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martes, 10 de febrero de 2026

Proceso digestivo en esponjas

 [Enlace al índice]

Los animales son un gran grupo de seres vivos caracterizados por poseer células eucariotas que carecen de cloroplastos. Esta característica implica que, al igual que los hongos, no pueden producir su propio alimento mediante fotosíntesis y, por lo tanto, son heterótrofos. Sin embargo, los animales están aún más limitados metabólicamente que los hongos: disponen de menos rutas metabólicas y dependen casi por completo de compuestos orgánicos ya elaborados por otros seres vivos. Por esta razón, todos los animales son bio-heterótrofos, es decir, obtienen tanto la materia como la energía a partir de otros organismos. Incluso existen sustancias orgánicas ricas en energía que, para muchos animales, resultan inaccesibles.

Un ejemplo clásico es la celulosa, un polisacárido vegetal formado por largas cadenas de carbohidratos y, en teoría, una enorme fuente de energía. No obstante, la mayoría de los animales carece de las enzimas necesarias para romperla. Para superar esta limitación, muchos han desarrollado relaciones simbióticas con microorganismos, especialmente bacterias, que viven en su aparato digestivo o asociadas externamente. Estas bacterias sí pueden degradar la celulosa y otros compuestos complejos, permitiendo que el animal absorba los productos resultantes. Este tipo de simbiosis es fundamental en herbívoros como rumiantes, termitas y otros animales consumidores de plantas.

Otro rasgo que une a todos los animales es su multicelularidad, acompañada de una marcada especialización celular. A diferencia de muchos hongos, cuyos cuerpos están formados por hileras de células poco diferenciadas, los animales presentan tipos celulares con formas y funciones distintas, organizados en tejidos. Además, el cuerpo que se alimenta en los animales es diploide, es decir, posee dos juegos de genes, a diferencia del cuerpo haploide de los hongos. Esta condición aumenta la variabilidad genética y permite fenómenos como la compensación de dosis, lo que aporta flexibilidad evolutiva.

En cuanto a la nutrición, los animales muestran una diversidad mucho mayor de lo que sugiere la anatomía humana. No todos digieren de la misma manera ni utilizan cavidades internas complejas. De forma general, pueden distinguirse tres estrategias de procesamiento de nutrientes: captura por filtración, ingestión y digestión externa. A su vez, los animales con digestión externa pueden ser cazadores, que emplean venenos o enzimas para predigerir a sus presas, o parásitos, que absorben nutrientes directamente a través de su superficie corporal. Algunos parásitos liberan enzimas para degradar los tejidos del hospedero, mientras que otros simplemente absorben nutrientes ya digeridos en su entorno.

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Enlace a la [Figura: Sistema acuífero de las esponjas]

http://2.bp.blogspot.com/-dHWYBNG1wQk/UcmuJkGh5RI/AAAAAAAAWB4/GYvN6f4a9Ig/s640/Digesti%C3%B3n+en+algunos+invertebrados+3.jpg

Enlace a [Figura: Coanocitos]

Las esponjas representan el grupo de animales más simple conocido. Son tan simples que existe evidencia de que estructuras semejantes han evolucionado más de una vez, lo que las convierte en un grupo polifilético, aunque por tradición se estudien juntas. Carecen de simetría corporal y no poseen tejidos verdaderos. Su cuerpo está formado por una capa externa llamada pinacodermo, que separa el medio externo del mesófilo, una región interna gelatinosa.

 El pinacodermo de las esponjas está perforado por numerosos óstiolos o poros inhalantes que permiten la entrada del agua al interior del cuerpo. Este sistema de circulación, conocido como sistema acuífero, constituye el eje funcional del organismo y está formado por una red de canales, cámaras y aberturas que conducen el agua desde el exterior hasta el ósculo, por donde finalmente es expulsada. El movimiento del agua no depende de músculos ni de un sistema circulatorio, sino de la acción coordinada de células especializadas, lo que convierte a este sistema en una solución extremadamente eficiente desde el punto de vista energético.

Las superficies internas del sistema acuífero no son homogéneas. En los asconoides, la forma más simple, el agua fluye directamente desde el espongiocelo, que está tapizado por coanocitos. En los siconoides, la pared corporal se pliega formando canales radiales revestidos por coanocitos, mientras que el espongiocelo carece de ellos. En los leuconoides, la organización más compleja y común, los coanocitos se concentran en cámaras flageladas independientes, conectadas por una intrincada red de canales inhalantes y exhalantes. En este último caso, gran parte de la superficie interna no posee coanocitos y está formada por pinacocitos, células de revestimiento que regulan el flujo del agua.

La parte a muestra un corte transversal de una esponja, que tiene forma de jarrón. La abertura central se llama espongocele. El cuerpo está lleno de una sustancia gelatinosa llamada mesohilo. Los poros dentro del cuerpo, llamados ostia, permiten que el agua entre en el espongocele. El agua sale a través de una abertura superior llamada ósculo. La parte b muestra una vista ampliada del cuerpo de la esponja. La superficie exterior está cubierta por células llamadas pinacocitos, que forman la piel. Los pinacocitos consumen partículas grandes de alimento por fagocitosis. La superficie interior está revestida por células llamadas coanocitos, que tienen flagelos que mueven el agua a través del cuerpo. El mesohilo está intercalado entre las superficies exterior e interior. Existen varios tipos de células dentro de esta capa. Estos incluyen lofocitos secretores de colágeno, amebocitos, que realizan una variedad de funciones, y ovocitos. Los esclerocitos dentro de esta capa producen espículas de sílice que se extienden fuera del cuerpo de la esponja. Los porocitos, células huecas en forma de tubo que se extienden a lo largo del cuerpo de la esponja, regulan el movimiento del agua a través de los ostia.

Enlace a la [Figura: Anatomía de las esponjas]

Los coanocitos son células flageladas con un collar de microvellosidades que rodea al flagelo central. El batido del flagelo genera corrientes de agua continuas, asegurando la respiración y el transporte de partículas alimenticias. Las presas —principalmente bacterias, microalgas y detritos orgánicos— quedan atrapadas en el collar y son incorporadas por fagocitosis, formando vacuolas digestivas donde ocurre una digestión intracelular. No existe digestión externa verdadera: los nutrientes son posteriormente transferidos a otras células del mesófilo, como los amebocitos, que los redistribuyen por el cuerpo.

El cuerpo de la esponja está reforzado por elementos estructurales rígidos, como espículas de sílice o carbonato de calcio y fibras de espongina, que mantienen abiertos los canales y evitan el colapso del sistema acuífero. A pesar de su aparente simplicidad, este sistema también enfrenta desafíos: algunas bacterias patógenas han desarrollado mecanismos para evitar la digestión, como resistir el ambiente lisosomal o vivir como simbiontes intracelulares, aprovechando el flujo constante de nutrientes. En conjunto, esta organización refleja una de las estrategias más antiguas, simples y eficaces de nutrición animal, base sobre la cual se construirían sistemas digestivos más complejos en la evolución.

Referencias

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Margulis, L., & Chapman, M. J. (1998). Kingdoms and domains: An illustrated guide to the phyla of life on Earth. Academic Press.

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