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sábado, 21 de febrero de 2026

Figura. Mandíbulas primitivas

 
La figura muestra el cráneo interno de un placodermo, similar al de Bothriolepis, un pez acorazado del Devónico medio de unos quince centímetros. Observamos una vista lateral del condrocráneo y esplancnocráneo, es decir, las estructuras cartilaginosas que sostenían el encéfalo y la región branquial. Se distinguen la cavidad orbital, la abertura pineal dorsal y la cápsula nasal anterior. En la región mandibular aparecen el palatocuadrado y el cartílago de Meckel, elementos fundamentales en la articulación de la mandíbula primitiva. Detrás de ellos se identifica la hiomandíbula, estructura clave en el soporte del aparato mandibular. Los arcos branquiales posteriores completan el marco visceral, mostrando una organización segmentada y funcional.

Es importante considerar que esta imagen representa el cráneo más interno y básico, idealizado para resaltar su arquitectura cartilaginosa. Al igual que en peces sin mandíbula más primitivos, existía un segundo cráneo externo dérmico originado en la piel, formado por placas óseas protectoras. Desde etapas tempranas, ambos sistemas interactuaron, fusionándose y reorganizándose para proporcionar mayor rigidez y protección. El cráneo dérmico no reemplazó al interno, sino que lo reforzó y apoyó estructuralmente, integrándose funcionalmente. Por ello, lo que aquí observamos corresponde a la base anatómica profunda sobre la cual se construyó el complejo sistema craneal de los vertebrados mandibulados tempranos.

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