La figura muestra la organización corporal básica de los cnidarios, destacando claramente sus capas tisulares. En amarillo se identifica el gastrodermo, una capa interna que tapiza la cavidad gastrovascular y cumple funciones esenciales de digestión y absorción de nutrientes. En azul oscuro se representa el epidermo, la capa externa encargada de la protección, la interacción con el medio y la percepción de estímulos. Entre ambas capas se encuentra la mesoglea, mostrada en azul claro, una matriz gelatinosa que actúa como soporte estructural y confiere elasticidad al cuerpo, especialmente importante en las formas móviles.
Los cnidarios presentan una simetría radial y un
cuerpo organizado alrededor de una única abertura que funciona como boca
y ano, conectada a la cavidad gastrovascular. Esta estructura permite tanto
la ingestión de alimento como la expulsión de desechos. Los tentáculos,
visibles en ambas formas, rodean la abertura y contienen cnidocitos,
células especializadas para la captura de presas y la defensa. La
simplicidad de esta organización tisular contrasta con su alta eficiencia
funcional, ya que integra digestión, distribución de nutrientes y
respiración por difusión directa a través de las capas celulares.
El esquema también ilustra la alternancia de modos de
vida característica de los cnidarios. El pólipo, anclado a un sustrato,
presenta un cuerpo cilíndrico con la boca orientada hacia arriba, adaptado a
una vida sésil y, en muchos casos, a la reproducción asexual. La medusa,
en cambio, es una forma libre y móvil, con cuerpo en forma de campana y
tentáculos colgantes, especializada en la dispersión y la reproducción
sexual. Esta alternancia refleja una estrategia evolutiva que combina estabilidad
y movilidad, permitiendo a los cnidarios colonizar diversos ambientes
acuáticos y mantener ciclos de vida exitosos a lo largo del tiempo.
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