden funcionar como escalas, no como destinos aislados. La conectividad es decisiva: un ave capaz de volar largas distancias todavía requiere puntos seguros para alimentarse, esconderse y recuperar energía. La eliminación de una laguna intermedia puede interrumpir una ruta migratoria completa y aumentar accidentes en ambientes construidos (Corpoboyacá, 2020).

La reproducción ocurre en pantanos cálidos y vegetados. La pareja construye un nido flotante o semisuspendido, formado por tallos, hojas y otras fibras vegetales, oculto sobre agua inundada. La puesta contiene comúnmente entre cinco y diez huevos crema, marcados con manchas castañas; ambos adultos participan en incubación, que dura aproximadamente entre 25 y 30 días. Los polluelos son precociales, nadan y acompañan pronto a los padres, aunque necesitan protección y alimento durante su desarrollo. El nido elevado reduce el acceso de ciertos depredadores terrestres, pero queda expuesto a variaciones bruscas del nivel del agua, oleaje, limpieza de vegetación y contaminación. La defensa del territorio incluye posturas, llamadas guturales y persecuciones contra intrusos. En una especie migratoria, la reproducción exitosa depende también de que los adultos encuentren suficientes recursos antes y después de viajar. Por ello, los humedales de reproducción y los de escala forman un mismo sistema ecológico, aunque estén separados por cientos de kilómetros (Taylor, 2020).

Porphyrio martinica es omnívora. Consume semillas, hojas, frutos, brotes y raíces de plantas acuáticas y terrestres, además de insectos, arañas, moluscos, gusanos, peces pequeños, ranas y renacuajos. Puede depredar huevos y polluelos de otras aves, comportamiento que revela su posición como consumidor de varios niveles dentro de las redes tróficas. Al alimentarse entre macrófitas transporta semillas y contribuye a la dinámica de la vegetación; al mismo tiempo, es presa de rapaces, serpientes, mamíferos carnívoros y grandes peces. Su presencia depende de comunidades vegetales que sostienen invertebrados y refugio, por lo que funciona como indicador de humedales con estructura compleja. Durante migración, el agotamiento reduce su capacidad de escapar, y la iluminación artificial la atrae hacia zonas urbanas donde choca contra estructuras o cae en superficies sin agua. Las personas que la encuentran deben reducir ruido y manipulación, mantenerla lejos de mascotas y reportarla a autoridades ambientales, sin intentar domesticarla (Policía Nacional de Colombia, 2015).

Las amenazas principales actuales también son drenaje y relleno de humedales, contaminación, pesticidas, pérdida de vegetación, expansión urbana, perros y gatos. El cambio climático altera lluvias y niveles de agua. Proteger corredores, restaurar plantas nativas, controlar vertimientos y reducir iluminación nocturna permite disminuir accidentes, conservar rutas migratorias y sostener poblaciones saludables.

Referencias

Corpoboyacá. (2020). Cómo ayudar a la tingua azul (Porphyrio martinica). https://www.corpoboyaca.gov.co/noticias/como-ayudar-a-la-tingua-azul-porphyrio-martinica/

Observatorio Ambiental de Bogotá. (2017). Recomendaciones a los ciudadanos si encuentran una tingua azul. https://oab.ambientebogota.gov.co/recomendaciones-a-los-ciudadanos-si-encuentran-una-tingua-azul/

Policía Nacional de Colombia. (2015). Recibamos a las tinguas migratorias con amor. https://chat.policia.gov.co/contenido/recibamos-las-tinguas-migratorias-con-amor

South American Classification Committee. (2016). Change the spelling of Porphyrio martinicus to Porphyrio martinica. American Ornithological Society. https://www.museum.lsu.edu/~Remsen/SACCprop698.htm

Taylor, B. (2020). Purple gallinule (Porphyrio martinica). En Birds of the World. Cornell Lab of Ornithology. https://birdsoftheworld.org/bow/species/purgal1/

La tingua pico rojo,

 La tingua pico rojo, Gallinula galeata, también llamada gallareta de pico rojo o polla gris, es un ave acuática ampliamente distribuida en América. En Colombia ocupa lagunas, humedales, canales, embalses y orillas vegetadas, incluso dentro de ciudades como Bogotá. Su presencia suele ser visible donde existen aguas tranquilas y plantas emergentes, aunque se refugia con rapidez entre juncos cuando percibe peligro. A escala global está catalogada como especie de Preocupación Menor, pues posee una distribución extensa y poblaciones todavía numerosas; sin embargo, esa categoría no elimina los riesgos locales causados por la degradación de humedales. La conservación de sus poblaciones urbanas depende de mantener agua de calidad, cobertura vegetal y conectividad entre cuerpos de agua (BirdLife International, 2016).

Taxonómicamente pertenece al dominio Eukaryota, reino Animalia, filo Chordata, clase Aves, orden Gruiformes, familia Rallidae, género Gallinula y especie G. galeata. Fue descrita por Martin Hinrich Carl Lichtenstein en 1818, originalmente con otra combinación científica. Gallinula es un diminutivo latino de gallina y significa “pequeña gallina”, nombre apropiado por su marcha alta, su modo de picotear y sus vocalizaciones semejantes a cacareos. El epíteto galeata procede del latín galeatus, “provisto de casco”, y se refiere al escudo frontal rojo que cubre la base del pico. Dentro de las aves, integra los gruiformes y los rállidos, parentesco que comparte con rascones, polluelas, fochas y calamones. No es un pato: sus dedos carecen de membranas o lóbulos, aunque le permiten nadar, caminar sobre barro blando y apoyarse en vegetación flotante (Taylor, 2020).

El género Gallinula agrupa gallaretas de tamaño mediano, cola corta, cuerpo comprimido lateralmente y pies de dedos muy largos. Esas características facilitan el tránsito por marismas densas, donde un ave de patas palmadas se hundiría o produciría demasiado movimiento. Gallinula galeata mide aproximadamente entre 30 y 38 centímetros; los sexos son similares, aunque el macho suele ser algo mayor. El adulto presenta dorso pardo oliváceo, cabeza, cuello, pecho y abdomen gris negruzco, una línea blanca lateral y plumas blancas bajo la cola. El pico y el escudo frontal son rojo intenso, con punta amarilla; las patas son amarillo verdosas. Cuando nada mueve la cabeza rítmicamente y, al levantar la cola, exhibe el blanco infracaudal como señal de alarma o comunicación. Los juveniles son pardos, más opacos y carecen inicialmente del escudo rojo definido (NatureWorks, 2026).

La especie se separó taxonómicamente de la gallineta común eurasiática, Gallinula chloropus, tras estudios que reconocieron diferencias genéticas, vocales y en la forma del escudo frontal. G. galeata es la representante americana del complejo y su rango se extiende desde Canadá y Estados Unidos, a través de Centroamérica, el Caribe y gran parte de Sudamérica, hasta Argentina y Chile. Las poblaciones de latitudes frías migran en otoño hacia regiones más templadas; en áreas tropicales muchas son residentes o realizan desplazamientos cortos según las lluvias y la disponibilidad de agua. En Colombia se registra desde tierras bajas hasta altitudes andinas, siempre que exista vegetación palustre suficiente. Tolera estanques artificiales y lagunas de tratamiento, pero su abundancia no debe confundirse con inmunidad ecológica: necesita bordes protegidos, plantas emergentes y lugares seguros para anidar, esconderse y alimentar a sus crías (NatureServe, 2026).

La reproducción se organiza alrededor de parejas territoriales. El nido es una copa profunda o plataforma voluminosa elaborada con tallos, hojas y hierbas acuáticas; suele estar oculto en vegetación emergente, sostenido sobre plantas o situado cerca del agua. La hembra deposita normalmente entre cinco y diez huevos crema, salpicados de manchas pardas, rojizas o violáceas. Ambos adultos incuban durante cerca de tres semanas y defienden vigorosamente el área contra otras gallaretas, patos u otras aves acuáticas. Los polluelos nacen cubiertos de plumón negro, son precociales y pueden nadar o seguir a los padres poco después de eclosionar. La atención biparental continúa durante varias semanas, y juveniles de camadas anteriores pueden ayudar a alimentar o vigilar a hermanos menores. Los niveles de agua y la densidad de vegetación influyen directamente sobre el éxito del nido: inundaciones, sequías o una limpieza mecánica pueden destruir una temporada reproductiva completa (NatureServe, 2026).

Gallinula galeata es omnívora. Consume semillas, hojas tiernas, raíces, algas y frutos caídos, pero también insectos, larvas, caracoles, gusanos, crustáceos, renacuajos y peces pequeños. Forrajea caminando sobre la orilla, nadando entre plantas, inclinando el cuerpo para alcanzar material sumergido o picoteando la superficie. Esta dieta flexible explica su capacidad para ocupar humedales naturales y construidos, aunque también facilita que incorpore contaminantes, plásticos o organismos asociados con aguas eutrofizadas. Forma parte de redes tróficas complejas: regula poblaciones de pequeños invertebrados y dispersa semillas, mientras huevos, polluelos y adultos son presas de rapaces, serpientes, tortugas, peces grandes y mamíferos carnívoros. Sus llamadas fuertes mantienen el contacto de las familias y delimitan territorios. Al compartir el hábitat con fochas, patos, garzas y rascones, compite por espacio, alimento y refugio, pero también aprovecha la heterogeneidad creada por esas comunidades (Cornell Lab of Ornithology, 2024).

Sus amenazas incluyen drenaje y relleno de humedales, urbanización, contaminación por aguas residuales, pesticidas, eutrofización, extracción de vegetación y alteración de niveles hídricos. Tráfico, perros, gatos y recreación sin manejo incrementan el estrés y la mortalidad. En áreas agrícolas, fertilizantes y plaguicidas alteran las comunidades de invertebrados. El cambio climático intensifica sequías e inundaciones, reduce refugios y modifica la reproducción. Por ello, la tolerancia de esta gallareta no justifica reemplazar humedales diversos por estanques pobres, contaminados y aislados.

Referencias

BirdLife International. (2016). Gallinula galeata. The IUCN Red List of Threatened Species. https://www.iucnredlist.org/species/62120280/

Cornell Lab of Ornithology. (2024). Common gallinule: Gallinula galeata. All About Birds. https://www.allaboutbirds.org/guide/Common_Gallinule

NatureServe. (2026). Gallinula galeata: Common gallinule. NatureServe Explorer. https://explorer.natureserve.org/Taxon/ELEMENT_GLOBAL.2.872346/Gallinula_galeata

NatureWorks. (2026). Common gallinule. New Hampshire PBS. https://natureworks.nhpbs.org/animals/common-gallinule/

Taylor, B. (2020). Common gallinule (Gallinula galeata). En Birds of the World. Cornell Lab of Ornithology. https://birdsoftheworld.org/bow/species/comgal1/

La tingua bogotana

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 La tingua bogotana o rascón andino, Rallus semiplumbeus, es un ave endémica de Colombia y uno de los vertebrados más representativos, aunque difíciles de observar, de los humedales altoandinos. Depende de agua somera, vegetación emergente y franjas terrestres poco perturbadas. No es una focha ni una gallina acuática: pertenece a un linaje especializado en internarse entre juncos, desplazarse sin ser detectado y comunicarse mediante llamadas fuertes. Está clasificada globalmente como En Peligro porque su área de ocupación es pequeña, fragmentada y sometida a pérdidas continuas de calidad ambiental (BirdLife International, 2021). Conservarla exige proteger los espejos de agua, la arquitectura vegetal que los rodea y la conectividad ecológica entre humedales.

Taxonómicamente pertenece al dominio Eukaryota, reino Animalia, filo Chordata, clase Aves, orden Gruiformes, familia Rallidae, género Rallus y especie R. semiplumbeus. Sclater la describió en 1856. El nombre genérico Rallus procede del latín medieval empleado para los rascones, relacionado con el francés rale; semiplumbeus combina semi, “a medias”, y plumbeus, “plomizo”, por el gris semejante al plomo de su plumaje. Se sitúa entre los gruiformes, grupo que incluye grullas, trompeteros y aves de humedal. Los rállidos forman una radiación de cuerpos comprimidos lateralmente, patas fuertes, dedos alargados y hábitos furtivos, adaptada para atravesar vegetación densa más que para nadar en agua abierta, y un vuelo generalmente corto (Taylor & Sharpe, 2020).

El género Rallus reúne rascones de pico largo, cuerpo esbelto. Sus especies suelen exhibir dorso listado, cara o pecho grisáceos y flancos barrados; esos tonos fragmentan la silueta entre tallos. Rallus semiplumbeus mide 25 centímetros. Presenta dorso pardo oliváceo con estrías negras, hombros rojizos, y cara, garganta, pecho y vientre gris pizarra. Los flancos negros muestran barras blancas. El pico largo, curvado, y las patas son rojos; las alas permiten vuelos bajos, breves. La forma comprimida del tronco y el control de las patas le permiten caminar entre juncos sin abrir corredores. Por eso se detecta más por su voz áspera y territorial que por observación directa (Rosselli et al., 2016).

Su distribución está restringida al altiplano cundiboyacense, Cundinamarca y Boyacá, entre 2.500 y 3.100 metros sobre el nivel del mar. Se propuso la subespecie R. s. peruvianus desde ejemplar atribuido a Perú en 1886, pero su procedencia es incierta y no representa una población conocida. La subespecie nominal, R. s. semiplumbeus, es la única población confirmada. Ocupa lagunas, pantanos, embalses, humedales urbanos, rurales y bordes encharcados de páramo. Tiene afinidad por juncales de Schoenoplectus californicus, combinados con espadañas Typha, vegetación flotante, plantas emergentes enraizadas y agua poco profunda. Sesenta por ciento de los registros ocurrió en juncales de Schoenoplectus, evidencia de que requiere estructura vegetal, no agua disponible (Rosselli et al., 2016).

La reproducción ocurre todo el año, con evidencias de nidos en Jaboque, Fúquene y el lago de Tota. La pareja construye una plataforma ovalada entre juncos o masas de Typha, Scirpus y plantas emergentes, junto a agua somera cercana. Puede incorporar hojas, tallos secos e kikuyo. La hembra pone cuatro huevos crema, con manchas azuladas y puntos oscuros. Ambos adultos incuban y defienden el territorio; los polluelos son precociales, nacen con plumón oscuro y abandonan pronto el nido guiados por los padres. Ante amenazas, los adultos vocalizan, se esconden y ejecutan distracciones. Parches extensos y conectados reducen el riesgo de que una perturbación destruya nido, alimento y refugio (Benítez-Castañeda et al., 2024).

El rascón consume invertebrados acuáticos, larvas de insectos, gusanos, moluscos y organismos del sustrato. Complementa su dieta con renacuajos, ranas, peces muertos y material vegetal. Forrajea en horas crepusculares, en bordes de vegetación y la ronda hídrica. Su alimentación contribuye al flujo de energía entre comunidades del humedal, aunque lo expone a contaminantes acumulados en agua o presas. Es presa de rapaces, perros y ofidios; se documentó depredación por el gavilán caminero, Rupornis magnirostris. Las parejas mantienen territorios de 0,1 a 0,45 hectáreas según calidad local y responden a intrusos con llamadas persistentes. Comparte hábitat con fochas, gallaretas, patos, garzas, anfibios y plantas que ofrecen cobertura, alimento y sustrato adicional (Pérez-Guevara & Botero-Delgadillo, 2020).

La amenaza principal es la transformación de los humedales mediante drenaje, relleno, urbanización, agricultura, ganadería, minería y expansión. La reducción de juncales elimina alimentación, reproducción y escape. En Bogotá, vías, cerramientos inadecuados, fragmentación del suelo y vertimientos de aguas residuales aíslan poblaciones. La eutrofización altera la vegetación, mientras residuos y escombros degradan el borde húmedo. Quemas, extracción, pastoreo intenso y presencia de perros y gatos aumentan la mortalidad y el fracaso reproductivo. El cambio climático añade sequías, lluvias extremas y pulsos hídricos capaces de exponer o inundar nidos. Estas presiones se refuerzan: un humedal contaminado y fragmentado pierde resiliencia, sostiene individuos y limita la dispersión entre localidades (Renjifo et al., 2016).

La protección requiere recuperar hidrología, controlar vertimientos, conservar vegetación nativa y mantener conectividad regional. No basta con construir senderos: el manejo debe priorizar juncales continuos, zonas de amortiguación sin perros, monitoreo, control invasor y educación comunitaria. La tingua bogotana funciona como especie paraguas al beneficiar a aves acuáticas, anfibios, invertebrados y plantas de pantano. El monitoreo científico permite reconocer territorios, épocas de anidación y tendencias poblacionales preventivamente. Su conservación expresa una decisión sobre la región que se desea habitar: una que trate los humedales como lotes vacíos, o una que reconozca sistemas vivos esenciales para el agua, la biodiversidad y la memoria ecológica de la cordillera Oriental.

Referencias

Benítez-Castañeda, H. D., Zuluaga-Bonilla, J., Ruiz Agudelo, O. Y., Patiño Hernández, M., & Ospina-Carrillo, A. (2024). Historia natural del rascón andino (Rallus semiplumbeus): Revisión y observaciones inéditas. Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, 8(2), 7739–7768. https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v8i3.11215

BirdLife International. (2021). Rallus semiplumbeus. The IUCN Red List of Threatened Species. https://www.iucnredlist.org/species/22692482/199129240

Pérez-Guevara, M., & Botero-Delgadillo, E. (2020). Uso de hábitat y comportamiento del rascón andino (Rallus semiplumbeus) en el humedal La Conejera, Colombia. Ornitología Neotropical, 31, 1–4. https://journals.sfu.ca/ornneo/index.php/ornneo/article/view/554

Renjifo, L. M., Amaya, A. M., Burbano-Girón, J., & Velásquez-Tibatá, J. (Eds.). (2016). Libro rojo de aves de Colombia. Volumen II. Pontificia Universidad Javeriana e Instituto Humboldt. https://www.minambiente.gov.co/direccion-de-bosques-biodiversidad-y-servicios-ecosistemicos/libros-rojos/

Rosselli, L., Morales-Rozo, A., & Amaya-Espinel, J. (2016). Rallus semiplumbeus. En L. M. Renjifo et al. (Eds.), Libro rojo de aves de Colombia. Volumen II. Pontificia Universidad Javeriana e Instituto Humboldt. https://birdscolombia.com/2025/02/01/rascon-bogotano-bogota-rail-rallus-semiplumbeus-e/

Taylor, B., & Sharpe, C. J. (2020). Bogotá rail (Rallus semiplumbeus). En Birds of the World. Cornell Lab of Ornithology. https://birdsoftheworld.org/bow/species/bograi1/