En ciertos idiomas, como el inglés o el español, se establece una distinción tácita entre los objetos contables e incontables. Por ejemplo, es común decir “tres hojas” o “cuatro libros”, ya que estos elementos se perciben como unidades individuales fácilmente distinguibles. En cambio, expresiones como “arroz”, “azúcar” o “arena” se consideran incontables, porque sus unidades básicas —los granos o partículas— son tan pequeñas y numerosas que no se suelen contar individualmente. En inglés, esto se refleja en la gramática: se dice “some rice” o “much sugar”, sin usar números directamente. Esta distinción lingüística facilita la comunicación cotidiana, pero puede dificultar la comprensión de fenómenos científicos donde cada partícula, por más diminuta, importa.
En química, sin
embargo, todos los objetos son contables, desde un grano de sal
hasta una molécula de agua. La clave está en utilizar unidades de
agrupación adecuadas que nos permitan representar de manera manejable
cantidades inmensas de entidades diminutas. Así como podemos contar “una docena
de huevos” para evitar decir “doce huevos”, en química recurrimos a otras
unidades agrupadoras que hacen posible contar moléculas, átomos, iones o electrones,
aunque no podamos verlos individualmente. Esta necesidad da origen a conceptos
fundamentales que, aunque aún no se nombran aquí, son la base del conteo en el
mundo microscópico.
Unidades de agrupación
En aritmética elemental,
una entidad contable puede ser
cualquier objeto concreto —como una silla, una hoja o una manzana—
tratado como unidad individual de conteo.
Estas entidades no requieren una unidad de medida formal
como el metro o el gramo, pero permiten cuantificar y comparar
cantidades. Por ello, expresiones como “400 sillas” o “100 hojas” son matemáticamente
válidas y facilitan establecer proporciones o relaciones,
por ejemplo, el número de sillas por salón
o de hojas por cuaderno.
Enlace
a la [Figura:
El mol y la legión romana]
Los números de agrupación
se utilizan para contar conjuntos de entidades
repetibles, generando una dimensión que podemos denominar cantidad. Las unidades de
cantidad son, por tanto, convenciones de conteo
basadas en números enteros. Muchas de ellas corresponden a valores redondos y fáciles de recordar,
como par (2), decena (10) o centena (100). Sin embargo, no
todas las unidades de conteo siguen esta lógica simple; algunas surgen de acuerdos históricos o culturales,
como ocurre con términos militares como legión romana
clásica (5120) o batallón del ejército de USA (850),
que representan agrupaciones específicas de individuos.
Entre estas unidades de conteo existe una particularmente
importante en química: el mol. Desde la redefinición del Sistema Internacional de Unidades en 2019,
el mol se define como una cantidad exacta de entidades
elementales, equivalente al valor fijo de la constante de Avogadro, 6.02214076 × 10²³. Así, un mol
representa un número perfectamente definido de partículas
—átomos, moléculas, iones u otras entidades— y permite relacionar el conteo microscópico de partículas
con las cantidades macroscópicas de materia
que se manejan en el laboratorio.
Cantidad de una sustancia ideal
Siguiendo el esquema valor–unidad–identidad,
en lugar de decir 200 hojas podríamos expresar la
misma idea como 2 cien hojas, donde el número
indica cuántas veces aparece la unidad de conteo. Surge entonces la pregunta:
¿cuál es el símbolo del parámetro que expresa el conteo de
cantidades? Antes de 2019, cuando el número de Avogadro se
determinaba experimentalmente y no era un valor exacto, se empleaban distintos
símbolos para distinguir entre número de entidades y cantidad de sustancia. Sin
embargo, tras la redefinición del Sistema Internacional de
Unidades, esto dejó de ser necesario, ya que el mol se define a
partir de un valor exacto de la constante de Avogadro.
Por esta razón utilizaremos el símbolo n (minúscula, de número) para representar la cantidad, que leeremos como cantidad de sustancia.
El Libro de Oro de la IUPAC
emplea precisamente este término para describir la magnitud asociada al conteo
de entidades químicas. En este sentido, la cantidad puede entenderse como una magnitud de conteo,
conceptualmente adimensional, aunque se exprese
mediante unidades de agrupación. La unidad preferida
para este conteo en química es el mol. Cabe
señalar que las entidades no son el único objeto que puede contarse en química;
también puede hablarse del número de procesos de
reacción. No obstante, esta segunda acepción de la cantidad se
abordará más adelante. Por ahora bastará con considerar que n, la cantidad de sustancia,
representa el conteo de entidades químicas agrupadas en moles.
La primera definición de mol no fue una constante de agrupación
El mol es,
sin duda, una palabra peculiar. Si dependiera de mí, preferiría llamarlo el
Avogadro o incluso el Cannizzaro, al estilo de otras
unidades científicas que rinden homenaje a quienes sentaron sus fundamentos,
como el newton para la fuerza. Pero veamos por qué este
término —mol— prevaleció, y cuál es la historia de las ideas que lo hicieron
necesario. Todo comienza en 1811, cuando el físico y abogado
italiano Amedeo Avogadro, trabajando en Turín, propuso una
hipótesis revolucionaria: volúmenes iguales de gases diferentes, bajo
las mismas condiciones de temperatura y presión, contienen el mismo número de
partículas. Esta idea, publicada en el Journal de Physique,
parecía ofrecer una solución elegante a los problemas de peso y volumen en la
química gaseosa.
Enlace a la [Figura:
Estanislao Cannizzaro]
Enlace a la [Figura:
Joseph Louis Gay-Lussac]
Sin embargo, su
propuesta fue ignorada durante décadas. La razón principal fue la enorme
confusión existente sobre la naturaleza del agua y sobre
la realidad de los átomos y las moléculas. A comienzos del siglo
XIX, científicos como John Dalton en Inglaterra, Joseph-Louis
Gay-Lussac en Francia y Alexander von Humboldt en
Alemania ya hablaban de átomos, pero lo hacían desde modelos muy distintos y, a
veces, contradictorios. Dalton, por ejemplo, pensaba que el agua estaba formada
por un átomo de hidrógeno y uno de oxígeno, lo cual chocaba con la proporción
2:1 observada experimentalmente por Gay-Lussac y Humboldt. Estos desacuerdos
conceptuales impedían la aceptación de la idea de Avogadro, a pesar de que
todos ellos compartían una inclinación atomista.
Además, hay que
recordar que en aquella época la química aún luchaba por liberarse de
los paradigmas heredados de la alquimia. Muchos químicos seguían creyendo
en el flogisto, una supuesta sustancia invisible responsable de la
combustión, o en modelos fluidos de los elementos que hoy podríamos asociar más
a campos cuánticos que a partículas discretas. En ese
contexto, la idea de contar partículas invisibles era demasiado abstracta para
la mayoría.
Enlace a la [Figura: Wilhelm Ostwald]
Stanislao
Cannizzaro, nacido en Palermo, Sicilia, en 1826, no era un químico
de laboratorio en el sentido clásico. Como muchos de los primeros atomistas,
venía de una formación más filosófica y académica que
experimental. Dalton, por ejemplo, era maestro en una escuela cuáquera en
Manchester, mientras que Avogadro era profesor de física
matemática en Turín. En contraste, los químicos "puros" de la época
—los que tenían acceso a sustancias exóticas, balanzas de precisión y
hornos costosos— solían rechazar con escepticismo las ideas demasiado
teóricas o especulativas. Sin embargo, fue gracias a esa distancia que
Cannizzaro, durante sus años en Génova y luego en Pavía, tuvo la
libertad de reconsiderar con frescura los viejos problemas de la química de
gases.
Inspirado por los
experimentos de Joseph-Louis Gay-Lussac sobre combinaciones
volumétricas de gases, Cannizzaro propuso estandarizar las condiciones
experimentales para que las mediciones fueran comparables. Así, adoptó como
valores de referencia 0 °C, la temperatura de fusión del agua, y 1 atmósfera, la
presión al nivel del mar. Aunque arbitrarias en términos cósmicos, estas
condiciones recuperaban un hecho crucial: el agua era el patrón natural
de todas las cosas químicas. De hecho, el agua había definido ya el
primer kilogramo, basado en un decímetro cúbico de agua pura, y
el litro, como su volumen correspondiente, con lo cual también
definía la unidad de densidad. Bajo estas condiciones, los gases
podían ser descritos con proporciones fijas de volumen y masa, lo
cual, a su vez, permitía deducir fórmulas moleculares coherentes, como H₂O para
el agua. Esta idea, presentada por Cannizzaro en su Sunto di un corso
di filosofia chimica (1858) y defendida en el Congreso de
Karlsruhe de 1860, resultó ser el pilar que permitió al mundo químico
construir, finalmente, el castillo de naipes de la teoría molecular sin que se
desmoronara.
Un problema de lenguaje
A mediados del
siglo XIX, muchos de los químicos más influyentes de Europa —como Kekulé
en Alemania, Dumas en Francia y Liebig en Giessen— rechazaron de plano la
interpretación molecular de Avogadro y Cannizzaro. La noción de que existían
entidades invisibles e indivisibles como los átomos o las moléculas parecía,
para ellos, innecesaria o incluso metafísica. Sin embargo,
encontraron en la estandarización de Stanislao Cannizzaro un
punto medio útil: aunque no aceptaran que las moléculas fueran reales, podían
adoptar una escala relativa de masas basada en proporciones
experimentales fijas. Así nació una herramienta de trabajo poderosa: una
relación entre masa, volumen y cantidad de materia, sin
comprometerse ontológicamente con la existencia de partículas invisibles.
Durante las décadas
siguientes, especialmente hacia 1870, el concepto de "molécula-gramo" comenzó
a tomar forma. Esta unidad representaba la masa en gramos de 22.41
litros de un gas bajo condiciones normales de temperatura y
presión (0 °C y 1 atm). La relación era experimentalmente útil para pesar gases y calcular sus
proporciones en reacciones químicas. No obstante, el nombre resultaba
controvertido. El influyente químico Wilhelm Ostwald, defensor de
una química sin átomos, consideraba el término “molécula-gramo” engañoso
porque implicaba aceptar la existencia real de moléculas. Por ello, hacia fines
del siglo XIX, propuso el término abreviado "mol", una
palabra más neutral desde el punto de vista filosófico, pero igualmente
funcional en el laboratorio.
Enlace a la [Figura:
Jean Perrin]
Con los trabajos
del físico Jean Perrin en los primeros años del siglo XX, el
debate sobre la existencia real de los átomos quedó zanjado. En 1908, usando
partículas de resina coloidal suspendidas en agua y observando
su movimiento browniano, Perrin logró estimar el número de Avogadro con
un valor cercano a 6×1023, dando así un respaldo experimental
directo al modelo molecular.
Precisión experimental
Durante la primera
mitad del siglo XX, el descubrimiento de los isótopos complicó
la ya difícil tarea de definir con precisión el mol. Nuevas tecnologías como
la espectrometría de masas permitieron diferenciar átomos del
mismo elemento con masas distintas, y surgió entonces una pregunta clave: ¿cuál
isótopo debía usarse como patrón? Algunos laboratorios —como los del NBS
(National Bureau of Standards) en EE.UU.— optaron por el oxígeno-16,
mientras que otros, como los del IUPAC, se inclinaron por el carbono-12,
cuya estructura era más sencilla de manipular y medir. A pesar de estas
diferencias, todas las definiciones buscaban mantener la coherencia con el
volumen clásico de 22.41 litros de gas a 0 °C y 1 atm, tal como
lo había propuesto Cannizzaro en 1858, una cifra que se mantuvo como referencia
durante más de un siglo.
El uso del carbono-12 como
estándar se consolidó en 1961, cuando se adoptó internacionalmente
su masa atómica como exactamente 12 unidades de masa atómica. Esta
elección ayudó a reducir los errores sistemáticos derivados de las mezclas
isotópicas en otros elementos. Durante las décadas siguientes, los experimentos
para medir con precisión la constante de Avogadro evolucionaron
drásticamente, incluyendo sofisticadas técnicas basadas en difracción
de rayos X en cristales ultrapuros de silicio. A medida que la precisión
mejoraba —hasta alcanzar diferencias menores a una parte en cien millones—, los
científicos comenzaron a considerar innecesaria, e incluso filosóficamente
vacía, cualquier mejora en la definición basada en masas medidas.
Así, en 2019,
el Comité Internacional de Pesas y Medidas (CIPM) adoptó una nueva
definición: el mol es la cantidad de sustancia que contiene exactamente
6.022 140 76 × 10²³ entidades
elementales, un valor fijo
conocido como la constante de Avogadro. Con esto, el mol se
convirtió en una unidad de agrupación, como el par (2) o
la docena (12), desvinculándose por completo del volumen de los
gases o de masas experimentales. Esta decisión consolidó una visión moderna de
la química: ya no dependiente de artefactos físicos, sino basada en constantes
universales, elegidas por su estabilidad, reproducibilidad y conexión con
la estructura profunda de la materia.
El parámetro
Aunque el
término mol ya estaba presente en los manuales de química
desde principios del siglo XX, su reconocimiento como una magnitud
física independiente no se formalizó sino hasta 1961,
cuando el físico-químico británico Edward Guggenheim publicó
en el Journal of Chemical Education el artículo titulado “The
mole and related quantities”. En este texto, propuso que el mol debía
entenderse no como una simple unidad práctica, sino como una cantidad física
equiparable a la masa o la longitud, al definir con claridad la magnitud cantidad
de sustancia (amount of substance) con el símbolo n.
Enlace a la [Figura:
Edward Armand Guggenheim]
Antes de esta
propuesta, el mol ya se utilizaba ampliamente en la práctica estequiométrica,
especialmente en el tratamiento de gases y soluciones,
pero carecía de una vinculación formal con un sistema de magnitudes. Su uso era
análogo a decir “gramos” sin especificar que se refería a la masa. En el mismo
artículo, Guggenheim también introdujo el concepto de masa molar M como una forma moderna de referirse a
lo que históricamente se llamaba molécula gramo, aclarando la
confusión con términos como peso molecular relativo y peso
atómico.
A pesar de su
claridad, estas recomendaciones no se incorporaron de forma inmediata al
currículo. Términos como átomo-gramo o molécula-gramo siguieron
empleándose durante varias décadas, y no fue sino hasta bien entrado el siglo
XXI —especialmente después los 2000s— que se consolidó globalmente
el uso de conceptos como cantidad de sustancia, masa molar y constante
de Avogadro en la enseñanza de la química. Guggenheim anticipó esta
transición al definir el mol como una unidad fundamental en igualdad de
condiciones con las demás del Sistema Internacional, sentando así las bases
para una interpretación moderna y precisa de las cantidades químicas.
Interpretación de dos mundos
Uno de los cálculos
más básicos en química es la interpretación del mol en
términos de entidades elementales, ya que permite traducir una
cantidad abstracta en un número concreto de partículas. Como veremos a
continuación, esta conversión es fundamental para comprender reacciones
químicas, proporciones estequiométricas y la estructura
de la materia a nivel atómico y molecular. El mol actúa como un puente
entre el mundo macroscópico, que podemos medir y observar, y el mundo
microscópico, formado por átomos, moléculas e iones.
Así, cuando decimos
“2 mol”, estamos operando en el mundo macroscópico: 2 mol de una sustancia
cualquiera pueden medirse en el laboratorio, ya que sus cantidades son lo
suficientemente grandes para ser pesadas, pero lo bastante pequeñas para ser
manipuladas en laboratorios escolares o introductorios. Por ejemplo, 12
g de carbono pueden sostenerse entre las manos, pero cuando hablamos
de 12 × 10²³ moléculas, ya nos situamos en una interpretación
completamente molecular.
Enlace
a la [Figura:
Amedeo Avogadro]
El puente entre
ambos niveles lo establece el número de Avogadro, pero aquí es
donde debemos ser cuidadosos. Una solución común es usar una fórmula como N = n × Nₐ, donde N es el número de entidades, n la cantidad de sustancia y Nₐ la constante de Avogadro. Sin embargo,
en nuestra práctica pedagógica, hemos observado que introducir esta fórmula
como algo separado puede generar confusión. El problema principal es que
aumenta innecesariamente el número de fórmulas, cuando en realidad n (cantidad de sustancia) y N (número de entidades) son
representaciones del mismo concepto desde dos perspectivas distintas: una
física y otra contable. Es como hablar de volumen en mililitros y capacidad en
metros cúbicos; es decir, una redundancia conceptual que puede
dificultar el aprendizaje inicial en lugar de facilitarlo.
Conversiones
Con la definición del mol y del número de Avogadro,
ahora podemos centrarnos en las conversiones entre entidades individuales y números de agrupación
dentro del parámetro de cantidad. Definiremos que el
parámetro de cantidad, representado por n, se expresa mediante unidades de agrupación,
es decir, números perfectos utilizados para contar conjuntos de entidades.
Ejemplos de estas unidades son el par, la centena,
el millón
o el mol,
cada una definida como una agrupación fija de entidades.
Las entidades, por su parte, no
poseen unidades en el sentido convencional. Según el Sistema Internacional, los
objetos contados corresponden a números discretos y exactos, es
decir, cantidades enteras sin decimales y sin unidades físicas asociadas. Por
esta razón, las unidades de agrupación se definen siempre en términos de entidades contadas.
Así, un par
corresponde a 2 entidades, una centena a 100, un millón a 10⁶
y un mol —también
llamado número de Avogadro—
a 6.022 × 10²³ entidades.
La equivalencia conceptual entre mol y número de Avogadro se consolidó
con la redefinición del Sistema
Internacional en 2019. Antes de esa fecha existían diferencias
conceptuales sutiles entre ambos términos, ya que el mol se definía a partir de
una masa de referencia. En la actualidad, el mol está definido exactamente como
un número fijo de entidades
elementales, por lo que el mol y el número de Avogadro son, en la
práctica, sinónimos dentro del marco moderno del SI.
La conversión general por factor de conversión seguiría
estos patrones
|
\[
cant\ \color{Indigo} \text{u.grp} \ \color{NavyBlue} \text{sust}
\color{black} \times \frac{const.grp\ \color{Indigo} \text{entid} \
\color{NavyBlue} \text{sust} \color{black}}{1\ \color{Indigo} \text{u.grp} \
\color{NavyBlue} \text{sust} \color{black}} = cant\ \color{Indigo}
\text{entid} \ \color{NavyBlue} \text{sust} \tag{1a}\] \[{cant}\ \color{Indigo}
\text{entid} \ \color{NavyBlue} \text{sust} \color{black} \times \frac{1\
\color{Indigo} \text{u.grp} \ \color{NavyBlue} \text{sust}
\color{black}}{\textit{const.grp}\ \color{Indigo} \text{entid} \
\color{NavyBlue} \text{sust} \color{black}} = \mathit{cant}\ \color{Indigo}
\text{u.grp} \ \color{NavyBlue} \text{sust}\tag{1b}\] |
La conversión general por sustitución algebraica seguiría
estos patrones.
|
\[n_i = cant\
\color{Indigo} \text{u.grp} \color{black} = 1 \times N = cant \tag{2a}\] \[ n_i = cant \times N^{-1}\ \color{Indigo} \text{u.grp} \color{black}
= cant\ \color{Indigo} \text{u.grp} \tag{2b}\] |
Donde (N) representa el valor en entidades de la constante
de agrupación y u.grp el símbolo de la unidad de agrupación.
Ejemplo 1.
|
Ejemplo. ¿Cuántos pares son tres
moscas? Etapa
analítica. Definimos la unidad par
= 2, por ende la constante de agrupación N es 2. Emplearemos la forma (a) de
las ecuaciones 1 y 2. Etapa
numérica por factor de conversión. \[3\ \color{Indigo} \text{entid} \ \color{NavyBlue} \text{mosca} \color{black} \times \frac{1\ \color{Indigo} \text{par} \ \color{NavyBlue} \text{mosca} \color{black}}{2\ \color{Indigo} \text{entid} \ \color{NavyBlue} \text{mosca} \color{black}} = 1.5\ \color{Indigo} \text{par} \ \color{NavyBlue} \text{mosca}\] Etapa
numérica por sustitución algebraica. \[ n_i = 3 \times 2^{-1} \ \color{Indigo} \text{par} \ \color{black} = 1.5 \ \color{Indigo} \text{par}\] |
Ejemplo 2.
|
Ejemplo. ¿Cuantas moléculas de H2O
hay en 4.2 moles de dicha sustancia? Etapa
analítica. Definimos la unidad mol
= 6.022 x 10^23. Emplearemos la forma (a) de las ecuaciones 1 y 2. Etapa
numérica por factor de conversión. \[ 4.2\ \color{Indigo} \text{mol} \ \color{NavyBlue} \text{H}_2\text{O} \color{black} \times \frac{6.022\times10^{23}\ \color{Indigo} \text{molecula} \ \color{NavyBlue} \text{H}_2\text{O} \color{black}}{1\ \color{Indigo} \text{mol} \ \color{NavyBlue} \text{H}_2\text{O} \color{black}} = \]\[ = 2.5\times10^{24}\ \color{Indigo} \text{molecula} \ \color{NavyBlue} \text{H}_2\text{O} \]
Etapa
numérica por sustitución algebraica. \[ n(\color{NavyBlue} \text{H}_2\text{O}\color{black}) = 4.2\ \color{Indigo} \text{mol} \color{black} = 4.2 \times 6.022 \times 10^{23} = 2.5 \times 10^{24} \] |
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