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y medidas]
El álgebra se
define como la rama de las matemáticas que permite representar y manipular
relaciones entre magnitudes; sin embargo, la manera de expresar dichas
relaciones ha variado de forma considerable a lo largo de la historia. En la Edad
Media, por ejemplo, era habitual el uso de expresiones literarias y
retóricas, en ocasiones deliberadamente complejas y poéticas, para exponer
los razonamientos algebraicos. Estos se formulaban mediante frases extensas e
incluso versos rimados, lo que podía facilitar la memorización del
procedimiento, pero al mismo tiempo dificultaba su comprensión y
aplicación por parte de quienes no estaban iniciados en este tipo de
lenguaje matemático.
Factor
marcado vs lenguaje simbólico
En este curso de química trabajaremos
con dos tipos de lenguaje matemático.
Factor marcado
El primero es el lenguaje de factores marcados,
en el cual una medición contiene en una misma línea todos
los componentes informativos: valor, unidad, identidad y,
cuando corresponde, sentido. Este enfoque resulta especialmente
útil para el trabajo experimental y el análisis dimensional.
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en [Figura.
François Viete] para la descripción de la imagen.
Álgebra Simbólica
El segundo es el lenguaje de álgebra simbólica de
François Viète, que corresponde al lenguaje algebraico estándar aprendido
en los cursos de álgebra básica. En este caso, una medición se
expresa mediante una variable dependiente que porta la identidad,
seguida de una igualdad, y posteriormente se indican el sentido,
el valor y la unidad, permitiendo una formulación
más abstracta y general de las relaciones químicas.
Cuando interpretamos las mediciones mediante álgebra
simbólica, distinguimos claramente entre el símbolo de la magnitud
física y los símbolos de sus unidades de medida. Por
ejemplo, la rapidez se representa mediante el símbolo ,
que es invariante, mientras que sus unidades pueden variar según
el sistema de medición empleado, como km/h, m/s o mi/h.
Aunque esta separación pueda parecer, en principio, un trabajo adicional, en
realidad facilita enormemente el análisis, ya que los símbolos de las
magnitudes son mucho más simples de manipular algebraicamente que
las unidades asociadas a valores numéricos concretos.
Esta práctica es tan eficaz que constituye el lenguaje
estándar de los textos de física, y también se adopta en varios capítulos
de química, como en el estudio de los gases. Por ello,
resulta fundamental asociar cada símbolo paramétrico con
sus unidades más comunes, de modo que el uso del álgebra simbólica
permita expresar relaciones generales sin perder el vínculo con la medición
experimental.
Símbolos de parámetros físicos
Los símbolos de los parámetros físicos, también
llamados símbolos de magnitudes, son representaciones
algebraicas de propiedades físicas que asociamos a una unidad
de medida para poder cuantificarlas. Por ejemplo, la temperatura se
representa mediante el símbolo \(T\), y suele asociarse a unidades como grados
Celsius (°C), kelvin (K) o grados Fahrenheit (°F).
Aunque las unidades pueden variar, el símbolo del parámetro
físico permanece invariante, ya que representa la magnitud en sí y no la
forma particular en que se mide.
Cada parámetro físico admite únicamente
un conjunto restringido de unidades válidas, coherentes con su
naturaleza. Así, la temperatura solo puede medirse en unidades de
temperatura, y carece de sentido expresarla en unidades de
distancia como millas o metros. Otro aspecto importante es que
los símbolos de los parámetros físicos no siempre son simples: en
muchos casos requieren más de una letra o la incorporación
de subíndices, superíndices o marcas adicionales para
indicar identidades químicas, estados del sistema o condiciones
específicas de medición. Esta flexibilidad simbólica permite describir
sistemas complejos con precisión sin perder claridad conceptual.
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aquí [Tablas
del SI] para ver los símbolos de la mayoría de los parámetros físicos
conocidos y formalmente reconocidos.
Los símbolos de los parámetros físicos presentan
variaciones y adiciones según el tipo de magnitud, el método de
medición y la información adicional que se desea comunicar. En sus
formas fundamentales se distinguen dos categorías principales: módulos y
vectores. No obstante, existen otras variantes de uso frecuente, como
los escalares con sentido, los operadores indeterminados y
diversas marcas especiales, que permiten precisar condiciones,
direcciones, estados o propiedades particulares de la magnitud representada.
Nombres de los parámetros físicos
Otra distinción clave que se adoptará es la relacionada con
la denominación de las magnitudes. Los módulos se nombrarán sin
calificativos adicionales, es decir, sin “apellido”. En física, algunos módulos
poseen nombres propios distintos de sus magnitudes homólogas con dirección, y
esa diferencia se respetará. En el caso de los escalares con sentido, se
utilizará el prefijo sentido de seguido del nombre del módulo, pudiendo
añadirse el contexto físico o químico cuando sea necesario para evitar
ambigüedades. De este modo, no es lo mismo hablar de masa como módulo
que del sentido de la masa dentro de un proceso de solubilización, donde
el signo puede indicar solubilización total o nula, o bien precipitación,
siempre con respecto a la masa final del sistema.
Esta convención permite distinguir con claridad entre la cantidad
física y la interpretación del proceso en el que interviene. El
módulo describe únicamente cuánto hay de una magnitud, mientras que el escalar
con sentido incorpora información adicional sobre cómo esa magnitud evoluciona
o se manifiesta dentro de un fenómeno concreto.
Para los vectores, se empleará el prefijo vector seguido
del nombre del módulo correspondiente, salvo en aquellos casos en los que
existan vectores con nombres propios consolidados. Un ejemplo clásico es
el caso de la velocidad, que constituye el vector asociado al módulo denominado
rapidez. En este marco, la rapidez se entiende exclusivamente como el módulo,
mientras que la velocidad incorpora dirección y sentido. Esta diferenciación
terminológica refuerza la coherencia del sistema de representación y facilita
la transición entre descripciones escalares y vectoriales sin perder precisión
conceptual.
Módulo o magnitud
El módulo se representa idealmente mediante letra
cursiva o italizada, aunque esta convención no constituye una regla
estricta. Para la gran mayoría de los parámetros, se asumirá que el módulo
representa un valor absoluto, con o sin unidad de medida. Desde
el punto de vista operativo, esto implica que se comporta como una cantidad
positiva; sin embargo, en la práctica es necesario distinguir este
supuesto. Una cosa es una cantidad positiva, es decir, una magnitud que posee
un sentido físico real y, por tanto, una interpretación física
asociada, y otra muy distinta es un módulo sin sentido, del cual no
puede afirmarse nada más allá de su magnitud física.
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en [Figura.
Modulo algebraico vs factor marcado] para la descripción de la imagen.
Los módulos se asocian a identidades mediante subíndices
o paréntesis. La identidad especial de totalidad no se marcará en
la mayoría de los casos; así, por ejemplo, \(m\) por sí sola representará la masa
total. No obstante, en situaciones particulares será necesario explicitar
dicha identidad, para lo cual se utilizará el código \(tot\).
Escalar con sentido
El escalar con sentido indica una polaridad,
pero dicha polaridad no posee un significado absoluto, sino que adquiere una interpretación
física dependiente del contexto en el que se utilice. En un contexto cinemático,
por ejemplo, el signo puede indicar dirección de movimiento respecto a un eje
de referencia; en un contexto químico, puede representar síntesis
cuando es positivo o descomposición cuando es negativo; en un contexto térmico,
señala la entrada o salida de energía; y en el caso de las cargas
eléctricas, expresa directamente la polaridad de la carga. En todos
estos casos, el signo positivo o negativo no es accesorio, sino que porta
información física esencial que lo distingue claramente del simple módulo.
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en [Figura.
Escalar con sentido vs factor marcado] para la descripción de la imagen.
Vector verdadero
Un vector es una magnitud que posee módulo, dirección
y sentido. Su símbolo se representa mediante letra en negrita, no
cursiva, acompañada de una flecha superior, convención que permite
distinguirlo claramente de los escalares. Por lo general, se utiliza la misma
letra que identifica al módulo correspondiente, aunque esta coincidencia no es
obligatoria y puede modificarse cuando el contexto lo exige o cuando existen
nombres propios consolidados.
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en [Figura.
El vector] para la descripción de la imagen.
Los vectores pueden descomponerse conceptualmente en su módulo
y en un ángulo definido dentro de un sistema de coordenadas polares,
lo que permite describir completamente su orientación en el espacio. Esta
descomposición resulta especialmente útil para el análisis geométrico y para la
resolución de problemas físicos, ya que separa la cantidad de la información
direccional sin perder rigor matemático ni significado físico.
No se empleará una representación equivalente mediante factor
marcado, ya que, a diferencia de lo que ocurre en química, dicha forma no
tiene un análogo operativo en el tratamiento vectorial. La física no depende
del lenguaje de factor marcado para describir magnitudes con dirección, sino
que se apoya exclusivamente en el álgebra simbólica, que permite una
manipulación directa, compacta y coherente de los vectores y de sus
componentes. Esta elección refuerza la claridad conceptual y evita introducir
notaciones innecesarias que no aportan ventajas reales al análisis físico.
Operadores asociados a los parámetros físicos
Los operadores de los parámetros físicos representan
las operaciones básicas que pueden realizarse entre magnitudes; sin
embargo, en muchos casos estas operaciones se formulan de manera indeterminada
o generalizada con el fin de compactar el lenguaje algebraico y
facilitar su manipulación. Esta abstracción permite expresar relaciones físicas
sin necesidad de detallar cada operación particular, manteniendo la generalidad
y el rigor del tratamiento matemático.
En este curso se trabajará con un conjunto limitado pero
fundamental de operadores. Se utilizará la sumatoria para representar la
adición reiterada de términos, la multiplicatoria para expresar
productos sucesivos, la diferencia binaria para indicar la resta entre
dos cantidades definidas, y el ratio o división binaria para describir
relaciones de proporcionalidad entre magnitudes. Cada uno de estos operadores
cumple una función específica en la construcción de modelos físicos y químicos,
y su uso sistemático permite simplificar expresiones complejas sin perder
información relevante.
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en [Figura. Notación sumatoria] para la
descripción de la imagen.
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Notación multiplicatoria] para la descripción de la imagen.
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en [Figura.
Notación diferencia] para la descripción de la imagen.
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en [Figura.
Notación ratio o proporción] para la descripción de la imagen.
El empleo de operadores generalizados no elimina el
significado físico de las operaciones, sino que lo condensa en una forma
simbólica más eficiente. De este modo, el álgebra se convierte en una
herramienta que no solo calcula, sino que también organiza y comunica
relaciones entre parámetros físicos de manera clara, coherente y operativamente
manejable.
Otros símbolos especiales
Además de los símbolos empleados para módulos, escalares
con sentido y vectores, y de los operadores generales básicos
—sumatoria, multiplicatoria, diferencia y ratio—, en este curso se utilizará un
conjunto de símbolos especiales asociados que, de hecho, ya han
aparecido implícitamente en las definiciones anteriores. Estos símbolos no
representan nuevas magnitudes ni operaciones, sino que cumplen la función de precisar
significado, evitar ambigüedades y compactar el lenguaje
algebraico sin perder información física o química relevante.
Subíndices o paréntesis
Los subíndices
o paréntesis de identidad se utilizan para identificar con precisión el objeto,
sistema o componente al que pertenece una magnitud medida. Estas marcas
permiten distinguir entre cantidades físicamente semejantes pero asociadas a
identidades diferentes, como individuos, especies químicas, fases o
compartimentos. Para identidades generales se emplean letras como i, j,
k, que representan elementos arbitrarios de un conjunto. Cuando se trata
de una identidad total, esta puede omitirse y dejar el símbolo sin
marca, o bien indicarse explícitamente mediante un código como tot,
según lo requiera la claridad del contexto.
La identidad no altera el valor numérico del parámetro, pero
sí condiciona su interpretación física o química. Por esta razón, su
correcta indicación resulta esencial cuando se comparan, suman o relacionan
magnitudes provenientes de sustancias distintas. El uso de subíndices o
paréntesis evita ambigüedades sin necesidad de introducir nuevos símbolos,
manteniendo la economía y coherencia del lenguaje algebraico. Esta estrategia
permite construir expresiones generales que siguen siendo legibles aun cuando
intervienen múltiples identidades simultáneamente.
En física, las marcas de identidad suelen ser menos
relevantes, ya que muchas expresiones se formulan para sistemas idealizados o
genéricos, y las relaciones algebraicas se presentan en formas despejadas y
elegantes que prescinden de referencias explícitas al objeto. En cambio, en química
la identidad es fundamental para la mayoría de los parámetros medidos,
pues las magnitudes dependen directamente de la especie química, del reactivo,
del producto o de la fase considerada. En este contexto, omitir la identidad
puede conducir a interpretaciones incorrectas. Por ello, el uso sistemático de
subíndices y paréntesis de identidad constituye una herramienta central para
garantizar rigor conceptual y claridad en la descripción de procesos químicos.
Los subíndices no solo almacenan la identidad
o las marcas de estado temporal; como se verá en la sección siguiente,
también pueden contener información adicional relevante para la
interpretación de una medición. Entre estos datos se incluyen los parámetros
de las condiciones experimentales bajo las cuales se realiza la medida,
como la temperatura, la presión o la presencia de radiación
ultravioleta, entre otros.
Esto es especialmente importante porque numerosas propiedades
fisicoquímicas solo pueden medirse o compararse de manera significativa
cuando se evalúan bajo condiciones fijas, es decir, aquellas para las
cuales una teoría establece valores bien definidos. En química, muchas
magnitudes no son intrínsecas al sistema, sino que dependen de las condiciones
externas que deben mantenerse constantes para que el resultado tenga sentido
físico.
Por esta razón, en la práctica química es común definir
teóricamente las condiciones fijas antes de realizar el análisis, de modo
que no sea necesario sobrecargar la notación con múltiples subíndices o
paréntesis explicativos. Esta estrategia permite conservar la claridad y la
economía del lenguaje simbólico, al tiempo que se garantiza que las magnitudes
representadas se interpretan siempre dentro del marco experimental adecuado.
Índices de estado temporal
El tiempo es un concepto complejo de definir, pero para
efectos operativos puede distinguirse en dos formas principales: tiempo
continuo y tiempo discreto o de estado. Un estado continuo
corresponde a situaciones en las que una magnitud puede conocerse para todo
instante, como ocurre cuando se mide la evolución de un sistema de manera
permanente. En estos casos, además de la identidad del objeto o sistema, el
parámetro incorpora una marca temporal que indica el instante de
medición y que se sustituye por el valor concreto del tiempo asociado a cada
observación.
Cuando la medición no es continua, sino que se realiza en dos
puntos discretos, no se utiliza la marca temporal continua, sino marcas
de estado. En este esquema, el estado inicial se identifica mediante
un subíndice cero, mientras que el estado final se representa sin marca
adicional. Este tratamiento corresponde a un estado discreto, típico de
las llamadas variables de estado, en las que solo interesan las
condiciones iniciales y finales del sistema, y no su evolución intermedia.
En el caso particular en que el estado inicial no provenga
de una medición experimental directa, sino de una fuente tabulada o
estandarizada, la marca cero deja de representarse como subíndice y pasa a
utilizarse como superíndice. Con ello se indica que el valor corresponde
a una condición de referencia y no a un estado medido del sistema. En
esta situación, el módulo adquiere el calificativo de estándar, como en
\(P^o\) para la presión estándar de [Tabla
de presiones de vapor para el agua], lo que permite distinguir con claridad
entre valores experimentales y valores de referencia dentro del lenguaje
simbólico.
Diferencial
Un diferencial surge como una evolución de la notación
diferencia, llevada al límite de lo infinitamente pequeño. Para ilustrarlo,
consideremos un corredor que se desplaza por un carril, no observado
directamente, sino a través de una grabación en la que es posible manipular el
tiempo de visualización. La rapidez de su desplazamiento puede describirse
inicialmente como la diferencia de posición dividida entre la diferencia de
tiempo. Sin embargo, a medida que se reduce el intervalo temporal de
observación, el movimiento del corredor parece cada vez más lento, hasta el punto
en que, al congelar la imagen, su posición aparenta no cambiar.
Sabemos, no obstante, que el corredor nunca se detuvo en la
realidad y que, incluso en ese instante congelado, poseía una rapidez bien
definida. Esta rapidez recibe el nombre de rapidez instantánea y se
obtiene al considerar la diferencia más pequeña posible de posición dividida
entre la diferencia más pequeña posible de tiempo. En este contexto, el cambio
ya no se interpreta como una variación entre dos estados separados, sino como
una descripción local del comportamiento del sistema en un instante preciso.
La diferencia más pequeña posible recibe el nombre de diferencial,
y su símbolo evoluciona del delta mayúsculo \(\Delta\), utilizado para
diferencias finitas, al delta minúsculo \(\delta\), que indica cambios
infinitesimales. El tratamiento formal de estas cantidades no se realiza
mediante álgebra elemental, sino a través de un conjunto de reglas y
procedimientos específicos. El estudio sistemático de estas operaciones
constituye el núcleo del cálculo diferencial, disciplina que se aborda
de manera rigurosa en los cursos de matemáticas y que proporciona las
herramientas necesarias para analizar procesos continuos con precisión.
La mayoría de los fenómenos químicos iniciales se
estudian en un marco de tiempo discreto, discontinuo y finito, por lo
que no será necesario, en esta etapa, conocer ni aplicar técnicas
diferenciales. En estos casos, el análisis se centra en estados bien
definidos y en cambios medidos entre condiciones iniciales y finales, lo que
resulta suficiente para describir adecuadamente los procesos involucrados.
No obstante, es importante reconocer que este enfoque tiene
un alcance limitado. A medida que se avanza en el estudio de la química, y en
particular al abordar el capítulo de cinética química, será
imprescindible introducir y comprender los conceptos fundamentales del
cálculo diferencial, ya que la velocidad de reacción y la evolución
temporal de los sistemas químicos requieren una descripción continua del tiempo
y de los cambios asociados.
Análisis dimensional
El análisis dimensional constituye la constatación
del axioma de igualdad matemática, según el cual, si \( a = b \) y tanto
\( a \) como \( b \) están definidos por dirección, sentido, valor, unidad e
identidad, entonces cada uno de estos componentes debe ser necesariamente igual
en ambos miembros. Con independencia de la técnica empleada —ya sea álgebra
simbólica o factor marcado—, la conservación dimensional es
imprescindible para que una igualdad tenga sentido físico. No obstante, existen
diferencias importantes entre ambos enfoques.
En el álgebra simbólica, resulta fundamental
reconocer que cada parámetro físico solo admite un conjunto específico de unidades
propias, definidas por el sistema de medición utilizado. Por ejemplo, la
masa puede expresarse en kilogramos dentro del Sistema Internacional o en
libras avoirdupois en el sistema imperial, así como en sus múltiplos y
submúltiplos correspondientes, pero no puede expresarse en unidades asociadas a
parámetros distintos. Una masa no puede medirse en litros. El análisis
dimensional debe, por tanto, verificar que la variable dependiente se
exprese en las unidades correctas, lo cual se comprueba mediante cancelaciones
algebraicas simples.
En el factor marcado, el proceso resulta más directo,
ya que al no emplearse símbolos paramétricos, la igualdad dimensional se hace
evidente de manera inmediata. Sin embargo, este enfoque presenta limitaciones
importantes: la presencia explícita de la identidad dificulta la
escritura de ratios o proporciones, y genera bloqueos en operaciones
como las sumas, aspecto que se analizará en secciones posteriores. Por
ahora, es fundamental retener que la igualdad en los sistemas físicos no
involucra únicamente el valor absoluto, sino todos los componentes de una
medición, los cuales deben ser coherentes para que la expresión sea
físicamente válida.
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