La figura muestra el cráneo interno de un placodermo,
similar al de Bothriolepis, un pez acorazado del Devónico medio de unos
quince centímetros. Observamos una vista lateral del condrocráneo y
esplancnocráneo, es decir, las estructuras cartilaginosas que sostenían el
encéfalo y la región branquial. Se distinguen la cavidad orbital, la abertura
pineal dorsal y la cápsula nasal anterior. En la región mandibular aparecen
el palatocuadrado y el cartílago de Meckel, elementos fundamentales en
la articulación de la mandíbula primitiva. Detrás de ellos se identifica la hiomandíbula,
estructura clave en el soporte del aparato mandibular. Los arcos branquiales
posteriores completan el marco visceral, mostrando una organización segmentada
y funcional.
Es importante considerar que esta imagen representa el cráneo
más interno y básico, idealizado para resaltar su arquitectura
cartilaginosa. Al igual que en peces sin mandíbula más primitivos, existía un segundo
cráneo externo dérmico originado en la piel, formado por placas óseas
protectoras. Desde etapas tempranas, ambos sistemas interactuaron, fusionándose
y reorganizándose para proporcionar mayor rigidez y protección. El cráneo
dérmico no reemplazó al interno, sino que lo reforzó y apoyó
estructuralmente, integrándose funcionalmente. Por ello, lo que aquí
observamos corresponde a la base anatómica profunda sobre la cual se construyó
el complejo sistema craneal de los vertebrados mandibulados tempranos.
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